Trabajó con De Niro, el padrinazgo de Francella y su papel en ATAV: Gastón Cocchiarale, el actor que ya juega en primera
En diálogo con MDZ, Gastón Cocchiarale repasó sus inicios, habló del impacto de El Clan, su vínculo con Guillermo Francella y la inminente apertura de su propio teatro en Almagro.
Gastón Cocchiarale está por abrir su propio teatro, el Teatro Almagna, ubicado en la calle Guardia Vieja 3783 del barrio porteño de Almagro.
Marlene Rolando/MDZLos sueños se pueden cumplir si uno lo proyecta, trabaja incansablemente para ello y, también, toca la puerta indicada. Gastón Cocchiarale, es prueba de ello. Desde chico, se nutrió de telenovelas y películas pochocleras nacionales e internacionales, desde el sillón de su casa en la localidad bonaerense de Ramos Mejía. Sabía que el camino podía ser difícil, sin contactos ni la economía necesaria para dedicarse de lleno a la actuación. Pero, con pura convicción, empezó a estudiar teatro, a tocar puertas y a laburar para poder costearse la vida en Capital.
Después de años de trabajar en publicidades, en paralelo a otros oficios -como mozo, entre otros-, a sus 21 años, llegó el papel que le cambiaría la vida. Consiguió una prueba de casting para El Clan (2015), la exitosa película dirigida por Pablo Trapero, protagonizada por Guillermo Francella y Peter Lanzani. Sus ídolos encabezaban el proyecto, por lo que se preparó para interpretar al personaje de Maguila Puccio, el hermano mayor del Clan Puccio. Consiguió el papel y, desde entonces, inició un vínculo de amistad y de admiración mutuo con Francella, quien supo ser una especie de guía para Gastón cuando las luces de la gloria se apagaron -por poco tiempo-.
-
Te puede interesar
Media Maratón de la Ciudad de Mendoza: estos fueron los ganadores
Ese papel, y una posterior charla de café con Francella, le abrirían las puertas a Cocchiarale al mundo de la actuación. Luego, interpretaría a Miguel en El Encargado, a Lowenstein en Argentina, tierra de amor y venganza, y llegaría a compartir elenco con Luis Brandoni y el mismísimo Robert De Niro en la serie Nada. ¡Una locura!
Pero eso no es todo. Su faceta autogestiva lo acompañó en todo momento, así como su trabajo sobre las tablas. Actualmente, el actor de 33 años se encuentra presentando Empieza con D, siete letras, la obra de Juan José Campanella, protagonizada por Eduardo Blanco y Victoria Almeida. Asimismo, está por abrir su propio teatro, el Almagna, en el barrio porteño de Almagro.
Mirá la entrevista completa a Gastón Cocchiarale
- ¿Cuándo sentiste el deseo de dedicarte a la actuación?
- Ese impulso, esa pulsión del oficio apareció a muy temprana edad. Yo tenía creo que 4 o 5 años cuando me preguntaban qué quería hacer cuando fuera grande y yo decía actor, pero porque consumía mucho cine.
Y, cuando me enteré que había gente a la que se le pagaba por hacer eso, dije: "Esto es espectacular, lo quiero hacer yo". Entonces fue lo primero que imaginé para mi vida. No había imaginado ni ser médico, ni contador, ni abogado, ni todas esas carreras más típicas, sino más bien actuar. Siempre lo sostuve. Y ahí arrancó, en esa infancia.
- ¿Desde chiquito arrancaste con talleres de teatro? Cuando les dijiste a tus viejos "quiero hacer esto", ¿te acompañaron?
- De chiquito empecé; hice unos talleres de teatro infantil. Después, hubo algo que me ocurrió en la adolescencia. Me empecé a sentir un poco introvertido; por esta cuestión de adolecer, de que te cambia el cuerpo, de los vínculos y la sexualidad, me volví un pibe más introvertido. Por ende, todo lo que era actuar, que es una enorme exposición, había quedado un poco relegado para mí.
