La UCA apuesta por una educación que la inteligencia artificial no puede reemplazar
Las Experiencias Formativas Inclusivas combinan aprendizaje académico y servicio comunitario para formar profesionales comprometidos con la realidad.
Desde las instituciones de educación superior tenemos que seguir ocupándonos de la formación de hombres y mujeres.
Archivo.Mientras se discute cada vez más qué lugar debe ocupar la inteligencia artificial en las aulas, la Universidad Católica Argentina (UCA) sostiene desde hace varios años una postura que hoy adquiere mayor vigencia: la tecnología puede potenciar el aprendizaje, pero nunca reemplazar la experiencia de formar personas capaces de comprender la realidad, comprometerse con ella y transformarla.
Las Experiencias Formativas Inclusivas (EFI), son una modalidad que viene implementando la universidad mediante la cual se desarrolla la metodología Aprendizaje y Servicio. La propuesta tiene como objetivo integrar de manera conjunta el aprendizaje académico brindado por los docentes con la resolución de necesidades concretas de organizaciones de la sociedad civil, escuelas, parroquias, hospitales, municipios y cooperativas que se constituyen en socios comunitarios de la universidad. El desarrollo e implementación de una EFI llevada a cabo por los universitarios parte de los contenidos curriculares de la asignatura y de una necesidad concreta de la comunidad. Los estudiantes ponen en práctica los conocimientos específicos de la materia que están cursando para generar respuestas a problemas reales planteados por esos socios comunitarios. De este modo, el aprendizaje deja de ser exclusivamente teórico para convertirse en una experiencia donde el conocimiento se verifica, se profundiza y, sobre todo, adquiere sentido en contacto con la realidad.
Las universidades tienen el desafío por delante de fortalecer aquello que la IA no puede asumir, como ser: la capacidad de escuchar, empatizar, discernir, comprender la complejidad de las personas y asumir la responsabilidad ética que implica toda intervención profesional.
Una educación centrada en la persona
La Dirección de Compromiso Social y Extensión nació en 2010 por iniciativa del entonces rector, monseñor Víctor Manuel Fernández y el Gran Canciller de la universidad, el cardenal Jorge Mario Bergoglio. Desde sus comienzos buscó integrar la excelencia académica con una presencia concreta en las realidades sociales más desafiantes. Estudiantes de distintas carreras acompañaron proyectos de atención psicológica y psicopedagógica, de acceso al agua potable, capacitación a emprendedores, de formación musical y hasta una radio comunitaria, La 96, que sigue transmitiendo en la actualidad. Aquellos primeros proyectos desarrollados en los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires fueron el punto de partida de una propuesta que hoy se encuentra institucionalizada en las sedes de Buenos Aires, Rosario, Mendoza y Paraná, con más de un centenar de cátedras que implementan esta metodología a lo largo de las distintas carreras en la universidad.
La experiencia recolectada durante estos años nos obliga a seguir pensando en modelos pedagógicos que entiendan que la formación universitaria no se limita a la mera transmisión de conocimientos, sino que deben buscar el desarrollo integral de los estudiantes abarcando distintas aristas durante el proceso formativo. La propuesta educativa de la UCA parte precisamente de esa centralidad de la persona humana. Formar profesionales competentes resulta indispensable para toda institución de educación superior, pero entendemos que no es suficiente. La universidad debe proponerse formar graduados capaces de poner su profesión al servicio del bien común, comprometidos con la dignidad de cada persona y preparados para responder responsablemente a los desafíos de nuestro tiempo. Se trata de formar auténticos graduados "expertos en humanidad".
Una propuesta académica con impacto social
El académico Andrew Furco, especialista en aprendizaje y servicio, sintetiza esta metodología mediante el principio de la "doble intencionalidad": todo proyecto debe alcanzar simultáneamente un objetivo académico y un objetivo de servicio. En la UCA este principio adquiere una expresión concreta: cada EFI nace desde la cátedra, responde a los objetivos curriculares de la asignatura y, al mismo tiempo, procura ofrecer soluciones reales a necesidades planteadas por los socios comunitarios que articulan con los docentes de cada una de las cátedras. Bajo esta propuesta, el aprendizaje que se busca para los universitarios durante su cursada no se limita a que adquieran conocimientos teóricos, sino que busca transformar el conocimiento que reciben en una propuesta de servicio, que a su vez conlleva una experiencia profunda de formación profesional y humana.
Esta propuesta, para encarnarse en la universidad, es acompañada y avalada desde el proyecto institucional 2025-2028 al señalar: “La Universidad, al involucrarse de manera activa con la comunidad, no solo transmite sus conocimientos, sino que también se nutre de la sabiduría práctica y de las necesidades concretas que emergen del medio social, generando un vínculo de reciprocidad”. Distintos relevamientos realizados a alumnos, docentes y socios comunitarios muestran que se produce esa integración al implementar las EFI. Algunos ejemplos de estos últimos cuatrimestres son los realizados por estudiantes de Ingeniería Ambiental al desarrollar un sistema de gestión de residuos para una organización social; alumnos de la materia de administración de empresas que acompañan a desarrollar y/o fortalecer el proceso productivo de emprendimientos sociales llevados adelante por mujeres; universitarios de ciencias políticas que elaboran proyectos de reformas de ley que son presentados en la legislatura local; futuros profesionales de la salud y psicología que diseñaron estrategias de prevención del consumo junto a escuelas.
Una respuesta vigente para los desafíos actuales
Las propuestas de los Papas Francisco y León XIV sobre la educación hacen hincapié en que educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino en acompañar el crecimiento integral de la persona. En octubre de 2025, el Papa León XIV publicó la Carta Apostólica "Diseñar Nuevos Mapas de Esperanza", con motivo de los sesenta años de la declaración conciliar Gravissimum Educationis. Allí planteó una idea que resuena directamente con lo que desde la Universidad Católica se viene promoviendo: la educación no es una tarea técnica, sino un acto de esperanza, una misión capaz de transformar el corazón de las personas y, con ellas, la sociedad. El Cardenal José Tolentino de Mendonça, cuando recibió el doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad, ya nos invitaba a que la universidad sea un “laboratorio de esperanza”.
El documento pontificio nos recuerda la idea de la "cultura del encuentro" a la que nos invitaba a transitar Francisco, donde la fe, la cultura y la vida cotidiana puedan dialogar, y de la educación como una obra coral: nadie educa solo, y la alianza entre la familia y la institución educativa sigue siendo insustituible. Frente a los desafíos tecnológicos y sociales del presente, el Papa pide construir puentes en lugar de muros, y recuerda que el horizonte final de toda formación es preparar personas capaces de servir a los demás desde su vida cotidiana. En un contexto atravesado por los rápidos avances de la tecnología, esta perspectiva adquiere una relevancia renovada. La universidad debe seguir formando profesionales altamente competentes, pero también ciudadanos comprometidos, capaces de interpretar la realidad, construir vínculos, dialogar con quienes piensan distinto y poner sus conocimientos al servicio del desarrollo humano. Hace poco escuche a un educador decir “el territorio es un libro vivo que nos enseña constantemente”.
Desde las instituciones de educación superior tenemos que seguir ocupándonos de la formación de hombres y mujeres que, desde la excelencia académica y el compromiso social, sean capaces de generar mejoras a la realidad con inteligencia, sensibilidad y esperanza.
* Juan Cruz Hermida. Director Compromiso Social y Extensión. Universidad Católica Argentina.