El homeschooling, una polémica fuera de escala
La Ley de Libertad Educativa habilitaría el homeschooling, aunque todo indica que seguirá siendo una opción minoritaria en Argentina.
El homeschooling merece una regulación responsable. Lo que no merece es una polémica fuera de escala.
Archivo.El reconocimiento del homeschooling previsto en el proyecto de Ley de Libertad Educativa se ha convertido en uno de sus aspectos más criticados. Por supuesto, la modalidad plantea interrogantes legítimos que merecen ser discutidos. Pero antes es razonable plantearnos una pregunta elemental: ¿qué tan significativo es realmente el fenómeno? ¿Cuántas familias elegirían esta alternativa en la Argentina?
La experiencia internacional ofrece una primera respuesta bastante clara: aun donde el homeschooling posee una larga tradición y un marco legal favorable, continúa siendo una opción claramente minoritaria. Veamos los hechos. Estados Unidos es probablemente el país donde el homeschooling posee mayor arraigo. Aun así, el National Center for Education Statistics estimó que en el ciclo 2022-2023 alcanzaba al 3,4% de los estudiantes de entre 5 y 17 años. Incluso en su caso más emblemático, más del 96% no era educado bajo esa modalidad.
Muy por debajo se ubican Inglaterra y Canadá
En Inglaterra, las autoridades locales informaron que 126.000 niños recibían educación electiva en el hogar en el otoño de 2025, equivalentes al 1,5% de la población de edades comparables. En Canadá, los 63.150 estudiantes registrados durante el ciclo 2023-2024 representaban alrededor del 1,1% de la matrícula primaria y secundaria. Las proporciones son aún menores en Francia y Noruega. Francia tenía 30.644 niños autorizados para recibir educación en el hogar durante el ciclo 2024-2025, el 0,3% de la población en edad de escolaridad obligatoria. En Noruega había 452 alumnos bajo esta modalidad en 2025-2026, equivalentes a apenas el 0,07% de los estudiantes de la educación obligatoria.
Homeschooling una opción minoritaria
Las cifras no son perfectamente comparables. Estados Unidos utiliza una encuesta a las familias; Inglaterra informa los casos conocidos por las autoridades locales; Francia contabiliza autorizaciones; Canadá y Noruega se apoyan en registros administrativos. Las definiciones legales tampoco son idénticas. Sería incorrecto construir con ellas un ranking exacto. Pero las diferencias metodológicas no modifican el orden de magnitud. En países con tradiciones, regulaciones y sistemas educativos muy distintos, el homeschooling continúa alcanzando a una fracción muy reducida de los estudiantes. Nada me hace imaginar que la Argentina será la excepción, sino todo lo contrario: la escuela seguirá siendo elegida por la abrumadora mayoría. Educar en el hogar exige tiempo, recursos y organización, condiciones que previsiblemente limitarán esta alternativa a una pequeña minoría. Es claro que la escala probable del fenómeno no agota la discusión. También importa precisar qué establece el proyecto y bajo qué condiciones.
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El artículo 49 reconoce el derecho a recibir Educación Básica mediante formas alternativas de enseñanza. Entre ellas incluye la “educación en el hogar, dirigida por los responsables parentales o tutores de estudiantes en edad de escolarización obligatoria”. El artículo 50 agrega que “la elección de los métodos, materiales, ritmos y entornos de aprendizaje corresponde a quienes ejerzan la enseñanza bajo estos formatos”. Pero libertad no significa ausencia de obligaciones. El artículo 51 exige la inscripción de los estudiantes en un registro jurisdiccional compatible con la base nacional de información educativa. También dispone que los organismos de protección de los derechos de niños y adolescentes tendrán acceso a la información necesaria para prevenir, detectar y asistir ante una posible vulneración.
A su vez, el artículo 52 establece que “la validez de las formas alternativas de enseñanza se garantiza mediante la acreditación de los contenidos mínimos comunes”. Esa acreditación se realizará mediante evaluaciones estandarizadas administradas por la autoridad educativa jurisdiccional. Por lo tanto, optar por la educación en el hogar no implicaría que el niño quedara fuera de todo seguimiento educativo. Las familias podrán decidir cómo enseñar, pero deberán registrar a sus hijos y acreditar los aprendizajes fundamentales. El Estado no elegirá cada método, material o ritmo de aprendizaje, pero conservará la responsabilidad de verificar los resultados.
La Argentina no cuenta hoy con una estadística oficial nacional que permita determinar cuántos niños reciben educación en el hogar. El registro previsto por el proyecto permitiría conocer cuántos estudiantes siguen esta modalidad, acompañar sus trayectorias y facilitar la intervención de los organismos competentes cuando resulte necesaria. Haría visible y mensurable una realidad que no es posible desconocer. Una libertad no deja de ser valiosa porque pocos decidan ejercerla. La libertad educativa no requiere que millones de familias enseñen en sus hogares, sino que quienes tengan razones para hacerlo puedan elegir ese camino bajo reglas claras, mientras el Estado protege los derechos y verifica los aprendizajes de los niños.
La educación argentina enfrenta problemas demasiado serios como para presentar al homeschooling como uno de sus grandes peligros. El homeschooling merece una regulación responsable. Lo que no merece es una polémica fuera de escala.
* Edgardo Zablotsky, miembro de la Academia Nacional de Educación y Director del UCEMA Friedman Hayek Center