Sumergirse en un paisaje majestuoso: cómo cambia el camino hacia alta montaña
El temporal no solo cambió el paisaje de la cordillera. También transformó la experiencia de recorrer la ruta 7, revelando una montaña diferente.
Desde la Ciudad de Mendoza hasta Alta Montaña, el paisaje se modifica de manera gradual hasta desembocar en un escenario completamente cubierto de nieve.
Alf Ponce Mercado / MDZHay caminos que sirven únicamente para llegar a un destino y otros que terminan siendo parte de la experiencia. El recorrido desde la Ciudad de Mendoza hacia alta montaña pertenece a este último grupo. Durante el invierno, y especialmente después de un temporal como el que ha afectado a la provincia en este último tiempo, la Ruta Nacional N°7 deja de ser solo el corredor internacional hacia Chile para convertirse en un viaje donde el paisaje cambia a cada kilómetro.
No hace falta alcanzar la frontera para entender que la nieve transformó la cordillera. El cambio comienza mucho antes. A medida que la ruta gana altura, los colores se modifican lentamente y la montaña empieza a mostrar una cara completamente distinta a la que miles de mendocinos conocen durante el verano.
Quienes suelen utilizar este camino para cruzar a Chile en época estival están acostumbrados a ver cerros en tonos marrones, vegetación seca y un tránsito intenso de camiones. Sin embargo, después del temporal, el mismo recorrido invita a mirar hacia los costados y descubrir detalles que durante gran parte del año pasan inadvertidos.
Una transformación que se observa kilómetro a kilómetro
La nieve no aparece de golpe. Primero se observa únicamente en las cumbres más altas, que comienzan a dibujar una línea blanca sobre el horizonte. Más adelante, esas manchas aisladas empiezan a bajar por las laderas hasta acercarse a la ruta.
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Potrerillos todavía conserva su paisaje habitual. El dique aparece parcialmente cubierto por una densa capa de nubes y el blanco aún parece lejano. Unos kilómetros más adelante, pasando Pueblo del Río, la montaña empieza a cambiar lentamente y las primeras señales de la nevada se hacen visibles sobre el terreno.
Luego llegan las banquinas cubiertas de nieve, la calzada húmeda y un frío que se vuelve mucho más intenso apenas se desciende del vehículo. Es en ese momento cuando el recorrido deja de sentirse como un simple viaje por la ruta 7 y comienza la verdadera experiencia de ingresar a una cordillera completamente transformada.
La nieve revela una montaña que el verano esconde
Hay una sensación que se repite durante todo el recorrido. La nieve no solo cambia el color del paisaje; también modifica la manera en que se percibe la montaña.
Durante el verano, la uniformidad de los cerros hace que muchas quebradas, laderas y pliegues naturales se mezclen entre sí. En cambio, el blanco del invierno dibuja cada relieve con precisión. La montaña gana profundidad y aparecen formas que antes parecían ocultas, como si la cordillera mostrara una versión completamente diferente de sí misma.
El silencio también acompaña esa transformación. Con menos tránsito pesado y el paso internacional restringido, el recorrido adquiere otro ritmo. La contemplación reemplaza por momentos al movimiento constante que caracteriza a este corredor durante gran parte del año.
Cuando la naturaleza pasa a ser la protagonista
A medida que la nieve domina el paisaje también cambia la presencia de la fauna. Los guanacos comienzan a aparecer más cerca de la ruta buscando alimento, formando pequeñas manadas que contrastan con el blanco del terreno.
Su pelaje, que normalmente se confunde con los colores de la montaña, queda expuesto gracias a la nieve. Lo mismo ocurre con los cóndores. En medio de la inmensidad de la cordillera, el vuelo de estas aves se vuelve todavía más impactante cuando atraviesan un paisaje completamente blanco.
Recorrer alta montaña después en medio de un temporal como el de las últimas semanas termina siendo mucho más que un viaje para ver nieve. Es descubrir una cordillera diferente, donde el paisaje cambia a cada kilómetro y donde el invierno revela una Mendoza que muchas veces permanece escondida durante el resto del año.