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Rocky en la calle Corrientes: un espectáculo digno de Broadway

Escenografía cambiante, luces, sonido envolvente y cero celulares: una versión vibrante de Rocky, en Lola Membrives, que mezcla acción, romance y emoción.


La obra Rocky, presentada en el teatro Lola Membrives bajo la dirección y producción de Nico Vázquez, está siendo comparada con las grandes obras de Broadway. Esto se debe a su puesta en escena, la escenografía y el juego de luces, que logran transmitir una mezcla de romance y acción.

La obra nos sitúa en Filadelfia en 1976, donde un joven Rocky Balboa, boxeador amateur y cobrador de deudas sin rumbo, recibe la propuesta de participar en el campeonato mundial de peso pesado. Apollo Creed, el campeón, decide organizar un combate de exhibición y elige a Rocky, apodado el 'Semental Italiano', como su oponente para darle una oportunidad a un desconocido. En paralelo a esto, somos testigos de los impresionantes entrenamientos junto a su dulce romance con Adrián, una joven tímida que trabaja en una tienda de animales y convive con su hermano borracho Paulie.

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La obra nos sitúa en Filadelfia en 1976, donde un joven Rocky Balboa, boxeador amateur y cobrador de deudas sin rumbo

Rocky es comparada con las grande obras de Broadway

A lo largo de toda la historia, la escenografía va cambiando y adaptándose en cada escena de amor, conflicto y pasión. El diseño lumínico, los increíbles cambios de vestuario y la sólida actuación de todo el reparto, con un destaque especial para sus protagonistas, la convierten en una obra única para ver solo, con amigos o incluso en familia. Sin duda, la música juega un papel muy importante; no solo por las icónicas canciones, sino porque dictan el pulso de la historia, logrando que los momentos de entrenamiento se sientan únicos y las canciones románticas aporten la cuota necesaria de vulnerabilidad. El diseño de sonido está a la altura de cualquier producción internacional, envolviendo la sala en una atmósfera vibrante.

Cabe también destacar que el hecho de no permitir el uso de celulares durante la función es una pieza clave del éxito de la puesta. En un mundo donde actualmente no se puede estar más de 10 minutos sin el teléfono, poder prestar atención durante dos horas seguidas hace que el despliegue de luces y sonido te envuelva en la historia por completo. Es, sin duda, una herramienta sumamente poderosa donde nada nos distrae del corazón de la trama.

En definitiva, Rocky es mucho más que una obra de teatro; es una producción que la cartelera porteña necesitaba. Si buscás un espectáculo que te haga sentir inmerso en una historia cargada de emociones, no podés dejar pasar esta oportunidad.

* Lucía Rodríguez, Crítica de cine.

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