Nahuel Gallo y su familia: "Nadie nació para estar encerrado injustamente"
Tras ser liberado de Venezuela, Nahuel Gallo rompe el silencio sobre su detención y los que aún permanecen presos.
Volver a abrazar a su hijo después de casi dos años, reencontrarse con su esposa y pisar suelo argentino fueron escenas que Nahuel Gallo imaginó una y otra vez durante los más de 400 días que pasó detenido en Venezuela.
El gendarme argentino estuvo recluido en El Rodeo I, un centro señalado por organismos de derechos humanos y exdetenidos como un lugar de torturas del régimen de Nicolás Maduro. Su liberación puso fin a una extensa incertidumbre para su familia, que durante meses impulsó gestiones, reclamos y campañas para exigir su regreso. Pero también abrió una nueva etapa marcada por la reconstrucción personal y por el recuerdo permanente de quienes continúan privados de su libertad.
En esta primera entrevista concedida junto a su esposa, María Alexandra, ambos reconstruyen los momentos más difíciles del cautiverio, el esperado reencuentro familiar y la preocupación que todavía sienten por los detenidos que permanecen en cárceles venezolanas.
Mirá la entrevista completa con Nahuel Gallo y su esposa
—¿Cómo fue volver a la Argentina?
—Nahuel: Era una felicidad volver a la Argentina. Es familia, comida, costumbres, cultura. Uno extraña la casa. Muchísimas cosas. No solamente la familia o la tierra de uno. Uno dice el mate, la carne, la comida del día a día. No, no, no. Es inexplicable lo que uno extraña después de tanto tiempo sin tenerlo.
—¿Y cuánto pensabas en la Argentina y en tu familia mientras estabas detenido?
—Nahuel: Muchísimo, muchísimo, muchísimo. La familia. Ahí te das cuenta de cuánto amás a tu país. Las costumbres del mate, la carne, defender los colores, hablar de tu patria. La gente que estaba ahí, como dije anteriormente, eran muchísimos extranjeros. Entonces vos hablás de tu nación, hablás de tus costumbres, explicás lo que es una factura, cómo se hace un mate, un asado y los cortes. O sea, no solamente fútbol, porque siempre está el tema de Argentina y el fútbol, pero también tiene otras cosas que identifican a tu nación.
—¿Cómo fue para vos enterarte de la liberación de Nahuel?
—María Alexandra: Bueno, mirá, enterarme de la liberación de Nahuel fue... Yo siempre se lo cuento a él. Ese día yo no lloré, no me sentía triste, porque lo que sentí fue alivio. “Dios mío, se acabó”. Se acabó escuchar que Nahuel viene en un avión a Buenos Aires. Incluso desde el mismo domingo 28, que fue cuando se produjo la extracción de Nahuel desde El Rodeo I, donde ya sabíamos que Nahuel no estaba dentro de ese centro de tortura que es El Rodeo I. Ya para nosotros eso fue un paso gigante. Así que, mirá, agradecida, obviamente, con el Gobierno nacional, con todas las personas que hicieron posible la liberación de Nahuel. Y a las personas que lo trajeron también, súper agradecidos.
—¿Cómo fue para ustedes encontrarse por primera vez después de tanto tiempo?
—Nahuel: Fue emotivo. Yo lo dije anteriormente: volver a ver al bebé. Mi preocupación era verlo y que me rechazara. Era el miedo, la incertidumbre de pensar que, después de tanto tiempo sin estar conmigo, no me iba a reconocer, no iba a saber escuchar mi voz o reconocerme al verme. No es lo mismo ver una foto que verme presente. Pero no. El gordo se portó bien, estuvo en mis brazos. Ver al bebé, verla a ella, la emoción, ver a la familia.
—María Alexandra: Yo feliz. ¿Qué te puedo decir? Era algo que habíamos anhelado muchísimo. Habíamos anhelado tanto ese reencuentro, ese abrazo, esas ganas de escuchar a Nahuel después de tanto tiempo, de que Nahuel abrazara a su hijo, de que viera lo grande que estaba, porque estaba súper segura de lo mucho que Nahuel extrañaba a su bebé. Fue una madrugada de muchísimas emociones, de muchísimos sentimientos, de alivio. De ese alivio de saber que ya se acabó, terminó. Y bueno, ahora toca sanar y compartir. Tratar de recuperar ese tiempo que nos robaron durante tanto tiempo.
—Vos a Víctor lo viste por última vez cuando era muy chiquito...
—Nahuel: Sí, porque ella había viajado el 13 de mayo. Yo lo vi con un año y tres meses y volví cuando tenía tres años y dos meses. Es extraño. Anda corriendo, habla, tiene todos los dientes, dejó el pañal. Muchísimas cosas pasaron en ese tiempo. Así que, obvio, es abrumador de entrada tener tanta información del bebé.
