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Hernán Trotta, el artista callejero que da clases de música clásica en el subte

Hernán tiene 42 años, es artista callejero y violinista. Toca en la Línea A del subte y, antes de cada pieza, da una "clase" de música clásica.

Hernán musico portada violín subte A

Cuando Hernán Trotta habló con su familia para decirles que quería dedicarse a la música y ser artista, la reacción fue la esperada por las generaciones que ven las cosas de otra forma. No obstante, tras haber intentado ingeniería en Sistemas en la UTN fugazmente, Hernán sabía que su don no era un hobby ni mucho menos algo pasajero.

Con 20 años arrancó a estudiar música, lo que en el ámbito musical se conoce comunmente como "arrancar de grande", y aún cuando arrastró ese sentimiento durante toda la carrera, nunca dudó de querer dedicarse a lo que verdaderamente lo apasiona. Incluso cuando esa pasión lo llevaría a tener que buscar subsistir en la calle.

Hernan Violinista En El Subte A

El músico Hernán Trotta tocando en la Línea A del Subte.

"Tenés que arrancar a los 13"

En los instrumentos de arco, como el violín o la viola, existe una concepción muy arraigada que se basa en que, para construir una carrera sólida, hay que empezar desde la infancia a familiarizarse con estas extensiones del cuerpo. Esa etiqueta fue una sombra que acompañó a Hernán durante toda su formación, pero que no representó un impedimento para continuar su camino.

Comenzó a estudiar la Licenciatura en Viola a los 20 años en la Universidad Nacional de Cuyo en Mendoza, lugar en el que vivió desde muy chico cuando a su padre lo trasladaron desde Buenos Aires por su trabajo como ferroviario. Antes había intentado seguir el camino más tradicional: se inscribió en la UTN para estudiar Analista en Sistemas, pero luego de un año decidió que no era lo suyo. No obstante, una guitarra que había en su casa y cuyo dueño original Hernán no recuerda, terminó cambiándolo todo.

“Cuando uno sale de la secundaria está con la duda de qué hacer de su vida. Probé con sistemas y no me gustó. Después empecé con guitarra en la universidad y ahí conocí a un amigo que tocaba viola. Me mostró el instrumento y me encantó”, recuerda.

Hernán músico tocando el violín subte
El artista Hernán Trotta toca de 18 a 21 en el subte.

El artista Hernán Trotta toca de 18 a 21 en el subte.

A su vez, también recuerda que sobre todo su padre intentó sacarle de la cabeza la idea de dedicarse a tiempo completo a la música, "él me decía que no me iba a servir como una herramienta para el futuro, que me lo tome más como un hobby, no como un camino profesional", cuenta. No obstante, eso no lo impidió ir detrás de lo que realmente lo movilizaba, y a pesar de las disidencias, su familia pudo comprarle una viola básica de estudio.

A partir de ahí, no paró hasta el 2025. Pasó años formándose, primero en Mendoza y luego en Córdoba, donde terminó la tecnicatura en viola en la Universidad Provincial de Córdoba.

Sin embargo, el camino no fue fácil. En el mundo académico de la música, dice, la competencia es constante y muchas veces poco amable con quienes empiezan más tarde. “En estos instrumentos se supone que tenés que arrancar a los 13 para hacer una buena carrera sólida. Cuando empezás a los 20 ya tenés la etiqueta de que sos grande y toda la carrera la hice con ese peso”, explica.

La decisión de salir del mundo de la orquesta

Durante años, el objetivo de Hernán fue ser parte de una orquesta, uno de los objetivos más seguidos dentro del mundo de la música. Participó en audiciones tanto en Mendoza como en Córdoba, pero con el tiempo empezó a darse cuenta de que ese ambiente no era lo que quería para su desarrollo profesional.

“Es una carrera muy dura y muy competitiva. Muchas devoluciones que recibís son comparándote con otros alumnos, con críticas que no vienen desde un lugar constructivo”, confesó. Además, la cursada de la mayor parte de la carrera es muy solitaria, ya que "vos cursas con un profesor solo", explicó Hernán.

Después de varios años dedicados a la viola, tomó la decisión de vender su instrumento en el 2025 y comprar un violín para "seguir un camino más personal de la música que a mí me gusta y que selecciono para estudiar y luego contarle a la gente que me escucha". Si bien la técnica es similar, el cambio simbolizaba algo más profundo: empezar un camino musical propio, lejos de las estructuras más rígidas del ámbito académico.

Hernán músico Linea A subte violín

“Sentí que con el violín podía seguir un camino más personal. Elegir qué estudiar, qué tocar y cómo presentarlo”, afirmó.

El subte como escenario y salvavidas

El paso a la música callejera no fue romántico ni planificado. Tras años de estudio y preparación, Hernán tuvo que utilizar la calle como escenario alrededor del 2018 debido a una necesidad económica cuando vivía solo en Córdoba y trabajaba dando clases en una orquesta escuela, y el dinero no alcanzaba para cubrir los gastos. Su familia estaba en Buenos Aires, sus hermanos en Mendoza y tenía que encontrar la forma de pagar el alquiler y sobrevivir.