En un momento, yo me enamoré mucho de una chica que me propuso estudiar teatro con ella, y yo me tiré de palomita, sin ser muy consciente de lo que estaba haciendo en realidad. Yo tenía un pudor enorme, o sea, era un pibe que levantaba la mano en la clase para hacer una pregunta y se ponía bordó y, de repente, tenía que estar en un escenario frente a un público mirándome, hablando en voz alta. Todas esas cosas, para un tímido, son feroces.
Lo hice por amor, pero, evidentemente, mi inconsciente, de alguna manera, me lo estaba pidiendo; y fui. Me acuerdo que en las primeras clases la pasé muy mal, pero, cuando terminaba la clase, decía: "Qué bueno que estuvo”. Como que me volvió esa pulsión de la infancia de actuar. Era como una montaña rusa, que te subís con miedo, gritás, llorás y, cuando bajás, decís: "Che, quiero de vuelta". Una cosa muy adrenalínica, muy potente para mí.
Empecé a estudiar ahí y, de pronto, continué y continué. Y llegó el momento de decidir qué hacer para el resto de mi vida; ese sistema perverso que hemos armado para los adolescentes. Y bueno, yo dije que quería ser actor y, al principio, costó. Vengo de una familia laburante de clase media para quienes querer ser actor era lo mismo que querer ser astronauta, o sea, una locura, un delirio. Por suerte sostuve mis ideales y mis sueños.
- Pero, al ir viendo todos tus logros, ¿en un momento cambió esa visión por parte de tus padres?
- Sí, sí. Mi vieja me apoyó siempre; siempre confió en mí. En el caso de mi viejo, quizás, venía por el miedo de “¿de qué vas a vivir?, ¿cómo vas a sostenerte?, ¿cómo vas a tener continuidad?”, sabiendo lo que todo el mundo sabe que es que vivir del arte es muy dificultoso. Entonces, él me pedía todo el tiempo que estudiara algo paralelo. Yo le decía que no estaba de acuerdo con esa mirada porque estudiar algo paralelo me iba a quitar tiempo para hacer lo que yo quería, para formarme más, para tener más energía.
Al mismo tiempo, yo laburaba. Nunca fui el actor hippie que le dice a los padres que quiere ser actor, pero vive de ellos. O sea, siempre laburé de otra cosa. Fui mozo, laburé en una librería, en una boletería de un teatro, en una fiambrería. O sea, nunca me recosté en decir: "Bueno, me mantengo con mis viejos y yo, cuando pueda, seré actor".
Yo venía filmando algunas publicidades de a poquito, algo del orden del mundo laboral se me iba abriendo dentro de los mundos del actor, pero mi viejo seguía con el tema (de la carrera paralela). Entonces, El Clan para mí fue muy importante porque, primero, fue lo que le dio inicio a mi carrera y, segundo, era como arrancar jugando la primera de Boca. Era, de la nada, pasar de filmar un par de publicidades a protagonizar una peli con Francella dirigida por Pablo Trapero de un caso tan emblemático como el caso del clan Puccio.
Cuando quedé en El Clan mi viejo se emocionó muchísimo; no lo podía creer. Creo que ahí fue el momento en el que él dijo: "Bueno, no sé si le va a ir bien o mal, pero que le pone, le pone. Mirá adónde llegó". Entonces, algo de eso creo que le desarticuló esa cuestión de hacerlo con otra cosa en paralelo.
- ¿Y cómo se te dio la oportunidad de actuar en El Clan? ¿Vos empezaste a presentarte a los castings o te recomendaron?
- Esos castings son de un acceso muy difícil para los actores, justamente porque el nexo entre las grandes producciones y los actores son pocas personas. Pero bueno, en ese momento, además de hacer mucho casting de publicidades y de hacer mucho teatro independiente, había empezado a buscarme algún representante, alguien que me pudiera ayudar a acceder a este tipo de castings.
