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¿Qué sabés de la historia del vino y del malbec?

La historia del vino en Argentina tiene su origen a principios del siglo XVI, época de la colonización española. Los primeros viñedos de Mendoza fueron plantados entre 1569 y 1590.


Una antiquísima leyenda escandinava hace referencia a “Vinlandia”, nombre de una zona del este del actual Canadá, descubierta hacia el año 986 por el mercader vikingo Bjarni Herjólfsson, quien llegó a sus costas a causa de una tormenta durante un viaje desde Islandia a Groenlandia. La tierra no fue explorada, ni recibió un nombre hasta algunos años más tarde, cuando hacia el 1001 fue visitada por el navegante islandés Leif Ericson, quien llamó a esta zona: “Vinlandia”, la “tierra de las viñas”. Sin embargo, la introducción sistemática de la vid en América se debió a los conquistadores españoles y fue desde Cuba. Siendo México el primer territorio donde se plantaron las primeras cepas provenientes de España, teniendo en cuenta que ya existían por ese tiempo vides silvestres americanas como las vitis lambrusca, vitis rupestris y vitis berlondieri.

¿Cuándo se conoció la vid en Argentina?

La primera vid que llegaría a Argentina se remonta a los tiempos de la colonización española, durante el siglo XVI. Algunos archivos aseguran que la primera cepa que se plantó por esta zona sudamericana fue en 1556 cuando llegaron a Santiago del Estero los jesuitas. Los primeros viñedos de Mendoza y San Juan se habrían plantado años después, entre 1569 y 1590, teniendo mucho que ver el condimento religioso, pues el vino era imprescindible para las celebraciones cristianas.

Ciudad de Mendoza

En Mendoza los primeros viñedos se plantaron a mediados del siglo XVI.

¿Cuáles son las bodegas tradicionales de Argentina?

Sobre lo ya expresado, resaltamos que el cultivo de la vid perseguía la exclusiva finalidad de cumplir con fines religiosos. Por ende, los primeros emprendimientos vitivinícolas y sus precarias bodeguitas correspondieron a los pioneros “encomenderos” españoles, que a cambio de recibir tierras se comprometían a expandir ante la corona la religión católica como una forma de corresponder el otorgamiento de las “mercedes reales”.

Además, el vino representaba “el símbolo” de la reconquista del Reino de Granada (1492) por parte de España, sometida durante casi 800 años en manos de los musulmanes. La religión islámica prohibía terminantemente a los musulmanes el consumo de vino, por lo que el vino reflejaba para la corona española la identificación con la religión católica, las tradiciones y sus soberanos.

Pero habrá una circunstancia coyuntural que no podremos obviar, y fue durante principios y mediados del siglo XIX: “la peste de la filoxera”, cuando miles de viticultores europeos padecieron el peso del devastador insecto que destruyó millones de hectáreas de viñedos. Su rápida expansión por Francia, Italia, Portugal, España, Hungría y Austria coincidió con la promoción de Argentina como destino alentador y el crecimiento de la industria vitivinícola en Mendoza, lo que hace que llegaran muchos europeos en busca de una alternativa para continuar con la actividad de la cual eran verdaderos especialistas.

vino barricas botellas estiba bodega (14)

Los primeros emprendimientos vitivinícolas correspondieron a los pioneros “encomenderos” españoles, que a cambio de recibir tierras se comprometían a expandir ante la corona la religión católica.

Solo citaremos antojadizamente algunas bodegas del siglo XIX y principios del XX que perduraron y supieron conservar un alto reconocimiento mundial: la finca de González Videla en Las Heras (Mendoza), con la cava más antigua del Latinoamérica (1830), Colomé en los Valles Calchaquíes (Salta) de 1831, Goyenechea (San Rafael – Mendoza) de 1868, Graffigna (San Juan) de 1870, Bodega La Abeja de los Iselín (San Rafael) de 1883 y todavía en funcionamiento, Trapiche (Godoy Cruz – Mendoza, luego en Maipú)) de Tiburcio Benegas – 1883, Escorihuela Gascón (Godoy Cruz – Mendoza) de 1884, Bodega La Rural (Maipú – Mendoza) fundada por Felipe Rutini en 1885, Giol y Gargantini (Maipú – Mendoza) de 1885, considerando que Gargantini, tras la separación de la sociedad, se estableció en Rivadavia (Mendoza) y llegó a poseer el paño de viñedos más extenso del mundo en los albores de los años 70, Bodega Santa Ana (Guaymallén – Mendoza) propiedad por entonces de Luis Tirasso, data de 1891, Michel Torino – Bodega La Rosa (Cafayate – Salta) de 1892, López fundada por José Gregorio López Rivas (Maipú – Mendoza) en 1898, Luigi Bosca – Familia Arizu de 1901, Catena Zapata (originaria de Rivadavia – Mendoza) – 1902 y luego desde Lujan de Cuyo proyectada al mundo, Humberto Canale (Alto Valle del Río Negro) de 1909, Flichman (Barrancas, Maipú – Mendoza) de 1910 y Norton (Luján de Cuyo – Mendoza) de 1919, entre otras.

¿Por qué el vino es la bebida nacional?

Argentina es el único país en el mundo que declaró al vino como bebida nacional, a pesar de la relevancia mundial (productiva y económica) que en materia de vinos tienen otros países que cuentan también con una histórica tradición vitivinícola.

