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Kilómetro 0 de Mendoza: lo bueno, lo malo y lo horrible

Una de las esquinas del Kilómetro 0 de Mendoza, al pie del emblemático Edificio Gómez parece una película del conurbano bonaerense. Insólita fealdad.


La Ciudad de Mendoza es producto de la transformación pero, en uno de los vértices del Kilómetro 0, a los pies del emblemático Edificio Gómez, este proceso de cambio es retrógrado y fuera de la tradición urbanística de la ciudad moderna que ha sido orgullo en todo el país y el mundo.

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Avenida Colón: un puesto de flores normal. Así debería ser en toda la ciudad.

Lo mejor

En la misma ciudad y a muy pocas cuadras de allí, un puesto de flores luce normal, más a escala de la urbanidad y sobrio en su instalación. Se ubica en la Avenida Colón, entre Patricias Mendocinas y Avenida Mitre. Es un buen ejemplo para combatir este flagelo estético de quienes quieren imponer sus ideas en el espacio público.

Pero el mejor ejemplo de cómo instalar puestos de flores lo ofrece la propia Municipalidad de Mendoza en varias cuadras que integran la Alameda.

Es un gran paseo que debería ser vigorizado aprovechando las ventajas que han dado resultados urbanísticos positivos en la mayoría de sus aspectos.

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Este polémico puesto de flores, que ya ha expandido el ramo para ofrecer baratelas importadas, crece en una de las zonas más transitadas de la Ciudad de Mendoza. Es un feísmo inusual y descomunal.

Lo peor

Chapas, enrejados, baratelas, un verdadero cachivache urbano. fuera de la estética propia de la ciudad y en peligrosa expansión, asusta en el microcentro de Mendoza, en el Kilómetro 0: San Martín y Garibaldi.

Nació como un puesto de flores y plantas y hoy ya es un emporio de cachivaches importados. Incluso hay testimonios que aseguran que allí viven personas. El modo de construcción bien imita las cuevas de Altamira, lo que parece darles la razón a estos testimonios sobre habitantes fantasmas.

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Ni el puesto ni las condiciones urbanas parecen propias del Kilometro 0 de la Ciudad de Mendoza.

Es un feísmo al que los habitantes y visitantes no están acostumbrados. Y tampoco merecen acostumbrarse a un atropello de enorme magnitid en el espacio público.

Parte del impacto de lo horripilante se explica porque esta precaria intromisión es la transición obligada entre dos emblemas arquitectónicos de Mendoza: el Edificio Gómez y el edficio más que centenario que alberga a diario Los Andes.

Si hubiera un enemigo de la arquitectra clásica y de vanguardia, de la cual ambos predios son acabada muestra, ése enemigo hubiera diseñado el actual negocio callejero de "variedades" que resalta por su aspecto rudimentario y hasta de construcción salvaje (pero mal).

Lo horrible

Otro detalle que horroriza a los urbanistas, arquitectos y peatones es el atentado público contra el diseño urbano de una ciudad de anchas veredas.

Este "puesto" apenas deja dos metros de luz para el tránsito peatonal. Y por ahora hay que agradecer que no existan animales sueltos en sus inmediaciones.

Recordar el incidente que protagonizó la suelta de un pato por parte de los responsables de este puesto es ya un montón de retroceso en la noción de una ciudad moderna, armónica, linda y bien mantenida.

Me resisto a hablar de esto con seriedad: prefiero perder el tiempo de otra manera.
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Ni artesanía innovadora ni artesanía folk: baratelas made in China. El Kilómetro 0 merece mejor atención.

Es posible que los que regentean este negocio paguen sus impuestos municipales y provinciales (queremos creer que esto es así y no hay razón de sospecha), pero, también entendemos que por más elevada que sea la tasa impositiva, nunca alcanzará a reparar un verdadero despropósito urbano.

Más teniendo en cuenta que se trata de un clásico vértice del Kilómetro 0 de la Ciudad de Mendoza.

En este sector no es ni bella, ni de anchas veredas ni de casi nada que tenga que ver con una ciudad importante.