Por suerte, me crucé en la vida a Tommy Pashkus, que es mi representante desde los 18 o 19 años. Él me empezó a dar acceso a algunos castings de ficción, de tiras -cuando en su momento había-, de películas. Por supuesto, en la gran mayoría no quedaba, pero, por lo menos, iban surgiendo posibilidades, empezaba a entrar en el radar de algunos directores de casting.
- ¿A qué edad fue eso?
- A los 21 o 22, creo. Me acababa de mudar solo a Capital. Yo soy de Ramos Mejía. Tenía la necesidad también de laburar, de generar ingresos y demás. Y, por suerte, me llegó el casting. Yo ya me había enterado de la película porque había una noticia dando vueltas y dije: "Che, quiero acceder a este a este casting como sea". Y bueno, Tommy la peleó mucho hasta que se dio. Fui e hice el casting junto a Peter Lanzani, con Trapero. Hicimos varias pruebas. Creo que fueron dos o tres etapas de casting y, finalmente, me eligieron.
Cómo se preparó Cocchiarale para su rol en El Clan
- Sabiendo que era un personaje tan controversial, que venía de una familia criminal. ¿Cómo fue tu preparación para encarar ese casting?
- Me cayó en un momento ideal. Yo trato de humanizar siempre a los personajes. Para mí no existe la gente mala, sino que hay gente que no sabe cómo relacionarse; hay gente que, en pos de hacer algo bueno, la caga; hay gente que a veces le gana el ego; le gana la soberbia. Pero siento que la maldad es algo que ocurre como consecuencia y no es algo innato en el ser humano. Entonces traté de pensar: “¿Por qué este pibe secuestra gente? ¿Por qué secuestra a conocidos de su club de rugby? Después, investigando y averiguando.
Me tomé el casting con mucha seriedad. Para mí era el casting de mi vida. En ese momento creo que estaba haciendo teatro independiente. Entonces, el fin de semana solo salí para hacer funciones y el resto del día me la pasaba en casa investigando, averiguando, probando la escena que me habían dado para hacer el casting. El casting era el lunes. Entonces, pasé todo el fin de semana enfermo, desquiciado, averiguando todo.
Traté de entender al personaje y me vino como anillo al dedo porque, en ese momento, yo necesitaba la aprobación de mi papá como actor, que fue lo que terminó ocurriendo cuando quedé en la película. Yo pensaba ¿hasta qué somos capaces los hijos para ser aprobados por un padre? Además, ¿qué tipo de padre es el que tenemos? Que eso nos modifica mucho como humanos. Y, bueno, si este pibe creció con Arquímedes Puccio, con la densidad que tenía y cómo los manipulaba, capaz que él secuestraba porque quería ser aprobado por el padre.
Encima era al que peor le iba en el rugby, porque el otro había sido Puma. Entonces había algo ahí que me sirvió a mí para conectar, para empatizar. Y lo encaré desde su lado más humano, más cercano. Después, el tipo sí tiene maldad, estamos todos de acuerdo, pero para mi acercamiento como actor me es muy importante poder encontrar lo humano en el personaje.
- ¿Cómo fue la experiencia de trabajar por primera vez con Guillermo Francella?
- Guillermo ya era un ídolo para mí. De hecho, gran parte del deseo de ser actor tiene que ver con verlo en sus películas, en la tele. Me hacía reír muchísimo la comedia que él hacía. Soy un pibe criado con Los bañeros más locos del mundo, con L os extermineitors. Para mí era un referente, obviamente, y fue quien me impulsó a que yo quisiera hacer este oficio. Yo quiero hacer reír a alguien así o hacerla pasar bien a alguien así.
Finalmente, cuando ocurrió el encuentro con Francella en el rodaje de la película fue muy lindo. Desde el primer momento me sentí muy a gusto y tuvimos un ida y vuelta muy lindo, y actuando nos llevamos muy bien. Me acuerdo que, el primer día, Pablo Trapero hizo un desayuno para que nos conociéramos Peter, Francella y yo, porque quería hacer unas pruebas de cámara. Entonces, de pronto estaba improvisando con Francella y yo no lo podía creer. Pensaba: "Dios mío, qué increíble".
