ver más

Soledad Deza: "Las injusticias que sufrimos las mujeres en nuestro cuerpo son un problema democrático"

La conocida abogada del caso Belén, Soledad Deza, estuvo en Mendoza y conversó con MDZ. La realidad del aborto y la Justicia argentina.


Soledad Deza, la abogada que defendió a la joven tucumana "Belén", cuya historia llegó al cine, habló con MDZ sobre los cambios que produjo la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Justicia, las resistencias que todavía persisten hacia los derechos de las mujeres, el secreto profesional y el avance de los discursos antifeministas. Deza estuvo en Mendoza para participar de las XIV Jornadas Internacionales de Violencia de Género y Delitos Conexos.

La historia de Belén es de esas que quedaron marcadas en la memoria reciente de la Argentina. Una joven tucumana que llegó a un hospital después de sufrir un aborto espontáneo y terminó condenada a ocho años de prisión. Una historia de dolor, de desconfianza y de una Justicia que convirtió una situación sanitaria en un proceso penal. También una historia de lucha: la de quienes decidieron defenderla y pelear hasta conseguir que aquella condena fuera revocada.

Años después, el caso volvió a ocupar el centro de la escena con Belén, la película dirigida por Dolores Fonzi. Y con ella, la historia llegó a personas que nunca habían seguido el expediente judicial ni participado de las discusiones que durante años atravesaron al movimiento feminista.

Una de las protagonistas de aquella batalla fue la abogada Soledad Deza. Para ella, la película tuvo un efecto que excedió al caso: permitió llevar una discusión incómoda fuera de los espacios donde habitualmente se debate y mostrar que el aborto no puede reducirse a una cuestión de estar “a favor” o “en contra”.

—¿Produjo algún cambio en la Justicia la ley de interrupción voluntaria del embarazo y de legalización?

—La Ley 27.610 no solo legaliza el acceso a la interrupción del embarazo, sea voluntario o legal según causales y plazo, sino que despenaliza la decisión. Cuando sacás una conducta del campo de los delitos y la pasás al campo de la autonomía, de la libertad y de la posibilidad de tomar decisiones, impacta en lo social. Y ese impacto en lo social también va a impactar en la administración de Justicia.

Porque el Poder Judicial, en última instancia, lo componen personas. Entonces, yo creo que sí tiene un impacto.

—Sin embargo, en tu charla contabas situaciones que muestran que todavía existen resistencias. Por ejemplo, el caso en el que encuentran restos de un feto y desde una fiscalía de Tucumán se intenta acceder a las historias clínicas de mujeres atendidas en hospitales.

—Sí, quizás son algunas reacciones. Algunas derivadas de la ignorancia y otras derivadas del oportunismo.De la misma manera que cuando se aprueba la ley Argentina se convierte, en aquel 2020 o 2021, en un laboratorio de sectores conservadores impugnando la validez constitucional de la ley.

Hay otras personas que desde sus lugares de poder también hacen ese activismo. Lo que pasa es que pensamos en activismo y pensamos en feministas. Pero también hay un activismo conservador, un activismo que invita a violar la ley.

Eso está presente. Y creo que en estos momentos quizás reverbera porque estamos en un gobierno cuyas narrativas son de libertad para todos, menos para el derecho a decidir; de libertad para todos, menos para el derecho a vivir una vida libre de violencia.

Hay algunos posicionamientos que quizás hasta hace cuatro o cinco años eran políticamente incorrectos y ahora, de repente, no tanto.

—¿Por qué pensás que algunos sectores de la sociedad, incluso más allá de los históricamente conservadores, han tomado discursos antifeministas o contrarios a los derechos de las mujeres?

Creo que los toman porque es una forma de distracción. Estamos en momentos de fuerte polarización, no solo ideológica, sino también de una profundización muy cruel de la desigualdad.

Frente a cada medida o cada noticia que visibiliza, transparenta, corre el velo de esa desigualdad, hay un gobierno que reacciona no solo redoblando la apuesta de la crueldad, sino también generando focos de discusión por fuera de eso.

La inflación no es cero, bueno, vamos a discutir si el aborto es un asesinato. Esa estrategia quedó al descubierto. Es algo que los feminismos veníamos alertando desde hacía tiempo.

Creo que la sociedad está lo suficientemente madura como para no comer todo el pescado podrido que le tires.

—Cuando asumió Javier Milei había preocupación sobre qué podía pasar con la Ley de Aborto. ¿Hoy ves posible que se revierta?

—Yo creo que no tiene legitimidad esa demanda.La legitimidad que hemos construido los feminismos con el reconocimiento de ese derecho ha sido tan amplia, tan transversal, tan éticamente construida en el tiempo, que creo que la defensa de la legitimidad de esa ley va más allá de los feminismos y es transversal a los espacios políticos.

Por eso me parece difícil que se pueda revertir.Por supuesto que también me parecía imposible que nos gobierne una persona con un padecimiento mental. Y acá estamos.

—¿Por qué ha sido tan usual que médicos y hospitales hayan hecho públicas historias clínicas?

—Lo que tenemos que pensar es que la documentación clínica que respalda la atención o que registra la atención de pacientes, o el paso de pacientes por dentro de servicios de salud públicos o privados, es documentación sensible. Es documentación privada.

Contiene datos sensibles y está resguardada en su intimidad. Eso sale de la Ley de Derechos del Paciente, no de la ley de aborto. También surge de los códigos de ética médica.

El interés estatal en proteger la intimidad tiene que ver con asegurar la confianza, que a su vez es condición del acceso a la salud.

—Eso significa que no se pueden investigar delitos relacionados con la atención sanitaria...

—Quiere decir que tienen que hacer los esfuerzos de investigar respetando el principio de legalidad y los límites constitucionales, de modo tal de no valerse de instrumentos que tienen imposibilidad de ingresar a un juicio.

Eso es simple. Tampoco podríamos usar las historias clínicas para saber quién tiene consumo problemático o quién no. No tiene que ver tampoco con aborto exclusivamente. Es una cuestión razonable: así como lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, lo que pasa en la salud se queda en la salud.

—Para quienes seguimos el caso de Belén, en su momento, la historia nos parecía increíble. Pero la película llevó todo eso a mucha más gente. ¿Cómo lo viviste?

—A mi me pasó algo muy particular. Yo tomé conciencia con la película, no con el caso, de la importancia que tuvo el caso. La película permitió salir de los círculos donde estamos más cómodos, donde tenemos más comodidad para hablar algunos temas.

A mí me habló gente que no veía hace 30 años. Yo fui a un colegio de monjas, de lugares súper conservadores, y me decían: "No opino como vos, pero no puedo creer que en el siglo XXI una chica haya estado presa por esto...”.

Entonces me parece que sirvió para eso. Sirvió para sacarle lo binario a las discusiones en torno al aborto.¿Estoy a favor o estoy en contra? No. Es un conflicto mucho más amplio, que requiere otros análisis, que va mucho más allá de si me gusta o no me gusta, si está bien o está mal.Y creo que eso tiene de bueno el guión.

Dolores logró, sin golpes bajos, con humor, una conversación pública sobre un tema incómodo.Lo que nos pasa a las mujeres, las injusticias que sufrimos en nuestro cuerpo, no son un problema exclusivo nuestro. Son un problema democrático.