La Selección argentina: la victoria de la humildad y el esfuerzo
El triunfo ante Inglaterra dejó una enseñanza que trasciende el fútbol: liderazgo, trabajo en equipo y valores para toda la Argentina.
Lionel Scaloni, liderazgo.
EFEHay triunfos que valen por un resultado y otros que trascienden el marcador para convertirse en una lección colectiva. La victoria de la Argentina sobre Inglaterra pertenece a esta última categoría. Porque lo que se celebró en la cancha fue mucho más que el pase a una nueva instancia: fue la confirmación de una manera de entender el esfuerzo, el liderazgo y la condición humana.
Nuestra Selección argentina de Futbol, no es simplemente un equipo de fútbol. Es una comunidad de hombres que corren unos por otros, que luchan hasta el último aliento, que entienden que el brillo individual sólo tiene sentido cuando ilumina al conjunto. Cada pelota disputada, cada sacrificio silencioso, cada gesto de solidaridad dentro del campo parecen recordarnos que las grandes obras nunca son el fruto de una sola voluntad, sino de una suma de voluntades orientadas hacia un mismo destino. Detrás de esta construcción aparece la figura serena de Lionel Scaloni. Sin estridencias, sin gestos grandilocuentes, sin necesidad de humillar a nadie para afirmar su autoridad. Su liderazgo demuestra que la firmeza puede convivir con la sencillez y que los resultados más extraordinarios suelen nacer de la paciencia, del trabajo y de la confianza. Afuera de la cancha está el conductor; dentro de ella, Lionel Messi.
Y allí reside quizá una de las mayores enseñanzas de este ciclo. El mejor futbolista de todos los tiempos, admirado en cada rincón del planeta, eligió ejercer la grandeza desde la humildad. Corre, marca, lucha y se sacrifica como uno más. No reclama privilegios ni exhibe superioridad. Su talento incomparable jamás lo apartó de sus compañeros; por el contrario, lo acercó a ellos. Messi lidera porque sirve a los demás, porque inspira, porque hace mejores a quienes lo rodean. No me avergüenzo en expresar que escribo estas líneas con los ojos llenos de lágrimas de una emoción nacida al calor de las minutos finales de un partido electrizante y, entonces, me pregunto: porque este equipo emociona tanto? Conmueve porque representa valores que los argentinos anhelamos ver reflejados también en otros ámbitos de la vida nacional: el mérito por encima del privilegio, el esfuerzo por encima de la excusa, la cooperación por encima de la discordia. En tiempos de enfrentamientos estériles, de agravios permanentes y de descalificaciones que empobrecen el debate público, esta Selección demuestra que es posible alcanzar la excelencia sin recurrir a la soberbia, sin despreciar al adversario y sin convertir la diferencia en enemistad.
Sería saludable que los más altos dirigentes de nuestro país observaran con atención esta experiencia. No para apropiarse de ella, sino para aprender de ella. Porque aquí hay una enseñanza profunda sobre cómo construir liderazgo, cómo generar confianza y cómo alcanzar objetivos comunes sin sembrar divisiones innecesarias. Y precisamente por eso nadie debería intentar obtener un bastardo rédito político de estas victorias. Estos jugadores pertenecen a todos los argentinos. Son patrimonio moral y deportivo de una nación entera. Su ejemplo excede cualquier circunstancia partidaria y cualquier coyuntura electoral. La camiseta celeste y blanca está por encima de las diferencias que legítimamente pueden separarnos.
En el fondo, acaso sea esa la razón por la cual millones de argentinos se sienten representados por este grupo extraordinario. Porque en ellos reconocen una versión mejor de nosotros mismos. Una Argentina que trabaja, que persevera, que no se rinde, que respeta, que se esfuerza y que sueña. La victoria frente a Inglaterra quedará registrada en las estadísticas del fútbol. Pero lo verdaderamente importante permanecerá en otro lugar: en la demostración de que la humildad puede derrotar a la arrogancia, que el trabajo puede más que las excusas y que los grandes logros nacen cuando cada uno está dispuesto a darlo todo por algo que es mucho más grande que sí mismo.
Esa es la verdadera victoria
Y esa es la lección que esta generación de campeones le regala hoy a la Argentina.
* Dr. Jorge R. Enríquez, exdiputado nacional – Presidente de la Asociación Civil JUSTA CAUSA
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