- ¡Cambió tu vida!
- Sí, totalmente. Para mí esa película fue un antes y un después en todo sentido. Y trabajar con él fue extraordinario porque absorbí un montón de cosas de cómo él ejecuta el oficio. Encima lo conocí haciendo justamente lo contrario por lo cual yo lo admiraba, que era la comedia. De pronto, hacía un personaje super siniestro y oscuro. Entonces, fue muy interesante acompañarlo en ese proceso y que él me acompañara a mí en una primera película y poder ejecutar el oficio por primera vez.
- ¿Guillermo te dio algún consejo para actuar? ¿Algo que recuerdes que te dijo para encarar ese personaje?
- Sí, miles. Terminaba la escena y al primero que yo le preguntaba cómo lo había visto era a él, no al director. Le preguntaba qué pensaba para mejorar, qué opinaba. Después, obviamente, lo escuchaba al director, a Trapero, que es un director de la hostia, pero yo buscaba la aprobación de Guillermo primero.
Hemos tenido miles de charlas de actuación, no solo en el sentido de actuar, sino del oficio, de los castings, de la vida del actor. A partir de El clan generamos un pequeño vínculo muy lindo de, de vez en cuando, ir a tomar café y hablar.
A mí me pasó que, después de El Clan, yo creí que me comía el mundo, porque me hicieron creer eso con ese discurso medio estúpido de que llegás. Y la verdad es que no llegás a ningún lado. Todo el tiempo estás llegando y volviendo. Yo me había comido ese discurso y, cuando terminó la película, no me llamó ni el loro. Estuve un año sin trabajar y me quería morir. Imaginate el nivel de angustia de pasar de estar filmando y cumpliendo un sueño enorme a estar en mi casa mirando el techo, esperando que alguien me llame, esperando que algo ocurriera.
En ese momento, Guillermo fue muy importante para mí. Me acuerdo de haberlo llamado un día muy angustiado, preguntándole si podía hablar un ratito conmigo, que le quería contar cómo me sentía con todo esto, a ver qué me podía aconsejar. Y él fue muy amable y me citó en un bar de Palermo a tomar un café. Yo pensé que me iba a dar 15 o 20 minutos y me iba a decir: "Mirá, pibe, acostumbrate, esto es así, no jodas". Pero me encontré con una charla super amorosa de 3 horas, donde me contó cuáles eran los pormenores de la vida del actor; que no todo era el éxito; que todo el tiempo había que levantarse y pelearla; que iba a haber 1000 castings en los que no iba a quedar.
Fue muy importante para mí esa charla porque me resignificó cierto grado de ansiedad que yo tenía de que mi trabajo ocurriera, de que me fuera bien. Y entender eso fue clave porque me hizo transitar el oficio con otra tranquilidad y no estar permanentemente angustiado, pasándola mal, que es lo que le pasa a la mayoría de los actores.
- ¿Qué hiciste a partir de ese consejo?
- Mucho casting. Pero cuando el “no” venía, ya no era lo mismo. Siempre me golpeaba, más cuando, encima, vos sabés que el trabajo del actor no brota por la baldosa. Pero, de pronto, aprendí a digerir los “no” de una mejor manera gracias a eso. Obviamente, acompañado de terapia.
Me ayudó mucho la autogestión, también. Yo soy un chabón que se autogestiona mucho, que hace sus proyectos, que da clase. Entonces, eso también me acompañó muy bien, porque no es lo mismo cuando no tenés laburo estar en tu casa al pedo, mirando el techo, que estar por lo menos haciendo cosas que están relacionadas a tu oficio.
- Después de El Clan, ¿cuál fue el papel más importante?
- Yo considero que fue Argentina, tierra de amor y venganza (ATAV).
