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Para alcanzar el titulo hay que recorrer todo el camino hasta el final

Así como los grandes cineastas suelen ser antes hábiles dibujantes, los escritores consagrados de Occidente previamente fueron periodistas. Sin título, claro.


La instrucción académica abre caminos para sí y suele reducir la sensación de riesgo para quien acude al matriculado. En el periodismo esto no cuenta: el título es apenas el inicio.

Pergamino inútil

La discusión sobre si el periodismo debe ser colegiado o no es endogámica. A la sociedad le importa nada esa polémica, como muchas otras. En Argentina jamás fue una profesión y -podrá juzgar quien esto lee- eso no explica nada. En este territorio el médico y el hechicero gozan de idénticos derechos, y los sufrientes acuden a ambos, de manera osada, acrítica y esperanzada. Un diploma jamás nada garantiza, pero suele ayudar en el presente, vértice que une y divide al pasado del futuro.

La pata incómoda de la democracia

De ninguna manera originales. El periodismo es por esencia una actividad liberal, y la cuarta pata de la mesa en las democracias republicanas. Pocos países aún conservan exigencias de diplomas, y si se compara entre los que sí y los que no, difícilmente arroje algún dato que sirva para determinar qué es mejor. Que en Honduras sea inexorable la graduación, podemos comprobarlo hoy mismo, no le da profundidad a la materia y el pueblo no parece más ilustrado ni comprometido.

Testarudos

Una singularidad al respecto sigue siendo Italia, península que mantiene esa rígida corporación profesional Ordine dei Giornalisti. Quien ejerza el periodismo deberá estudiar, graduarse y la validación es estatal. A pesar de estas vallas de aparente estatura, hay opciones en géneros considerados menores. De manera irregular y esporádica, había practicado el periodismo deportivo quien luego fuera la figura más relevante en la política: Silvio Berlusconi. Ninguna idoneidad probada en periodismo le impidió desarrollar y apropiarse de medios de comunicación y acceder, desde allí, al poder público. Una vez encumbrado, no evitó ningún acto indecente, público ni privado. Triste es que en su plantel, la mayoría de periodistas y cronistas, debieron cumplir con todas las cláusulas para ser profesionales, valores que tuvieron que dejar en la puerta de Canale 5 y en la recepción del otrora prestigioso Il Giornali.

Enredados en el hoy continuo

La actualidad agrega bastante confusión. La aparición y profusión de redes sociales ha convertido a todas y todos los humanos en periodistas, al menos según las descripciones elementales del oficio. Hacer público lo privado. Decir del otro lo que el otro no quisiera que se diga. Delatar acciones censurables. Contar hechos que ocurren en un lugar específico para que se enteren aquellos que no están ahí. Denunciar adversarios (morales, estéticos). Presagiar acontecimientos. Quejarse. Opinar -con o sin argumentos sólidos- convertir lo particular en general y hacer gala de las virtudes propias, aparentes o constatables.

El título es intrascendente, el tags es vital

La obstinación actual en etiquetar todo, de forma simple, irresponsable y demasiadas veces falaz, no colabora. Cuando no resulta dramático provoca risa. Señalar como disvalor si un periodista exhibe públicamente sus preferencias ideológicas, filosóficas, estéticas y a la vez celebrar el Día del Periodista en recordación de la primera edición de la Gazeta de Buenos Aires, periódico fundado, escrito y dirigido por Mariano Moreno, revela una ignorancia espantosa o una hipocresía superlativa. Ese, como todos los diarios en el Mundo fue instrumento para contar ideas políticas, para consolidar propuestas cívicas, para inyectar inquietudes, para anoticiar y desde ahí, persuadir. Algunos sutiles, otros directos. El diario más antiguo de nuestro país aún en circulación se fundó en 1867 en Rosario y lleva por nombre "La Capital". Intención fallida de su fundador, Ovidio Lagos, para que Rosario fuese la capital del país. Y sí, las fotos de Moreno, Lagos, Mitre, Sarmiento, Alberdi, merecen un epígrafe que diga "militante".

Aplaudir y abuchear, por las dudas

La suposición es una tarea menos desafiante, exigente y ardua que conocer. No digo saber, que es de otra categoría cognitiva. Pero suponer no otorga derecho a enjuiciar, aunque sea una práctica de moda. Y ocurre. El diputado Ilardo presentó un proyecto de Declaración de Interés para que la Legislatura reconociera la labor de tres hombres vinculados al periodismo que murieron este año. Hay quienes descalifican este tipo de proyectos, por resultarles inocuos y por considerar que deberían ocuparse de asuntos con mayor incidencia social. Habrá algunos que celebran la iniciativa, por auspiciar la construcción de una historia propia; y los habrá indiferentes, como la mayoría en la mayoría de proyectos de ley. Se reconocería a Cristian Ortega, a Walter Carbone y al Coco Yañez. Los más de 40 años en este oficio me permitieron entablar distintas relaciones con los tres. Esto lo consigno a modo de testimonio documental. Con quien tuve ocasión de compartir coberturas y encuentros fraternales fue con el Coco Yañez.

