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La inteligencia artificial devuelve tiempo y abre una pregunta clave: cómo vivir mejor

Entre pantallas, hábitos y educación, el reto es usar ese tiempo con propósito y conciencia, como ayuda la Inteligencia Artificial a vivir mejor.


Vivimos en una época atravesada por una queja frecuente: no tengo tiempo. No hay tiempo para los amigos, no hay tiempo para conversar con los hijos, no hay tiempo para leer, para detenernos o para pensar. El tiempo parece haberse convertido en uno de los bienes más escasos y más deseados.

Sin embargo, paradójicamente, estamos viviendo una revolución tecnológica que está cambiando radicalmente nuestra relación con el tiempo. La inteligencia artificial es capaz de resolver en minutos tareas que antes podían llevarnos horas: redactar, organizar información, resumir textos, analizar datos o planificar actividades. Es decir, algo que parecía imposible comienza a ocurrir: la tecnología nos devuelve tiempo. Pero entonces aparece una pregunta incómoda: si ahora tenemos más tiempo disponible… ¿qué estamos haciendo con él?

La neurociencia nos recuerda algo interesante: el cerebro humano tiene una tendencia natural a la queja. Desde una perspectiva evolutiva, nuestro sistema nervioso está diseñado para detectar problemas y amenazas. Por eso es tan frecuente escuchar frases como no llego, no me alcanza el día, estoy corriendo todo el tiempo. Sin embargo, cuando observamos con honestidad cómo usamos nuestro tiempo, muchas veces descubrimos algo distinto. Una gran parte de ese tiempo liberado por la tecnología se llena rápidamente con estímulos que nos entretienen, pero que no necesariamente nos nutren: scroll infinito en redes sociales, videos breves que consumimos sin pausa, series que encadenamos episodio tras episodio.

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La inteligencia artificial es capaz de resolver en minutos tareas que antes podían llevarnos horas.

No se trata de demonizar el descanso o el entretenimiento

Todos necesitamos momentos de ocio. El problema aparece cuando ese tiempo se convierte en una forma de desconectarnos de nosotros mismos. Porque el verdadero desafío de esta época no es solamente tecnológico. Es profundamente humano. Tal vez la gran pregunta que nos trae la inteligencia artificial no sea cómo usar mejor las máquinas, sino cómo usar mejor el tiempo que las máquinas nos devuelven.

  • Tiempo para pensar.
  • Tiempo para conversar.
  • Tiempo para construir vínculos.
  • Tiempo para preguntarnos quiénes queremos ser.

Este tema se vuelve aún más relevante cuando pensamos en niños y adolescentes. La neurociencia ha demostrado que el cerebro, especialmente el lóbulo prefrontal —la región asociada con la planificación, el autocontrol y la toma de decisiones— termina de desarrollarse recién alrededor de los treinta años. Por eso se suele decir que los adultos “prestamos” nuestros lóbulos prefrontales a los más jóvenes. Es decir, somos nosotros quienes debemos ayudar a orientar sus decisiones, sus hábitos y su relación con el tiempo. Y esto es fundamental, porque los hábitos terminan construyendo a las personas.

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Todos necesitamos momentos de ocio.

El cerebro termina de desarrollarse a los 30 años

Si un niño o un adolescente aprende a ocupar su tiempo únicamente en estímulos rápidos y superficiales, ese patrón se vuelve costumbre. Pero si aprende a cultivar conversaciones, curiosidad, lectura, movimiento, creatividad o reflexión, también está construyendo un modo de vivir.por otro lado y resulta crucial : Formar carácter hoy es preparar a los jóvenes para un futuro donde la tecnología será poderosa, pero la conciencia moral deberá ser aún más fuerte. Por eso si las generaciones que hoy están en nuestras escuelas serán quienes programen la inteligencia artificial del futuro, la gran pregunta educativa no es qué máquinas sabrán crear, sino qué valores guiarán esas creaciones. Ahí es donde estoy convencida d eque el tiempo debe estar orientado y centrado en el desafío educativo que no es competir con las máquinas, sino educar aquello que las máquinas no pueden ser: personas con virtudes.

La inteligencia artificial es una herramienta extraordinaria

Puede ayudarnos a optimizar tareas, a organizar información y a liberar horas de trabajo. Pero la tecnología no puede decidir por nosotros qué hacer con ese tiempo. Esa decisión sigue siendo profundamente humana. Tal vez este sea uno de los desafíos culturales más importantes de nuestra época: aprender a usar el tiempo con sentido. No para hacer más cosas. Sino para vivir mejor.

Porque en el fondo, el tiempo no es solamente un recurso. Es la materia de la que está hecha nuestra vida.

* Lic. Erica Miretti. Psicóloga , docente Neuropsicoeducadora.