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Educar para dejar huella: el legado de un padre

La carta de Lionel Messi tras la muerte de su padre revela cómo la presencia, el ejemplo y la educación construyen un legado para toda la vida.

Messi afirma que su padre seguirá presente, sobre todo, en la educación de sus propios hijos, a quienes educa como él fue educado.

Messi afirma que su padre seguirá presente, sobre todo, en la educación de sus propios hijos, a quienes educa como él fue educado.

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¿Qué es lo que un padre logra sembrar en sus hijos para que los acompañe durante toda la vida? La pregunta, que podría parecer abstracta, encuentra una respuesta concreta y conmovedora en la carta que Lionel Messi escribió tras la muerte de su padre, Jorge.

Más allá de la trascendencia deportiva de quien la firma, sus palabras permiten asomarse a una realidad que pertenece a todos: los vínculos familiares dejan huellas que el paso del tiempo no logra borrar. Pocos días después del fallecimiento de su padre, el astro del fútbol compartió una carta en la que recordó la presencia de su padre desde sus primeros pasos en un campo de juego. No se refirió únicamente a un hombre que había acompañado una carrera deportiva, sino a una figura entrañable con quien conversaba a diario, que lo llevaba a los entrenamientos después de trabajar, que estaba presente en sus partidos y que compartió con él alegrías, preocupaciones, reproches y decisiones.

El legado que permanece

Hay, sin embargo, una frase de la carta que merece ser especialmente destacada: Messi afirma que su padre seguirá presente, sobre todo, en la educación de sus propios hijos, a quienes educa como él fue educado. Esa afirmación condensa una de las dimensiones más profundas de la paternidad: el legado no consiste solo en aquello que un padre deja, sino, ante todo, en aquello que logra transmitir para que continúe en las generaciones siguientes.

Los vínculos familiares dejan huellas que el paso del tiempo no logra borrar.

Los vínculos familiares dejan huellas que el paso del tiempo no logra borrar.

La educación familiar no se reduce a impartir conocimientos ni a fijar normas de conducta. La familia constituye el ámbito primordial en el que la persona aprende a relacionarse con otros, a asumir responsabilidades, a afrontar dificultades y a valorar lo que considera importante. En esa comunidad se configura gran parte de la identidad y se adquieren disposiciones que acompañarán a la persona en los diferentes ámbitos de la vida social. Por eso, educar es mucho más que estar físicamente presente. Es acompañar, escuchar, poner límites, sostener, corregir, alentar y, sobre todo, ofrecer un modelo de vida. Las investigaciones sobre el rol paterno coinciden en señalar la importancia de la presencia, la disponibilidad emocional, el acompañamiento cotidiano y la participación activa del padre en la crianza y en la educación de los hijos.

Educar con el ejemplo

La escena que evoca Messi resulta especialmente elocuente porque muestra que el legado educativo se construye en gestos aparentemente pequeños: llevar a un hijo a un entrenamiento después de una jornada laboral, asistir a un partido, interesarse por lo que hace, conversar después de una experiencia difícil. No siempre se trata de grandes discursos. Con frecuencia, educar consiste en una presencia sostenida y amorosa que se comunica al hijo sin necesidad de palabras. La familia es, por excelencia, un ámbito de humanización. Esa experiencia constituye un fundamento decisivo para el desarrollo personal y, aunque los hijos crezcan, formen sus propias familias y recorran caminos distintos, lo recibido en el hogar continúa actuando como una referencia interior.

La carta de Messi recuerda, además, otra verdad que ningún logro profesional puede sustituir: la de los vínculos fundamentales que dan sentido a una vida. En ese punto, la despedida de un hijo a su padre interpela a quienes hoy son padres. El legado no se improvisa cuando llega la ausencia; se construye mucho antes, en el encuentro cotidiano. Cada conversación, cada límite, cada gesto de afecto, cada tiempo compartido y cada ejemplo van formando una memoria afectiva y moral que puede acompañar a los hijos durante toda su vida.

La escena que evoca Messi resulta especialmente elocuente porque muestra que el legado educativo se construye en gestos aparentemente pequeños.

La escena que evoca Messi resulta especialmente elocuente porque muestra que el legado educativo se construye en gestos aparentemente pequeños.

Una presencia para toda la vida

No es posible saber qué recordarán los hijos de sus padres cuando estos ya no estén. Pero sí es posible decidir, mientras se está presente, qué se les enseña en la vida diaria. En ese sentido, la carta de Lionel Messi trasciende la anécdota futbolística y se convierte en un testimonio sobre la paternidad: un recordatorio de que educar es, en el fondo, la forma más duradera que existe de seguir presente en la vida de otro.

* María Alejandra Weibel. Profesora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.