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La increíble red escondida bajo nuestros pies que podría cambiar lo que sabemos sobre la vida en la Tierra

Un mapa mundial reveló por primera vez una gigantesca red de hongos que conecta plantas, almacena carbono y ayuda a sostener la vida.


Cada paso que damos sobre un parque, un bosque o un jardín transcurre sobre un universo que nunca vemos. Mientras caminamos, bajo apenas unos centímetros de tierra, millones de filamentos microscópicos trabajan sin descanso transportando agua, nutrientes y carbono entre las plantas. Durante décadas los científicos supieron que existían, pero recién ahora lograron medir la verdadera dimensión de esa inmensa red natural.

El resultado sorprendió incluso a los especialistas. Un estudio internacional, publicado en la revista Science, reveló que bajo la superficie terrestre se extiende una red de aproximadamente 110 billones de kilómetros formada por hongos microscópicos. Para tener una idea de su magnitud, esa distancia equivale a casi mil millones de veces el recorrido entre la Tierra y el Sol.

El hallazgo representa el primer mapa global de las redes de hongos micorrícicos arbusculares, organismos que viven asociados a las raíces de las plantas y que desempeñan un papel decisivo tanto para el funcionamiento de los ecosistemas como para la regulación del clima.

Hongos micorrícicos observados al microscopio en el instituto de biofísica AMOLF de Ámsterdam. Imagen de Tomás Munita.

El mundo invisible que sostiene los ecosistemas

Aunque rara vez pensamos en ellos, estos hongos forman alianzas con cerca del 70% de las especies vegetales del planeta. Su trabajo consiste en actuar como una prolongación de las raíces. Mientras las plantas producen azúcares mediante la fotosíntesis y los comparten con los hongos, estos exploran el suelo en busca de agua y minerales esenciales que luego transportan hacia las plantas.

Gracias a esta cooperación, una raíz puede multiplicar hasta cien veces su capacidad para absorber nutrientes, especialmente fósforo, indispensable para el crecimiento vegetal. Los científicos comparan este entramado con una gigantesca red logística o con un sistema circulatorio que mantiene conectados los ecosistemas desde el subsuelo.

Extracción de una muestra de suelo. Foto: Tomás Munita

Cómo lograron descubrir una estructura que nadie podía medir

Hasta ahora nadie había conseguido calcular el tamaño real de esta red. Para hacerlo, investigadores de distintos países analizaron más de 16.000 muestras de suelo recolectadas en diversos ambientes del planeta. Después combinaron esa información con herramientas de inteligencia artificial, imágenes microscópicas de alta resolución y modelos matemáticos capaces de proyectar cómo se distribuyen estos hongos incluso en regiones donde todavía no fueron estudiados.

La investigación también utilizó tecnología robótica para observar más de 300.000 hifas vivas, los diminutos filamentos que conforman el cuerpo de estos organismos. Con todos esos datos fue posible elaborar el primer mapa mundial de una infraestructura biológica que, hasta ahora, permanecía prácticamente oculta.

En una cucharadita de tierra puede haber metros de esta red

Uno de los datos más llamativos del estudio ayuda a dimensionar su magnitud. Según explicó el investigador Justin Stewart, autor principal del trabajo, una simple cucharadita de tierra puede contener hasta diez metros de estos filamentos microscópicos.

Aunque resultan invisibles para el ojo humano, juntos forman una de las estructuras vivas más extensas del planeta.

Un aliado inesperado frente al cambio climático

La importancia de estas redes va mucho más allá del crecimiento de las plantas. Los investigadores estiman que cada año ayudan a incorporar al suelo alrededor de 4.000 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, una cantidad cercana al 11% de todas las emisiones generadas por las actividades humanas.

Al almacenar ese carbono bajo tierra, estos hongos contribuyen a disminuir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera y favorecen la estabilidad de los suelos. Por ese motivo, numerosos científicos consideran que comprender su funcionamiento podría convertirse en una herramienta clave para enfrentar el cambio climático.

Red de hongos micorrícicos arbusculares con una espora reproductiva, captada mediante microscopía confocal. Imagen: Truth & Beauty/Moritz Stefaner Justin Stewart/SPUN

Los pastizales esconden uno de los mayores tesoros biológicos del planeta

El mapa también permitió identificar dónde se concentran estas redes. Los pastizales naturales albergan cerca del 40% de toda la infraestructura micorrícica mundial, con áreas de altísima densidad en regiones como los humedales de Sudán del Sur, los Everglades de Estados Unidos y sectores de la meseta tibetana.

Sin embargo, estos ecosistemas figuran entre los ambientes menos protegidos del planeta y continúan siendo reemplazados por áreas agrícolas.

La agricultura también aparece bajo la lupa

Otro de los resultados llamó especialmente la atención de los investigadores. Las simulaciones muestran que las tierras destinadas a cultivos presentan, en promedio, una densidad de redes micorrícicas aproximadamente un 50% menor que la observada en ecosistemas silvestres.

Aunque los especialistas aclaran que todavía hacen falta más estudios para determinar el impacto de cada práctica agrícola, advierten que la pérdida de estas redes podría reducir la capacidad del suelo para almacenar carbono, reciclar nutrientes y soportar períodos de sequía.

Un descubrimiento que recién comienza

Para los autores del trabajo, este mapa no representa el final de la investigación, sino apenas el primer paso. Todavía existen enormes regiones del planeta donde nunca se estudiaron estas comunidades subterráneas y queda mucho por conocer sobre el papel que desempeñan en la biodiversidad y el equilibrio climático.

Lo que sí quedó claro es que, bajo nuestros pies, existe una gigantesca red viva que trabajó durante cientos de millones de años sin llamar la atención de nadie. Hoy, gracias a nuevas tecnologías y al desarrollo de la inteligencia artificial, los científicos comenzaron a revelar uno de los sistemas naturales más complejos y sorprendentes del planeta.