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Savonarola, el fraile que quiso purificar Florencia con fuego y terminó en la hoguera

El dominico desafió a los Medici y al papa Borgia, impulsó una reforma moral en Florencia y murió ejecutado en 1498.


El martes de carnaval de 1497, en Florencia presenciaron la quema de todas las obras de arte consideradas pecaminosas, objetos de vanidad, libros considerados inmorales (como los textos de Boccaccio), estatuas de dioses paganos y pinturas sobre temas mitológicos o con desnudos indecorosos.

Este festival incendiario era supervisado por fray Girolamo Savonarola, un ascético dominico que luchaba contra la depravación de los poderosos, las costumbres pecaminosas y la corrupción de la Santa Iglesia Católica, que incluía ataques a varios Papas, incluido Alejandro VI, de la tristemente célebre casa Borgia. Girolamo era hijo de un médico y, a temprana edad, comenzó los estudios de medicina, pero a los 18 años decidió abrazar los hábitos. En una carta dirigida a su padre le explicaba que “la gran miseria del mundo, la violencia, la soberbia, la idolatría” lo empujaban a combatirlas desde el sacerdocio. Después de su formación en el seminario de Bolonia fue enviado a Florencia, donde sus sermones, atacando el derroche de las grandes familias y la ignorancia del clero, eran muy comentados, tanto que llegaron a oídos de Lorenzo el Magnífico. Esta relación con el hombre más poderoso de Florencia convirtió a Girolamo en un predicador popular e influyente, más aún cuando sus sermones adoptaron un tono apocalíptico.

Savonarola se sentía un nuevo Moisés

Aunque la aguda percepción de Maquiavelo no dudaba en llamarlo “el profeta desarmado”. Este predicador furibundo contaba con un puñado de fieles seguidores, especialmente dominicos que celebraban su enérgica oratoria, su fe inquebrantable y sus convicciones inalterables. Savonarola predijo la caída del régimen corrupto que dirigía los destinos de Florencia. La llegada de Carlos VIII de Francia a la ciudad fue considerada como el cumplimiento de su pronóstico. Piero de Medici fue expulsado y Savonarola impulsó una reforma constitucional que convirtió a la ciudad en la República de Florencia, el lugar elegido por Dios para ser la nueva Jerusalén.

LOPEZ MATTO1

Girolamo era hijo de un médico y, a temprana edad, comenzó los estudios de medicina, pero a los 18 años decidió abrazar los hábitos.

La excelente relación con el rey francés lo posicionó como líder político y religioso de esta ciudad que debía renacer de sus pecados. El poder adquirido le permitió impulsar una reforma constitucional para imponer, no solo un régimen más democrático, sino la reforma moral de los florentinos, basada en estrictos principios religiosos, una forma particular de teocracia. Todo su pensamiento lo vuelca en sus escritos que dan origen a un libro, muy leído en su época: Tratado sobre la República de Florencia. Obsesionado por la corrupción, la ostentación y los lujos que se exhibieron en tiempos de los Medici, Savonarola convocó a un acto de contrición donde los florentinos debían quemar objetos suntuarios en una hoguera de vanidades.

Sandro Botticelli, pintor que se había destacado por la pintura de temas mitológicos y el primer desnudo del Renacimiento, adhirió al grupo de los seguidores de Savonarola (llamados los piagnoni, “llorones”) y arrojó una de sus pinturas a dicha hoguera, aunque se cuidó de no entregar al fuego obras más logradas (y controvertidas) como El nacimiento de Venus. Los ataques de Savonarola no respetaban órdenes ni jerarquías y pronto el Papa Alejandro VI fue objeto de los ataques del dominico. Si bien hubiese podido llegar a un arreglo con el Pontífice o llamarse a silencio, Savonarola prefirió continuar con su prédica incendiaria.

El prestigio del dominico no fue un obstáculo para que el papa Borgia lo atacara con todo el peso de la ley, acusándolo de hereje y excomulgándolo por su prédica. Por meses, Savonarola se llamó a sosiego, pero en 1498 desobedeció una vez más al Papa y volvió a sus sermones. La respuesta de Borgia no se hizo esperar: en un juicio “sumarísimo, unilateral y cruel”, Savonarola fue condenado por herejía, cisma —había proyectado un concilio ecuménico antipapal—, desobediencia al Papa y delitos contra la República de Florencia. Pocas horas después moría ahorcado, su cuerpo quemado y arrojado al Arno. Era el 23 de mayo de 1498.

GIROLAMO

Por meses, Savonarola se llamó a sosiego, pero en 1498 desobedeció una vez más al Papa y volvió a sus sermones.

Ese día desapareció el hombre, pero nació el mito

El arquetipo del defensor de la rectitud a ultranza como una instancia íntimamente ligada a la simplicidad, por lo que cualquier lujo se tornaba vano y superfluo. Su figura fue rápidamente relegada, pero cuando la Italia del siglo XIX se alzó contra el Papado, resurgió la figura del dominico severo y austero, el orador apocalíptico condenado por una inicua sentencia que lo convirtió en el mártir republicano de la nación.

Cada año se recuerda en Florencia la muerte de Savonarola

Con una misa en la capilla del Palazzo Vecchio y una ofrenda floral en la Piazza della Signoria. Después se arrojan pétalos de rosas desde el Ponte Vecchio al río Arno, en el mismo lugar donde fueron arrojadas sus cenizas.

* Omar López Mato. Médico oftalmólogo e historiador argentino.