“Al principio me dio miedo. Uno lo hace con timidez e inseguridades, pero necesitaba un ingreso más, así que era animarme y autodesafiarme constantemente”, describió, y agregó: "lo vas haciendo como una práctica, y cuando te filman y te suben a las redes podes ver dónde estás fallando y aprender de eso". Con el tiempo, ese espacio se convirtió no solo en una forma de subsistencia, sino también en en un laboratorio musical y humano en el que "aprendés a ver cómo está tu cuerpo, cómo te estás presentando, cómo es tu predisposición ante el público, y te reís mucho de vos mismo".

Hoy Hernán toca principalmente en la Línea A del subte de Buenos Aires, ciudad a la que volvió a vivir en 2025 después de pasar diez años en Córdoba. Cada jornada comienza de la misma forma: revisa el repertorio, estudia las piezas y prepara cómo las va a presentar. Porque tocar no es lo único que hace.

Una clase de música clásica en el subte

En algún momento del último año, Hernán decidió sumar algo distinto a sus presentaciones para compartir, además de música, una breve historia de cada obra que interpreta. La idea surgió mientras tocaba en trenes y subtes, observando la reacción de los pasajeros a las intervenciones que él planteaba de sus viajes. “Al principio me costaba mucho hablar. Quería decir todo y me salía la mitad y en voz bajita”, recordó.

Sin embargo, fueron los propios usuarios del transporte público quienes lo alentaron a seguir y a perfeccionarse con el paso del tiempo: “Mucha gente me decía ‘tenés que hablar más fuerte porque está bueno lo que decís’. Entonces fui aprendiendo con esas devoluciones del público”. El no ponerse nervioso al hablar, pararse firme y compartir sus conocimientos para que todos puedan disfrutarlos es un proceso que está en continuo crecimiento.

Hoy sus intervenciones funcionan como pequeñas cápsulas culturales en medio del viaje cotidiano. Explica, por ejemplo, cómo el famoso “Ave María” combina un preludio de Johann Sebastián Bach con una melodía escrita 137 años después por otro compositor.

“Muchas veces termina siendo una clase de música en el subte”, dijo entre risas.

La calle como aprendizaje permanente

Después de años de formación académica, Hernán encontró en la calle un tipo de aprendizaje distinto, más inmediato y humano transformando cada vagón es un escenario nuevo y tocando para un público impredecible.

“Es una actualización permanente. Todos los días aprendés algo nuevo: cómo pararte, cómo hablar, cuándo seguir tocando y cuándo retirarte”, explicó. Para él, tocar en el subte es casi como una beca. “Lo veo como un perfeccionamiento pago: voy, estudio, toco y encima me pagan por hacerlo”.

La jornada arranca temprano, a pesar de que su horario de trabajo es de 18 a 21 horas. Dedica tiempo al estudio del instrumento, repasa las historias que cuenta antes de cada obra y planifica cómo será su presentación.

Después llega el momento de bajar al subte y convertir los vagones en escenario. “Tenés que tener una conducta seria: estudiar a la mañana, estar a horario, tocar y después volver a tu casa temprano porque al otro día hay que levantarse para seguir trabajando sobre el repertorio”, describió. Ese camino también empezó a abrir nuevas puertas, cuando recientemente fue invitado a sumarse a un conjunto de tango llamado Alma Tango, después de que una integrante que viajaba lo escuchara tocar durante uno de sus recorridos en el subte.

Vivir de la música callejera

Para Hernán, tocar en el subte no es simplemente una forma ocasional de ganar dinero, sino un trabajo que exige constancia y organización. Aunque reconoce que no es un camino sencillo, aseguró que es posible sostenerse económicamente si se lo toma con seriedad y si se está dispuesto a ser perseverante y profesional.

“Si sos ordenado, disciplinado y perseverante, se puede vivir siendo músico callejero”, aunque eso implica una rutina similar a la de cualquier otro trabajo, en el que se debe estudiar todos los días, preparar el repertorio, practicar lo que va a decirle al público y cumplir horarios. No obstante, resaltó el rol protagónico de su familia, tanto por ser un sostén económico fundamental como también un apoyo incondicional a lo largo de sus estudios y carrera profesional.

Según su experiencia, la clave está en sostener esa disciplina en el tiempo. No se trata de una actividad esporádica ni de un golpe de suerte, sino de perseverancia. “No es que uno tira manteca al techo, pero alcanza para lo mínimo”, reconoció. Esa misma constancia también empezó a abrirle nuevas oportunidades: además del conjunto Alma Tango, Hernán imagina que su propuesta musical (mezclar interpretación con explicación de las obras) puede trasladarse a otros escenarios.

Le gustaría, por ejemplo, tocar en hoteles, restaurantes o incluso en cruceros, para poder estar frente a un público que vaya a verlo tocar, y no que solamente esté de paso. Para eso ya tiene un objetivo concreto: perfeccionar su inglés, una herramienta que considera clave para ampliar sus posibilidades dentro del mundo de la música.

“Quiero seguir tocando, seguir hablando con la gente y generar ese vínculo”, afirmó.

Pero, por sobre todas las cosas, Hernán intenta con su música y su historia, transmitir que no siempre lo relevante termina siendo un éxito enorme, sino que las personas "valoren el proceso y no tanto el resultado".