Fue consagrado como “Bebida Nacional” por el Decreto Nº 1.800 del 24 de noviembre de 2010. En julio de 2013 esta decisión fue ratificada por el Congreso de la Nación con la Ley 26.870. Esto determinó que el 24 de noviembre fuera declarado el “Día del Vino Argentino, Bebida Nacional”.

Siguiendo la tendencia actual la vitivinicultura argentina avanza hacia la trazabilidad y la determinación de la huella de carbono.

Argentina es el único país en el mundo que declaró al vino como bebida nacional.

¿Qué sabemos del malbec argentino?

Se agregará otra fecha histórica a las celebraciones que honran al vino. Será el día 17 de abril de 1853, cuando Domingo Faustino Sarmiento presentase un proyecto ante la legislatura mendocina para fundar una Quinta Agronómica y la Escuela de Agricultura de Mendoza. Así pues, Sarmiento no solo será consagrado con justicia como “el padre del aula” por sus aportes indiscutidos a la educación, sino que también debería referenciarse como “el padre del malbec” por su acción pionera en favor de la proyección vitivinícola.

Precisamente, será por esa fecha fundacional (17 de abril) que se conmemora desde 2011, por iniciativa de “Wines of Argentina” a través de la iniciativa de Lis Clement, Gerente de Marketing y Comunicación por ese entonces de la identidad, el Día Mundial del Malbec.

Pero volviendo hacia aquel 1853, debemos resaltar que fue el mismo Sarmiento quien le encomendó al agrónomo francés Michel Aimé Pouget, la tarea de traer nuevas variedades de vides y adecuarlas a nuestros suelos. Y vaya paradoja que pondera una vez más al visionario sector dirigente mendocino, recién comenzaba la nueva organización nacional, y ya Mendoza a través de su gobernador Pedro Pascual Segura y su ministro Vicente Gil, habían contratado a un joven Domingo Faustino Sarmiento que volvía a la patria tras su exilio por diferencias políticas con “el rosismo”.

Sarmiento conoció a Pouget en Chile. Ambos habían emigrado de sus países natales por políticos. La puja entre unitarios y federales empujó al sanjuanino al país trasandino y, paralelamente, los avatares revolucionarios europeos de mediados del siglo XIX (el monárquico Napoleón III, sobrino del famoso Napoleón Bonaparte, había reestablecido el tiempo imperial), acompañados de una fuerte crisis económica y del sector agronómico (la plaga de la filoxera), hizo que el oriundo de Tours observara en el extremo sur del mundo la posibilidad de "hacerse la América".

tupungato viñedos cordillera viñas (7)

El 17 de abril se celebra el día mundial del malbec.

Así empezó una parte de la historia. Tras esa contratación oficial, Pouget junto a Justo Castro comenzaron la plantación de variedades de uvas originarias de Francia. Entre ellas el Malbec, proveniente de un antiguo cruzamiento de Magdeleine noir y Prunelard.

Ese Justo Castro (compañero de ruta de Pouget) era un salteño que primeramente se dedicaba al comercio de mulas con Bolivia, y operaba en mercados de Potosí, Cochabamba y La Paz. Su negocio de venta de mulas y burros se extendió también a Chile. Sin abandonar esta actividad, y tal vez pensando que la pronta llegada del ferrocarril terminaría con el negocio ganadero, empezó a pensar en un nuevo rumbo económico. Será su vinculación comercial en Chile con los especialistas franceses René Lefèbvre y Claude Gay, quienes lo estimularon a que ingresara al negocio de producción de uvas y vinos. Por Lefèbvre conoció a Pouget, y así se producirá su llegada a Mendoza, para años después seguir camino a San Juan y convertirse en un adelantado de la industria vitivinícola sanjuanina.

Muchos especialistas paralelamente, será justo decirlo también, sostienen que no fue Pouget quien trajo la primera cepa de Malbec a Mendoza. "Los vinos europeos llegaron a Argentina de la mano de los inmigrantes españoles, italianos y franceses que trajeron las semillas" (Alberto Arizu: "El desconocido origen del vino más famoso de la Argentina" - Nota de Verónica Smink / 16 de abril de 2012). Lo que nadie puede discutir fue el bien ganado mote de "leyenda" de Pouget en el ámbito de la vitivinicultura, pues fue él quien más contribuyó al éxito que logró esta cepa en el país y su posterior exitosa proyección mundial. "Fue precisamente en la Quinta Agronómica donde Pouget investigó las distintas variedades de semillas y descubrió que el Malbec era particularmente apto para el suelo argentino, principalmente en Mendoza" (A. Arizu).

También es innegable que será Pouget quien más estimuló a los bodegueros argentinos a participar en eventos internacionales, acompañándolos en sus giras europeas, convirtiéndose en un adelantado “director de marketing” de los vinos de Mendoza.

Por consiguiente, como escribiera Jorge Luis Borges en Soneto del Vino: “Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia, como si ésta ya fuera ceniza en la memoria”. Más expresivo aun, del mismo Borges, en Al Vino: “En el bronce de Homero resplandece tu nombre,

negro vino que alegras el corazón del hombre. (…) Vino del mutuo amor o la roja pelea,

alguna vez te llamaré. Que así sea”.