La madre de una de las jóvenes abusadas en la UNCuyo escribió una fuerte carta

La mujer expresó su dolor al enterarse por lo que tuvo que atravesar su hija. "No es fácil comprender, para quien no lo ha vivido, lo traumático y doloroso que resulta ser víctima de estas agresiones. Lo desgarrador que es, como mamá, descubrir que tu hija, tan joven, casi adolescente, ha tenido que sufrir algo así", señala.

Redacción MDZ

Mauro Aguirre

Pachy Reynoso/MDZ

La madre de una de las jóvenes que denunciaron a Mauro Aguirre, profesor de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales imputado y acusado en 7 presuntos casos de abuso sexual, realizó una carta pública. Allí expresó su dolor por lo que tuvo que atravesar su hija.

"A nuestra sociedad, lamentablemente, le ha llevado mucho tiempo comprender que el abuso es un delito sin importar el marco en el que ocurra. Aún hoy se buscan atenuantes que justifiquen las acciones de los abusadores, revictimizando insensiblemente a quienes se atreven a enfrentarlos", indica en un apartado.

A continuación, la carta completa:

Frente a las expresiones mediáticas de tres de los imputados en la causa contra el Profesor Mauro Aguirre por abuso sexual, siento que es inevitable expresarme desde lo que soy: la madre de una de las jóvenes denunciantes. Y me arrogo el derecho, permítanme, de hablar en plural, de hacerme eco de las madres de las demás jóvenes involucradas en este hecho y de tantas otras madres cuyas hijas han sufrido abusos, acoso, maltrato y discriminación.

No es fácil comprender, para quien no lo ha vivido, lo traumático y doloroso que resulta ser víctima de estas agresiones. Lo desgarrador que es, como mamá, descubrir que tu hija, tan joven, casi adolescente, ha tenido que sufrir algo así. Lo difícil que es enfrentarlo, buscar ayuda, sobreponerse, fortalecerse y -finalmente- determinarse a iniciar el largo camino que implica un proceso judicial. A nuestra sociedad, lamentablemente, le ha llevado mucho tiempo comprender que el abuso es un delito sin importar el marco en el que ocurra. Aún hoy se buscan atenuantes que justifiquen las acciones de los abusadores, revictimizando insensiblemente a quienes se atreven a enfrentarlos.

Recientemente, escuché a los acusados de partícipes en esta causa quejarse del desprestigio social que esto les causa y de la pérdida de sus trabajos como docentes, en una nota llena de empatía en la cual se hablaba de las “amenazas” de las que son víctimas y los posibles “consentimientos” de las jóvenes denunciantes. Por último, concluían con un insólito reclamo de que “se investigue”.

Francamente, me produjo indignación ¿Que se investigue? Estas personas están siendo investigadas. Están imputadas en un proceso penal justamente porque nuestras hijas recurrieron, como corresponde, a radicar su denuncia en la justicia. Y a lo largo de todo este tiempo, desde que se produjeron los primeros hechos denunciados hasta el presente, han sufrido las consecuencias. No solo del abuso. Enfrentar judicialmente a sus agresores genera un enorme desgaste que ha implicado pérdidas también en lo laboral, en lo académico, en el normal funcionamiento de sus vidas. Y, por supuesto, temores. Nadie que conozca esta organización se asombrará de eso, porque sabe que tan amenazante puede ser. Sin embargo siguen adelante, sin estridencias, porque saben que es lo corresponde hacer.

Como madres, no podemos menos que apelar a que se comprenda cabalmente la seriedad y gravedad de la situación. Tres de los imputados son docentes. El Sr. Mauro Aguirre es un profesor mucho mayor que nuestras hijas; una persona que, lógicamente, podía generar admiración y afecto por parte de sus alumnos y de sus alumnas; que estaba en condiciones de ganar su confianza; alguien que debía acompañarlos en su proceso de formación. De todo eso tomó provecho de la peor manera, tanto él como quienes están acusados de partícipes y hoy revictimizan a nuestras hijas en medios y redes.

No pretendemos que nadie se ponga en nuestro lugar. Eso no es posible. Solo esperamos que quienes lean esta carta comprendan que los hechos que se investigan son graves y dolorosos. Hemos elegido el único camino en el que creemos, el de la justicia. No gritamos, no amenazamos, no arengamos. Detrás de cada una de las denunciantes hay una familia que la ama, la apoya, pena junto a ella el dolor de lo sufrido y se fortalece con la esperanza de que esa justicia nos dé respuestas. Eso es todo. Y no es poco. Porque en tiempos difíciles e insolidarios, nuestras hijas nos han enseñado que luchar unidos por lo que creemos justo es la única forma de sanar las heridas.

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