Mendoza suspendió las clases por el Zonda: la difícil decisión entre prevenir y esperar
La medida alcanzó a toda la provincia. Las consecuencias del viento y la intensidad finalmente registrada abren un interrogante. Lo de siempre.
Las clases presenciales fueron suspendidas en Mendoza durante toda la jornada del jueves.
ALF PONCE MERCADO / MDZLa decisión de suspender las actividades escolares en toda la provincia volvió a poner sobre la mesa una pregunta que aparece cada vez que el pronóstico anticipa un episodio de viento Zonda: ¿hasta dónde debe llegar la prevención cuando no se conoce la intensidad real que tendrá el fenómeno?
Este jueves 24 de septiembre, Mendoza amaneció sin clases por una alerta naranja del Servicio Meteorológico Nacional (SMN). La medida, que inicialmente alcanzó al turno mañana, se extendió a los turnos tarde, vespertino y nocturno, además de las actividades presenciales de todos los niveles y modalidades.
Sin embargo, con el correr de las horas, el viento no tuvo en todos los sectores la intensidad que se esperaba. Aunque se registraron numerosas incidencias, la jornada dejó un interrogante que excede lo meteorológico: ¿fue acertado suspender las clases durante todo el día?
La prevención frente a un fenómeno impredecible
La decisión de la Dirección General de Escuelas (DGE) no fue arbitraria. Se apoyó en los informes del SMN y de la Dirección de Contingencias Climáticas, que anticipaban condiciones de riesgo en gran parte de Mendoza. En una provincia acostumbrada al Zonda, sus consecuencias son conocidas: árboles y postes caídos, cables cortados, incendios y complicaciones para circular.
De hecho, el último informe de Defensa Civil contabilizó 176 incidentes, más de 70 árboles caídos, voladuras de techos e incendios en campos. También se reportaron tres viviendas incendiadas, una en Guaymallén y dos en Lavalle. Que el viento no haya alcanzado en todos lados la intensidad pronosticada no significa que no existieran riesgos concretos.
¿Se puede encontrar un equilibrio?
Suspender las clases implica mucho más que cerrar las escuelas. Afecta la organización de miles de familias, las actividades laborales de los adultos y la continuidad pedagógica de los estudiantes. Cuando la medida se extiende a toda la provincia, incluso a zonas donde las condiciones pueden ser diferentes, el impacto es todavía mayor.
Pero el dilema es evidente: si las autoridades esperan a que el viento alcance su máxima intensidad para tomar una decisión, pueden llegar demasiado tarde. Y si suspenden con anticipación ante un pronóstico que luego no se cumple en toda su magnitud, aparece el cuestionamiento por una medida que, a la luz de lo sucedido, puede parecer excesiva.
La jornada dejó una situación difícil de evaluar en términos absolutos. La suspensión se decidió a partir de los pronósticos disponibles, mientras que las condiciones que finalmente se registraron fueron diferentes de las previstas en algunos sectores. Entre la necesidad de prevenir riesgos y las consecuencias de interrumpir las actividades, el episodio vuelve a plantear una pregunta sin una respuesta sencilla: ¿cómo decidir cuándo el riesgo justifica suspender las clases?