Sífilis, VIH y otras ITS: por qué crecen los casos en Argentina y qué preocupa a los especialistas
Cuáles son las ITS más frecuentes, cómo se transmiten, qué síntomas suelen ignorarse y cuáles son los riesgos de no tratarlas a tiempo.
El VIH con un diagnóstico tardío puede tener consecuencias, al igual que otras ITS.
En los últimos cinco años, se registró en Argentina un ascenso de las infecciones de transmisión sexual (ITS): los casos de sífilis en Argentina aumentaron un 71%. Solo en 2025 se notificaron 55.183 casos, la cifra más alta del último quinquenio. La mayor concentración se registra entre los 15 y los 39 años.
El dato no es aislado ni responde a una percepción. Forma parte de una tendencia que también se observa en la región de las Américas y que ubica al país entre los que muestran mayor incremento.
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El VIH mantiene nuevos diagnósticos cada año —muchos de ellos en etapas avanzadas— y otras infecciones como el HPV, la gonorrea y la clamidia continúan circulando con fuerza, muchas veces sin síntomas visibles.
Especialistas consultados por MDZ advierten que el fenómeno es multifactorial y combina cambios culturales, menor percepción de riesgo, fallas en prevención y dificultades en el acceso al sistema de salud.
Cuáles son hoy las ITS más frecuentes
Actualmente, la sífilis es la infección que más preocupa por su crecimiento sostenido. “Cuando estudié medicina era una enfermedad casi enterrada. Hoy vemos casos de manera cotidiana y en personas cada vez más jóvenes”, señala la Dra. Dolores García Traverso, ginecóloga del Hospital Alemán.
La Dra. Paula Monasterolo, médica uróloga del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, advierte que detecta un aumento sostenido de sífilis en jóvenes desde los 15 años. En muchos casos se trata de infecciones primarias —la típica úlcera genital—, pero también recibe derivaciones por estadios más avanzados, algo que hace una década era menos frecuente.
En el caso del VIH, los últimos boletines oficiales muestran un aumento en los nuevos diagnósticos en los últimos dos años, en línea con lo que ocurre en América Latina, la única región del mundo donde los casos siguen en ascenso.
El Dr. Miguel Pedrola, médico internista e infectólogo y director científico para Latinoamérica y el Caribe de AHF, advierte que el principal problema no es solo la cantidad de casos, sino el momento en que se detectan: alrededor del 50% de los diagnósticos en Argentina son tardíos, es decir, cuando las defensas ya están por debajo de los valores normales. “Eso implica que la persona convivió años con el virus sin saberlo y pudo haberlo transmitido”, resume.
El virus del papiloma humano (HPV) circula de manera constante. Es una de las infecciones más frecuentes y muchas veces no genera síntomas. Sin embargo, cuando persiste en el tiempo, puede derivar en distintos tipos de cáncer, especialmente de cuello uterino, pero también anal, de pene y orofaríngeo.
La gonorrea y la clamidia, ambas bacterianas, también muestran un aumento sostenido. Son infecciones que pueden afectar uretra, cuello del útero, recto y garganta, y que en muchos casos cursan sin síntomas.
Por qué están aumentando las ITS
Los especialistas coinciden en que no hay una sola causa que explique el aumento de las ITS. Por un lado, se registra una disminución en el uso del preservativo. En adolescentes y adultos jóvenes aparece una baja percepción de riesgo. “Muchos sienten que si se contagian algo, toman un antibiótico y listo”, señala García Traverso.
En la consulta diaria, Monasterolo agrega otro dato: muchos adolescentes dicen que no usan preservativo porque “no les gusta”, “no saben colocarlo” o simplemente no lo consideran necesario. Para la especialista, esto evidencia fallas en la educación sexual temprana y la ausencia de campañas sostenidas de prevención.
A esto se suma la naturalización del sexo oral sin protección y la idea extendida de que estas infecciones “les pasan a otros”. “Existe la percepción de que no forman parte del propio riesgo”, advierte la infectóloga Gabriela Poblete, de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).
Infecciones silenciosas y diagnóstico tardío
Uno de los puntos que más inquieta a los profesionales es que muchas ITS son asintomáticas: la clamidia y la gonorrea pueden no generar síntomas durante semanas o meses. Lo mismo ocurre con el VIH en sus etapas iniciales. En el caso de la sífilis, la lesión primaria puede pasar inadvertida.
El problema es que, sin diagnóstico ni tratamiento, las consecuencias pueden ser graves.
Poblete explica que la sífilis tiene distintos estadios: una primera etapa con una úlcera que puede pasar desapercibida —especialmente en mujeres—, una fase secundaria con manifestaciones inespecíficas como erupciones en la piel, y una etapa tardía que puede comprometer el sistema nervioso central (neurosífilis).
En personas gestantes, la infección no tratada puede provocar aborto espontáneo, complicaciones obstétricas o transmisión al recién nacido, por lo que el testeo es obligatorio durante el embarazo.
Si no se tratan a tiempo, la clamidia y la gonorrea pueden ascender por el aparato genital femenino y provocar enfermedad inflamatoria pélvica, generar adherencias y derivar en infertilidad. Muchas veces cursan con síntomas leves o inespecíficos, lo que retrasa la consulta.
El VIH, si no se detecta y trata a tiempo, debilita progresivamente el sistema inmunológico y se expone a infecciones oportunistas.
En el caso del HPV, la persistencia del virus puede generar lesiones precancerosas y distintos tipos de cáncer.
Cuando el riesgo se minimiza
Los médicos describen un cambio en la percepción social de estas infecciones. Si bien existen tratamientos eficaces para muchas de ellas, la disponibilidad terapéutica parece haber reducido el temor. “No vemos la misma cara de susto que antes”, explica García Traverso.
La idea de que “todo tiene tratamiento” convive con una menor percepción de gravedad, especialmente en los más jóvenes. Sin embargo, el hecho de que una infección sea tratable no la convierte en inocua.
Además, el estigma sigue siendo una barrera. Muchas personas evitan testearse por miedo o vergüenza, lo que retrasa el diagnóstico y facilita la transmisión.
Qué se necesita: educación, testeo y políticas sostenidas
Los especialistas coinciden en que la respuesta debe ser integral: más oferta de testeo, educación sexual sostenida, campañas claras, acceso garantizado a preservativos y fortalecimiento de la atención primaria de salud.
Hablar del tema, insisten, también es parte de la prevención. Cuando aumenta la visibilidad, aumenta el testeo y se detectan más casos en etapas tempranas.
En el caso del VIH, Pedrola sostiene que hoy existe la posibilidad concreta de terminar con la epidemia como problema de salud pública antes de 2030, pero advierte que Argentina está lejos de alcanzar los objetivos internacionales 95-95-95: que el 95% de las personas con VIH conozca su diagnóstico, el 95% reciba tratamiento y el 95% logre una carga viral indetectable. “Una persona con VIH en tratamiento efectivo no transmite el virus. El desafío es encontrar a quienes aún no saben que viven con VIH y llegar antes”, resume.
El crecimiento de las infecciones de transmisión sexual no es un fenómeno aislado ni individual. Es un indicador sanitario que obliga a revisar conductas, políticas públicas y estrategias de prevención en todo el país.



