El desafío de educar hoy: presencia y humanidad antes que contenidos
Más allá de tecnología y recursos, los niños y adolescentes necesitan entornos humanos, acompañamiento emocional y adultos presentes.
Sentimos que cada vez nos cuesta más educar.
Archivo.Hay una pregunta que hoy deberíamos hacernos con honestidad, tanto las familias , profesionales y las escuelas: ¿por qué, teniendo más información, más tecnología, más recursos y más especialistas que nunca, sentimos que cada vez nos cuesta más educar, criar, sostener y acompañar a nuestros niños y adolescentes.
Tal vez porque seguimos intentando resolver problemas nuevos con miradas viejas. Y quizás el verdadero desafío no esté solamente en cambiar contenidos, innovar metodologías o incorporar más tecnología en las aulas. Tal vez el punto de partida sea otro: volver a pensar cuál es hoy la verdadera materia prima con la que trabajamos. Porque antes de enseñar contenidos, enseñamos y acompañamos cerebros, cuerpos y personas.
Muchos de esos cerebros están agotados
Dormimos menos. Nos movemos menos. Toleramos menos la frustración. Vivimos hiperestimulados, atravesados por la gratificación inmediata, por pantallas permanentes, por un exceso de dopamina y una enorme dificultad para sostener la atención, el deseo, el esfuerzo y la espera. Donde una cuota de humanidad se vive con desconcierto. Entonces aparece la gran contradicción de esta época: escuelas llenas de recursos, docentes capacitados, aulas con tecnología, infraestructura y proyectos innovadores… pero alumnos desconectados emocionalmente, presentes en cuerpo pero ausentes en mente. Básicamente una mentira ¡Tenemos todo y no se aprovecha nada! Y mientras tanto, los adultos seguimos preguntándonos cómo mejorar la didáctica, promocionamos escuelas que tienen todo con alumnos que no pueden casi nada. .
Claro que eso importa. Claro que los contenidos importan. Pero quizás hoy la prioridad sea otra. Porque un cerebro desregulado, agotado, sobreestimulado o emocionalmente colapsado no puede aprender del modo en que pretendemos que aprenda. Por eso creo que el gran error es pensar que el problema está siempre afuera. La familia culpa a la escuela. La escuela culpa a las familias. Las instituciones culpan a las redes. Las redes culpan a la sociedad. Y así entramos en un circuito donde nadie se siente parte de la solución porque todos sienten que el problema pertenece a otro. Sin embargo, cuando entendemos que el contexto influye profundamente en lo que nos pasa, dejamos de buscar culpables y empezamos a asumir responsabilidad compartida. No se trata de señalar responsables individuales. Se trata de comprender que todos somos partícipes del ambiente que hoy habitan nuestros chicos.
Porque algo nos están diciendo los síntomas
Nos hablan los adolescentes cuando se autoperciben perros o personajes irreales. Nos hablan las amenazas de bomba. Nos habla la ansiedad creciente. Nos hablan los consumos problemáticos. Nos hablan los cuerpos agotados. Los suicidios en la adolescencia , la incapacidad para escuchar leer o ver una película entera o escuchar un recital sin poder elegir los temas que quiero escuchar ya. Nos hablan los chicos que no pueden sostener una conversación sin mirar el celular. Nos hablan los alumnos que están en el aula pero emocionalmente desconectados. Y quizás el error más grande sea intentar corregir únicamente la conducta sin intentar descifrar el enigma que esa conducta expresa.
Hoy necesitamos volver a construir ambientes humanos capaces de alojar esta complejidad. Porque mientras hablamos de flexibilidad cognitiva, pasamos horas encerrados entre paredes. Mientras decimos que el cuerpo importa, los chicos casi no se mueven. Mientras intentamos limitar el celular en la escuela, en muchos hogares las pantallas funcionan las 24 horas. Mientras hablamos de salud mental, seguimos organizando la vida cotidiana de maneras profundamente insalubres. Entonces tal vez la gran pregunta no sea qué escuela necesitaremos dentro de diez años. Tal vez la pregunta urgente sea:¿qué necesitan hoy nuestros chicos para poder sostenerse emocionalmente y aprender? Y la respuesta no puede recaer únicamente sobre la escuela.
Necesitamos volver a pensar la educación como una responsabilidad colectiva. Las familias, las escuelas, los profesionales de salud mental, los médicos, los clubes, las instituciones, los pediatras, los psiquiatras y toda la comunidad tenemos que sentarnos nuevamente a diseñar ambientes más saludables, más humanos y más coherentes con los desafíos actuales. Porque la educación no ocurre solamente dentro de un aula. Ocurre en el modo en que dormimos, comemos, miramos, escuchamos, regulamos, acompañamos y habitamos el tiempo. Y quizás ahí esté el verdadero cambio de mirada.
La educación no es solo dentro del aula
Entender que la solución empieza en cómo pensamos el problema. Porque según cómo lo interpretemos, será también la manera en que intentaremos salvar a una generación que, más que contenidos, hoy parece estar pidiendo desesperadamente presencia, sentido, salud y adultos capaces de mirar más profundo.
* Lic. Erica Miretti. Psicóloga , docente Neuropsicoeducadora. Espacio Consciente Pediátrico.