JetSmart: entre los retrasos de los vuelos y la dificultad de contactar al servicio al cliente
La aerolínea JetSmart suma una nueva queja de viajeros que no están conformes con los respectivos servicios que ofrece y la falta de respuesta de la misma.
JetSmart suma un nuevo reclamo de uno de sus pasajeros.
Juan Mateo Aberastain Zubimendi / MDZ.Ramiro se preparaba para tomar un vuelo nocturno con JetSmart cuando recibió una llamada inesperada. Del otro lado, alguien que decía pertenecer a la aerolínea le ofrecía cambiar el horario de su vuelo a cambio de 250 dólares en una gift card.
La propuesta era clara: volar una hora más tarde a cambio de un resarcimiento económico. Sonaba extraño, poco creíble. Además, él necesitaba llegar en el horario que había elegido desde el principio. Tenía compromisos importantes, así que rechazó la oferta una, dos, tres veces.
Todo parecía resuelto hasta que intentó hacer el check-in. Ahí se enteró de que su vuelo había sido reprogramado… igual. Sin aviso previo, sin opción de respuesta. Más tarde, recibió un correo que confirmaba la noticia: su vuelo saldría más tarde, incluso más tarde que la hora que le habían ofrecido en esa primera llamada. La explicación fue que la aeronave había tenido demoras en vuelos anteriores. Pero la sensación fue clara: su decisión no había importado.
¿JetSmart te Llama para Cambiar tu Vuelo?
Ya con la reprogramación confirmada, Ramiro intentó hacer el check-in online, pero el sistema no funcionaba. Sin alternativa, tuvo que presentarse en el aeropuerto de Mendoza para hacerlo en persona. No llevaba equipaje para despachar, solo necesitaba la tarjeta de embarque. Aun así, se encontró con una fila de más de 30 minutos.
Lo más llamativo fue que había una sola persona atendiendo a todos los pasajeros. En pleno caos, nadie daba explicaciones claras y la tensión se acumulaba en el ambiente. Lo que debía ser un trámite simple se convirtió en otro motivo de estrés. El tiempo perdido, la incertidumbre y la falta de personal terminaron de arruinar lo que ya venía complicado.
Reclamar, pero sin que nadie escuche
Después del vuelo, Ramiro quiso hacer las cosas bien. Quiso reclamar. Intentó hacerlo a través de los canales que la aerolínea ofrecía. Primero, lo mandaron a llamar a un número de teléfono. Ese número lo redirigió a un WhatsApp. Pero no era con una persona: era un bot. Un asistente automático que lo llevó por distintas opciones sin resolver nada.
Finalmente, el sistema prometió conectarlo con un agente real. Y lo hizo. Pero apenas comenzó la conversación, esta se cortó. El motivo: el operador terminó el chat porque Ramiro no respondió enseguida. Eso pasó tres veces. El mismo patrón. Esperas largas para hablar con alguien… que se va si no contestás en el acto. Frustrado, abandonó el reclamo. Había agotado su paciencia.
El caso de Ramiro no es aislado. Muchos pasajeros que eligen volar con aerolíneas low cost lo hacen porque es más barato. Pero, ¿qué pasa cuando lo barato termina costando caro en tiempo, nervios y sensación de impotencia? No se trata solo de una demora. Es la suma de decisiones unilaterales, falta de atención y la imposibilidad de hablar con una persona que escuche.
La sensación de que no hay nadie del otro lado. Que estás solo. Que aunque pagaste tu pasaje, tus necesidades no importan. Porque si algo falla, lo más probable es que no haya nadie para ayudarte. Y eso, más allá del precio, es lo que realmente duele.
Lo que queda después del vuelo
Ramiro no pidió nada extraordinario. Solo quería que le respetaran su decisión y, si había un problema, que alguien se lo explicara con claridad. Lo que vivió fue lo contrario: cambios sin su consentimiento, un check-in que no funcionó, largas esperas y una atención que terminó siendo un muro de silencio.
Estas situaciones se repiten, pero muchas veces quedan en la nada. Por eso es importante contarlas. Porque nadie debería sentirse ignorado después de comprar un pasaje. Porque viajar no debería ser una pelea constante. Y porque a veces, contar lo que pasa puede ayudar a que algo, por pequeño que sea, empiece a cambiar.
Si viviste algo parecido, podés compartir tu historia escribiendo a . Quizás no solucione todo, pero puede ser el primer paso para que, al menos, alguien te escuche.