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Marta Caviglia: "Aprender a vivir el duelo: acompañamiento, reflexión y crecimiento"

Marta Caviglia, especialista en pérdidas y cuidados paliativos, explica cómo atravesar pérdidas y transformar el duelo en crecimiento y fortaleza.


El duelo es un proceso inevitable que atraviesa a todas las personas en algún momento de la vida. Marta Caviglia , especialista en pérdidas, docente de la Universidad Austral y orientadora familiar, nos invita a comprender que no se trata solo de superar la ausencia, sino de integrar esa experiencia y encontrar crecimiento en medio del dolor. El duelo se vive en todas las dimensiones: física, emocional, social y espiritual.

En su experiencia, tanto en la atención de familiares de pacientes como en cuidados paliativos pediátricos, Marta Caviglia observa que cada duelo es único, ligado a vínculos, proyectos y expectativas. Más allá de la pérdida de un ser querido, también se puede vivir un duelo por trabajos, proyectos o etapas de la vida. Para ella, reconocer, expresar y acompañar el dolor permite avanzar y valorar la vida, la familia y la conexión con quienes nos rodean.

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Entrevista Marta Caviglia

-¿Qué es el duelo y por qué todos lo vivimos?

-El duelo siempre se vive en sociedad porque somos seres sociales. Nadie sabe mejor del duelo que el propio doliente. Es la reacción que tenemos ante un desapego, ante una pérdida. Puede ser la muerte de un familiar, un amigo, un compañero de trabajo, o incluso la pérdida de un proyecto, una etapa de la vida o un sueño que nos importaba mucho. Todos lo hemos vivido, nadie zafa de eso. Cada duelo tiene su propia biografía, está ligado a los vínculos, al cariño, a las expectativas y a lo que invertimos emocionalmente. No se trata de ‘superarlo’ rápidamente; se trata de acompañarlo, de escucharlo, de sentirlo y de permitirnos atravesar cada emoción. Es un proceso único y profundamente personal, que nos transforma de alguna manera.

-¿Cómo se manifiesta un duelo en nuestro día a día?

El duelo nos atraviesa en todas las dimensiones: física, emocional, social y espiritual. Puede doler hasta en lo más físico, incluso "hasta el pelo", como decimos, y afectar el sueño, el apetito, la energía. Muchas veces aparece tristeza, culpa, enojo o confusión. He visto personas con fiebre o malestares físicos porque el duelo se refleja en el cuerpo. Incluso podemos sentirnos desconectados, sin ganas de hablar o de relacionarnos. Lo importante es reconocerlo: si lo sentimos y lo ponemos en palabras, podemos ir trabajando internamente, desarmando los nudos que quedan del pasado y aprendiendo a vivir con la pérdida.

-¿Se puede evitar el duelo o es necesario vivirlo?

-No nos queda otra que vivirlo. Si lo evadimos, aunque trabajemos mucho y estemos ocupados, tarde o temprano vuelve a aflorar. No es el tiempo lo que lo cura, sino el trabajo interno, el masticar cada emoción, reflexionar sobre lo que sentimos, desarmar los nudos que quedaron del pasado. Por ejemplo, mucha gente dice "quiero pedir perdón" a alguien que ya no está, pero se queda anclada en esa situación. El duelo requiere enfrentar esas emociones, ponerles palabras y compartirlas, para poder integrarlas y avanzar con nuestra vida. Solo cuando lo vivimos y lo aceptamos, podemos transformar ese dolor en aprendizaje y crecimiento.

-¿El duelo siempre está ligado a la muerte?

-No siempre. Puede ser la pérdida de un proyecto, un trabajo, una relación o una etapa de la vida. Es un proceso de adaptación: rearmarnos y continuar sin aquello que perdimos. Por ejemplo, un ejecutivo que se jubila puede sentir un duelo profundo: todos lo respetan en su empresa, pero llega a casa y se pregunta ‘¿cuál es mi proyecto de vida ahora?’. El duelo nos atraviesa cada vez que algo que era central desaparece. Aprender a vivir con ese vacío mientras seguimos creciendo es parte del aprendizaje que nos trae la vida.

Uno tiene miedo de olvidar a esa persona

Uno tiene miedo de olvidar a esa persona

-¿Cómo se integran los duelos difíciles en la vida cotidiana?

-El duelo no se supera como una carrera, se integra. Aprendemos a vivir con la ausencia y a honrar la experiencia vivida. Surge el perdón y la compasión, tanto hacia los demás como hacia nosotros mismos. Por ejemplo, si no pudimos decir algo importante a un ser querido, podemos trabajarlo internamente y honrar esa relación desde el recuerdo y la memoria. Cada duelo nos enseña a valorar más la vida, a priorizar lo que realmente importa y a enfocarnos en las personas y momentos que tenemos a nuestro alrededor.

-¿Qué nos enseña atravesar un duelo?

El duelo nos hace crecer y madurar. Nos ayuda a valorar más a las personas que tenemos alrededor y a encontrar fortalezas dentro de nosotros mismos. Después de atravesarlo, uno aprecia el trabajo, las amistades, la familia y los pequeños momentos cotidianos. Nos obliga a mirar nuestra vida con perspectiva, a reconocer lo valioso y a aprender a vivir con gratitud, aunque haya dolor. Nos enseña que cada pérdida nos transforma y que cada vínculo, por pequeño que sea, deja una huella imborrable.

-¿Cómo se acompaña un duelo anticipado, como en cuidados paliativos pediátricos?

-Con mucho dolor, pero también con amor. El acompañamiento a la familia significa estar presente, contener, escuchar y dar espacio a sus emociones. En estos casos, los padres y hermanos viven anticipadamente la pérdida y cada instante de la vida del niño se vuelve precioso. Aunque la enfermedad tenga fecha de vencimiento, cada momento de cariño, juego, conversación y cuidado se convierte en un recuerdo imborrable. Este trabajo nos enseña a poner perspectiva, valorar la vida y vivir el presente con intensidad. Lo que uno da, también recibe: cada abrazo, cada sonrisa, nos transforma.

Recordar al fallecido con una sonrisa

Recordar al fallecido con una sonrisa

-¿Qué mensaje darías a quienes sienten la ausencia de un ser querido en fechas especiales?

-Si lo extraño tanto es porque fue muy importante en mi vida. En esas fechas, el duelo se puede vivir como una oportunidad para honrar al ser querido, agradecer todo lo que nos dio y recordar los momentos compartidos. Es ponerle intención a la memoria, reconocer su importancia y seguir adelante con nuestra vida. El duelo no desaparece, pero se transforma en experiencia que nos conecta con el amor recibido y nos ayuda a valorar aún más la vida, las personas y los proyectos que tenemos por delante. Es una forma de honrar y mantener viva la presencia del ser querido en nuestro corazón.