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Enfermedad invisible: cómo identificar la ludopatía más allá de las apuestas

La normalización del juego y la minimización de la adicción en adultos, especialmente en momentos de crisis, incrementan la vulnerabilidad a la ludopatía.


La ludopatía es una de las problemáticas más duras que atraviesa la sociedad, tanto en menores como en adultos. Al mismo tiempo, es una enfermedad difícil de identificar, por lo que muchas veces pasa desapercibida, aunque quien la sufre puede verse profundamente atravesado por este padecimiento.

Vale aclarar también que, aunque en el contexto del Mundial 2026 se volvió moneda corriente por el bombardeo publicitario, esta enfermedad tiene larga data que va más allá de las publicidades. Los burros, la timba y el escolazo no son palabras nuevas ni tienen que ver con las redes sociales o los teléfonos celulares, sino que es algo presente en la cultura argentina, ya sea por las ilusiones que generara una victoria de Leguisamo en Palermo para no quedar "en Pampa y la vía" o lograr la épica que relató Adolfo Bioy Casares en El sueño de los héroes.

Qué es la ludopatía

Para conocerla, como cualquier enfermedad, a la ludopatía hay que conocerla. Verónica Dobronich, especialista en inteligencia emocional y bienestar, dialogó con MDZ para marcar puntos clave de esta enfermedad, explicando que "la ludopatía no genera solamente un problema económico, que es lo más visible, genera también un deterioro mucho más profundo y silencioso en la vida de una persona. Suele afectar la salud mental, el equilibrio emocional, los vínculos y la capacidad de tomar decisiones sanas".

Al mismo tiempo, destacó que "la persona entra en una lógica de compulsión, donde ya no juega por diversión ni por entretenimiento: juega para recuperar lo perdido, para sentir adrenalina, para escapar de emociones incómodas o incluso para anestesiarse. Muchas veces detrás de la ludopatía hay ansiedad, impulsividad, estrés, vacío emocional, necesidad de validación o una dificultad para tolerar la frustración". En este sentido explicó que "el problema es que el juego activa circuitos de recompensa en el cerebro muy potentes. Y cuando una persona queda atrapada ahí, empieza a depender de esa sensación de 'tal vez esta vez sí'. Esa expectativa es extremadamente adictiva. La ludopatía no empieza con una gran crisis. Muchas veces empieza como algo socialmente aceptado, pequeño, cotidiano y aparentemente inofensivo".

"Si sos menos no juegues": ¿Y si sos mayor?

Antiguamente, antes de la legislación antitabaco en la Argentina, las marquillas y las publicidades solo tenían la leyenda de "prohibida su venta para menores de 18 años", pero gracias a la nueva ley se prohibió la publicidad y se incluyeron advertencias de salud en las etiquetas de cada atado. El sentido de esta medida era claro: a los mayores de 18 años también les hace daño el consumo de tabaco.

En el caso de las casas de apuestas, por más legales que sean, la única advertencia suele ser: "Si sos menor, no podés apostar". Esta tendencia nació luego de que se permitiera la publicidad de apuestas y muchos criticaran el riesgo al que estaban expuestos los menores ante la publicidad, pero nunca se habló de lo riesgoso que puede ser para mayores. Solo algunas lo incorporaron durante este Mundial luego de la lluvia de críticas que recibieron por la publicidad.

Esta situación, según explica Dobronich, se da porque "como sociedad todavía minimizamos muchísimo la adicción al juego, especialmente en adultos. Hay una idea equivocada de que si una persona es adulta, entonces puede autorregularse siempre. Y eso no es así. Ser adulto no inmuniza frente a una adicción. Además, el juego está muy normalizado. Está en el celular, en redes sociales, en publicidades, en el fútbol, en influencers y hasta en conversaciones cotidianas. Se lo presenta como diversión, estrategia o una forma rápida de ganar dinero. Entonces cuesta verlo como un problema real. Con los chicos aparece más alarma porque asociamos vulnerabilidad con edad. Pero la vulnerabilidad emocional no depende solo de la edad. Hay adultos muy vulnerables emocionalmente, atravesando estrés, soledad, crisis económicas o angustia, y eso también los vuelve más propensos. El riesgo aparece cuando confundimos acceso legal con ausencia de peligro".

Se puede ser más o menos propenso a la ludopatía

Hay enfermedades a las que distintas personalidades u organismos son más propensas por condicionamientos clínicos, pero la ludopatía no suele ser incluida entre ellas, pero es una enfermedad donde también hay puntos a los cuales estar atentos para anticiparse. En este sentido, Verónica Dobronich remarcó: " hay ciertos rasgos que pueden aumentar la vulnerabilidad, aunque esto no significa que haya un único perfil. Suelen ser más propensas las personas con alta impulsividad, baja tolerancia a la frustración, necesidad de gratificación inmediata o dificultad para regular emociones intensas. También vemos mayor riesgo en personas que buscan sensaciones fuertes, mucha adrenalina o que tienen tendencia a conductas compulsivas".

Igualmente, más allá de esta predisposición, la profesional destacó que no siempre se trata de la personalidad, sino que en muchos casos el ingreso a la ludopatía puede estar vinculado al "momento vital que está atravesando la persona. Una crisis emocional, problemas económicos, estrés crónico, duelos o sentimientos de soledad pueden convertir al juego en una vía de escape".

A qué hay que estar atento para evitar la ludopatía

La adicción al alcohol, las drogas o el tabaco generan signos visibles en el cuerpo o cambios evidentes en la personalidad que hacen fácil identificar si alguien está atravesando por una situación de este tipo en la que oculta una "doble vida". El juego, a diferencia de las mencionadas, no deja rastros en la persona que estén a la vista, pero hay una serie de indicadores que pueden servir de guía para averiguar un poco más.

En este sentido, Dobronich explicó: "La ludopatía puede volverse una adicción muy invisible. No hay olor, no hay signos físicos tan evidentes y muchas veces todo sucede desde un celular. Por eso hay que mirar cambios de conducta". Siguiendo la idea, enumeró que hay que mirar con atención los siguientes signos de alerta:

  • Irritabilidad o cambios bruscos de humor.
  • Secretismo con el teléfono o con el dinero.
  • Mentiras frecuentes o excusas poco claras.
  • Necesidad constante de pedir préstamos o dinero prestado.
  • Aislamiento.
  • Ansiedad cuando no puede jugar.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Preocupación constante por recuperar pérdidas.

También destacó que aparece algo muy característico en las personas que padecen la ludopatía: "La persona promete que va a parar, pero no puede sostenerlo". En esta línea diferencia la enfermedad del entretenimiento a partir de los juegos de azar: "Cuando el juego empieza a afectar vínculos, descanso, trabajo, economía o bienestar emocional, ya dejó de ser entretenimiento. Ahí pedir ayuda no es exagerar: es intervenir a tiempo".