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Pantallas sí, pero no todo el tiempo

Mangas, novelas gráficas y sagas acercan a nuevos lectores. La clave no es prohibir el celular, sino ofrecer experiencias atractivas.


Con la llegada de las vacaciones de invierno se repite la misma escena. Con más tiempo en casa y menos obligaciones, muchos chicos pasan horas frente al celular, la tablet o la consola, las pantallas. La preocupación de las familias es comprensible, pero cabe hacer el ejercicio de pensar otras formas de aprovechar el tiempo libre.

La pregunta no debería ser cómo sacar a los chicos de las pantallas, sino qué otras experiencias les estamos ofreciendo. El juego, la recreación entre pares son parte fundamental del crecimiento para todo tipo de edades; y la lectura es también un pilar importante para el desarrollo de la creatividad y la imaginación de las personas. Hay una notoria tendencia que se consolida año tras año: cuando llegan las vacaciones, crece el interés por los libros pensados para chicos y adolescentes. Muchas familias vuelven a elegir la lectura como una actividad para compartir o como una forma de acompañar esos días en los que la rutina cambia y aparecen más momentos de ocio.

También cambió la forma en que los más jóvenes llegan a los libros. Hoy el fenómeno del “manga”, las novelas gráficas y las sagas demuestra que los nuevos lectores buscan historias que dialoguen con sus propios intereses. Y eso es una buena noticia, porque confirma que el problema nunca fue la falta de ganas de leer, sino la idea de que todos debían disfrutar de los mismos títulos. Cuando un chico encuentra un libro que realmente lo entusiasma, la lectura deja de ser una tarea y pasa a competir, de manera natural, con otras formas de entretenimiento. No porque alguien le imponga un límite al celular, sino porque apareció una historia que vale la pena seguir.

Muchos chicos pasan horas frente al celular, la tablet o la consola, las pantallas.

Esa libertad para elegir es uno de los cambios más importantes de los últimos años. Ya no existe un único recorrido para formar lectores. Algunos empiezan con una saga fantástica, otros con un manga, una novela de misterio, un libro sobre fútbol o una historia basada en un videojuego. El punto de partida importa menos que el descubrimiento de que leer también puede ser una experiencia placentera. Los adultos tenemos mucho que ver en ese proceso. No alcanza con pedir que apaguen el celular. También hace falta generar espacios para hacer otras cosas juntos: leer antes de dormir, visitar una librería, comentar una historia o simplemente reservar un rato del día sin pantallas. Los hábitos se construyen en la vida cotidiana, no a partir de una prohibición.

Los libros no vienen a reemplazar la tecnología ni a competir con ella. Son una invitación a hacer una pausa, a concentrarse en una historia y a dejar que la imaginación complete lo que ninguna pantalla puede mostrar. En un contexto donde todo sucede cada vez más rápido, esa capacidad de detenerse sigue teniendo un valor enorme.

Quizás por eso, cada vez que llegan las vacaciones, tantos padres vuelven a buscar un libro. No porque esperen que resuelva por sí solo el vínculo de sus hijos con las pantallas, sino porque saben que abrir una buena historia también es abrir una puerta a otras formas de disfrutar el tiempo libre.

* Tomas Meabe, Country Manager de Buscalibre Argentina.