Mirá a Gastón Cocchiarale en ATAV
- ¿Y ahí sentiste el conocido salto a la fama?
- Ahí empezó a pasar algo que la gente ya me empezó a parar por la calle, a saber un poco mi nombre, a reconocerme mucho más. ATAV fue para mí, objetivamente lo digo, una de las mejores tiras de los últimos años y, aparte, una de las últimas que verdaderamente hizo unos puntos de rating que ya no existen más. Fue, de hecho, antes de la pandemia, el 2019.
Era la primera tira que hacía, así que para mí era un universo muy desconocido. Yo venía de hacer más series y películas y, de pronto, era filmar de 7 de la mañana a 7 de la tarde, 20 escenas. Para mí fue un aprendizaje muy grande y era un flash porque era lo que yo consumía cuando era pibe. Yo me volvía del colegio, cenaba y miraba una novela de Polka. Y de pronto eso empezó a ocurrirme a mí, o sea, yo era uno de los actores que se metían en el living de toda la gente.
- Y después llegaron El Encargado y la serie Nada en la que compartís elenco con Robert De Niro. ¿Cómo fue esa experiencia?
- Fue todo una locura. Todo empezó primero porque accedí a El Encargado. Siete años después de filmar El Clan, tuvimos un vínculo con Guillermo. Un día, de la nada, me llama Gastón Duprat contándome del proyecto de El Encargado, una de las primeras series que se iban a filmar post pandemia. Él me dijo que quería que yo participara. Yo le respondí: “Bueno. ¿Cuándo es el casting?”, y me dijo: "No. No hay casting. Te estoy llamando directamente”. Esto para mí no era habitual. Para mí siempre había un casting en el medio. Así que le dije: "Pero, ¿cómo? ¿me viste trabajar?”. Y me dice: "Sí, pero además te recomendó Guillermo".
Para mí fue muy importante eso. Fue una reconfirmación de muchas cosas. Obviamente le agradecí enormemente y arrancamos El Encargado sin saber cómo le iba a ir a la serie, si la iba a ver la gente, si iba a gustar. Y explotó a tal punto que en un par de meses sale la cuarta temporada.
En medio de todo eso, Mariano Cohn y Gastón Duprat filman Nada. Cuando yo me enteré que iban a filmar con Luis Brandoni, actor que yo admiré toda mi vida y desde que soy estudiante de teatro he ido a ver todas las obras que él ha hecho, les dije: "Me encantaría actuar con Beto, aunque sea déjenme servirle un café en una escena, dos textos, no me importa. Quiero tener una escena con Beto”.
Ellos me dijeron: “Bueno, dale. Déjanos pensar a ver qué hay”. Y después me dieron mucho más de lo que yo imaginaba. O sea, primero me dieron un papel que tuvo dos o tres escenas largas con Beto, mano a mano con él, muy lindas, y después, encima, compartí una escena con Robert De Niro, quien yo no sabía que iba a estar. Me enteré mucho después porque salió una noticia que se había filtrado de que venía De Niro a filmar una serie con Brandoni. Ahí pensé: "No me digas que es la serie en la que estoy yo”.
Entonces, lo llamé a Cohn de una. "Escuchame, Mariano. ¿Esto es verdad? Me muero de un infarto", le pregunté y me dijo: "Sí, estamos terminando de cerrar el contrato, pero parece que viene De Niro a la Argentina". Automáticamente fui a los guiones a buscar si yo compartía escena o no con el personaje de Niro y efectivamente había una. No podía creerlo
El momento más emotivo de Gastón Cocchiarale actuando con Luis Brandoni y Robert De Niro
Y fue una escena muy linda, fue un día muy movilizante. Todos los actores nos criamos viendo películas de De Niro y de Al Pacino. Son los capos del teatro, de Hollywood. Entonces, de pronto era estar mirándolo a De Niro a 2 metros y actuando con él. En un momento él me miraba a mí y hacía un chiste de mi personaje y fue muy fuerte. Lo recuerdo a tal punto de que fue la primera vez en la historia de mi vida como actor que me ganó la emoción en medio de una escena.