Enterarse de la no información

Supe sobre estos reconocimientos por la interrupción de uno de ellos. Un amigo y colega -Emilio- hizo una publicación mostrando su indignación, por ensombrecer el recuerdo de Coco Yañez, reportero gráfico (eufemismo que encontramos para designar a los fotógrafos abocados al periodismo) Prosperaron los otros dos mínimos homenajes, seguramente merecidos. No se incorporó a Coco Yañez ¿sabe por qué? tampoco yo. Versiones. Hasta las propias fuentes arrojan "versiones". De manera informal se dijo que diputados del oficialismo habían observado la actividad política de Coco Yañez, historia que aunque conozca de manera tangencial, con insuficientes datos, sé que fue una de las muchas víctimas de la dictadura, víctima de quienes amputaron el derecho individual y la libertad de expresión, lo que motivó un obligado exilio. También sé de su discreción, timidez, talento fotográfico y vocación. ¿Hay una sanción por condición de victima?, al parecer, sí. Mal podría tratar de miserables e ineptos a quienes impidieron este mínimo homenaje. Carezco de los elementos de juicio para etiquetar de ridículos a quienes evitaron recordar mínimamente al Coco, alguien que se atrevió a poner negro sobre blanco y pudo darle color a imágenes que, aunque no se exhiban en un museo o en una galería, estarán presentes en las retinas de la mezquina historia mendocina.

La razón no explícita

Aunque en Argentina nunca existió la exigencia de matriculación, en 1961 se fundó en Mendoza la Escuela Superior de Comunicación Colectiva. Sigue siendo un misterio por qué se evitó y aún hoy el adjetivo "periodista", asimismo comúnmente a aquella institución educativa se la conocía como Escuela Superior de Periodismo. En 1976 -cuando no- fue clausurada y 8 de sus alumnos secuestrados desaparecidos por el terrorismo de Estado. Las protestas y medidas de fuerza que hicieron en 1974 para que formara parte de la Universidad Nacional de Cuyo, recién tuvo consecuencia efectiva en 1984, en el retorno de la democracia, merced a la tarea e ímpetu de varios, y al tesón de Alfredo Bisquert, entre otros, aunque volvió a quedar relegado el adjetivo para convertirse en la carrera de Comunicación Social, dentro de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. ¿Habrá algún temor latente a término periodista?

Por si no funciona

Días atrás, desde presidencia de la Nación hicieron un anuncio que más que información política sonó a amenaza. Proyecto para que periodistas tengan idénticas obligaciones que funcionarios públicos. Una ocurrencia que ofende a las instituciones, a la inteligencia y también, como no, a la libertad. Quienes emiten sobres suponen que el 95% los recibe. Error grosero de cálculo y más grave si surge de alguien que se jacta de economista.

Decir con los dedos sobre el teclado

La distancia entre el día de periodista y el del escritor (13 de junio) sirve para no mezclar. Aunque las plumas ilustres suelen tener práctica previa en el oficio de periodista, no son sucedáneas ni exigibles y, en demasiadas ocasiones, se nota. El periodismo televisivo, el radial y el de redes de hoy, difícilmente encuentre parentesco con el de Leopoldo Lugones, por quien se conmemora el del escritor. El demonizado pero genial poeta y escritor, fue periodista desde muy joven, tan joven que era socialista y compinche con José Ingenieros. A la vez, ni con la frondosa imaginación de Lugones alguien podría imaginar a Laje, Etchecopar, Silvestre o Feinmann convertir un hecho trágico en una "operación Masacre", como Walsh, aunque al tiempo de generalizar y banalizar, entremos todos en el mismo colectivo.

Aunque los calificativos y etiquetas recen: militantes, ensobrados, gráficos, semi alfabetos ,independientes, gimnásticos, deportivos, abúlicos, híbridos, de espectáculos y de espectáculos deplorables, fachos, zurdos, ante el interrogante pendiente para saber quienes son periodistas, la respuesta abunda en redundancia: ¿periodista? Periodistas somos todos. A propósito, al título de esta nota debe elegirlo Usted.