—¿Cómo fue el momento en el que se volvieron a comunicar antes de tu liberación y lograste hablar con ella?
—Nahuel: Bueno, después de que estuve en una huelga de hambre me dieron la posibilidad de llamar un jueves por la mañana. Me dijeron que no podía hablar del régimen ni de dónde estaba. Tenía muchas restricciones con respecto a qué iba a decir. Que me ocupara netamente de llamar y preguntar sobre la familia, nada más. Entonces quería escuchar al bebé. Cuando llamé a María, lo primero que le dije fue: “¿Estás con el bebé?”. Me respondió: “No, está en el jardín”. O sea que no sabía qué preguntar. Traté de mandar algunos mensajes a los tíos y a la familia. Ahí le dije: “¿Cómo está la tía Pato y el tío León? ¿Qué están haciendo?”. Porque yo quería saber del “tío León”, para ver por dónde venía la información. Ella me dijo: “La tía Pato está trabajando por vos, tranquilo”. En ese momento, por lo que me dijo, entendí que ella no sabía quién era el “tío León”, entonces no me dijo nada. Pero la idea era decir: “Che, yo también quiero saber, dame información”. Pero bueno, en ese momento no podía preguntar mucho porque tenía encima a quienes controlaban la llamada y me la cortaban si decía algo que no les gustaba. Tenía al director al lado mío, viendo qué decía. No era la llamada más esperada por ellos porque querían saber qué decía yo o qué información me daban a mí. Así que fue cortita y rápida, después de mucho tiempo.
—Durante tu detención pasaste muchas noches en soledad y con la incertidumbre de qué iba a pasar. ¿Cómo es ahora estar acá? ¿Hay tranquilidad o todavía aparecen los fantasmas de lo que pasó?
—Nahuel: Tranquilidad no tengo, sabiendo que los que estaban conmigo siguen ahí. Yo sé lo que es estar ahí y sé la incertidumbre que ellos tienen, porque yo la pasé. Y hay gente que tiene más días que yo. Imagínese: yo salí después de más de un año y todavía hay gente que va a llegar a los dos años ahí, como los colombianos. Entonces no, tranquilidad no tengo. A veces uno se pone a pensar y decir qué más puedo hacer, qué más puedo hacer para que se escuche, para que se levante la voz, para decir que los que están ahí están sufriendo, que hagan algo. Porque es fácil decir: “Ya vamos a trabajar, ya vamos a hacer algo”. Y los días pasan, las horas pasan. Veinticuatro horas de estar ahí son como cuarenta y ocho horas nuestras. Es eterno. Estar una hora ahí es eterno. No te lo puedo explicar porque es eterno.
—Después de esta experiencia, ¿cómo definirían al régimen venezolano y la situación que atraviesa el país?
—María Alexandra: Bueno, mirá, Venezuela es un país hermoso. Es un país muy bonito, un país que no merece nada de lo que le está pasando. Y la mayoría de las personas, como Nahuel, como todos los extranjeros que estuvieron y aún están dentro de cárceles en Venezuela, simplemente fueron a conocer eso de lo que tanto se ve y de lo que tanto se hablaba. El régimen aún sigue. Pasó un 3 de enero y salió alguien importante, pero aún quedan personas muchísimo más malas que ellos. Y duele. Duele ver que hay muchísima gente privada de su libertad, madres, hermanas y esposas a las afueras de centros de tortura en Venezuela, y que aún no haya ese grado de humanidad para con esas personas. Es doloroso ver a un país que merece mucho más y que todavía esté en estas condiciones. Yo siempre se lo digo a Nahuel en cada oportunidad que tengo, y sé que muchísimos venezolanos también lo hacemos: pedirle disculpas y perdón por todo lo que le pasó. Porque no es la Venezuela que le queríamos mostrar. La Venezuela que queríamos mostrar es esa Venezuela digna, de gente buena, de playas bonitas, de comida sabrosa. Lastimosamente es un país muy bonito, pero con personas muy malas en el poder.
—¿Qué les dirías a quienes fueron tus compañeros de prisión si pudieras tenerlos enfrente?
—Nahuel: Que en algún momento les va a llegar la libertad. Que no nacieron ahí. Que nadie, nadie nació para estar encerrado injustamente. Que tarde o temprano van a salir. Lo único que puedo decir es algo que me dijeron los venezolanos que estaban conmigo: que esto no es Venezuela, que el régimen no identifica a Venezuela. Entonces les diría que se llenen de paciencia, que sigan con su fortaleza mental y que recuerden que la familia los está esperando.