En un momento me tuve que concentrar porque se estaba filmando a tres cámaras. Y recuerdo que el director en un momento grita: “Cámara uno con Brandoni; cámara dos con De Niro; cámara tres con Cocchiarale”. Yo escuché eso y dije: "No puedo creerlo. Gastón, por Dios, concentrate porque te están pagando por estar acá, trabajá. Después llorás en tu casa. Ahora ocupate de hacer bien tu trabajo". Pero lo recuerdo como un momento muy emotivo, muy fuerte.
- Antes o después de grabar la escena, ¿le dijiste algo a De Niro?
- Yo tengo una gran falencia que es que no hablo inglés o lo hablo, pero de forma muy cavernícola. Entonces, escribí previamente una cartita con tres oraciones en inglés que me las estudié y se las dije cuando llegué, cuando le estreché la mano y me presenté. No recuerdo ahora bien qué era, pero básicamente le decía que era un honor trabajar con él, recibirlo en la Argentina y que todos los actores argentinos admirábamos. Él fue muy amoroso, muy caballero, la verdad, un tipo divino.
Mirá el video de la escena de Gastón Cocchiarale con Robert De Niro
- En tus proyectos, de alguna forma, encarás principalmente personajes secundarios. ¿En algún momento te gustaría llegar a tener un protagónico o preferís rodearte de grandes en papeles tal vez secundarios? ¿Cuál es tu búsqueda en la actuación?
- Ojalá algún día este ocurra algo del orden del protagónico. A mí obviamente me encanta hacer lo que hago. Siento también que estoy en un proceso y un recorrido en el que voy aprendiendo y todavía no tengo apuro por ser protagonista. No se me juega nada del ego ahí. Para mí estar siendo segundo de Brandoni, de Francella, o de Eduardo Blanco en la obra Empieza con D, siete letras de Juan José Campanella, no me no me molesta; al contrario, es un honor para mí.
Algún día seré yo el protagonista y habrá alguien que venga a ser secundario mío y aprenderá de mí, y yo aprenderé de él como pasa ahora. Es un objetivo, pero no me desespera en absoluto porque sé que en algún momento, por consecuencia, va a llegar.
- Y estás por abrir un teatro propio. ¿Cómo es ese trabajo en medio de todo lo que venías haciendo?
- Sí, sí. Amo la autogestión. La autogestión me acompañó toda la vida. Yo tengo una escuela de teatro hace unos 6 o 7 años, tiene más de 250 alumnos; se llama Querer es crear. Y, por consecuencia propia, de ahí surgen proyectos, surgen obras, surgen series que filmamos con los alumnos y demás. Y surgió la necesidad de tener un espacio propio. Afortunadamente junto a un socio, Jorge García, pudimos adquirir una propiedad en Almagro, rearmarla y construirla en pos de hacer un teatro independiente para 100 localidades que se llama Almagna.
Almagna va a abrir sus puertas en el mes de abril, si todo va bien. Para mí es un espacio hermoso porque no solo voy a poder dar mis clases ahí, sino que además voy a poder ejecutar el teatro independiente que me gusta hacer en mi propia sala. Voy a poder ensayar hasta la hora que yo quiera, voy a poder quedarme tomando un vino y comiendo empanadas en la sala y charlando con el elenco. Así que estoy muy feliz por eso.
Empieza con D, siete letras, la obra de Juan José Campanella en el Politeama
"En paralelo, sigo haciendo teatro comercial, con Empieza con D, siete letras de Juan José Campanella, que también es un honor para mí trabajar con él, un privilegio enorme. También, comparto elenco con Eduardo Blanco, Victoria Almeida y Maru Zapata", contó Cocchiarale.
La obra se puede ver de miércoles a domingo en el Teatro Politeama (Paraná 353, CABA). Las entradas se pueden adquirir a través del sitio de Plateanet, así como en la boletería del teatro.