Diferencias y consensos sobre la forma correcta de comer tortilla de papas
No todo da lo mismo a la hora de comer, o al menos así debería ser. No todos los alimentos nacieron como comida principal, por más que se los ubique en el centro del plato
La tortilla de papas es una comida de origen español, aunque su principal ingrediente es claramente americano.
ShutterstockLa tortilla de papas es una comida que (según Wikipedia) es de origen español, aunque su principal ingrediente es claramente americano; por lo que la pobre tortilla no pudo romper los huevos para tomar su consistencia hasta después de la conquista que el viejo continente hizo del nuevo, conquista que, para que seguir ocultándolo, fue la de un viejo aristocrático abusando de una joven América en todos los aspectos, incluido el de llevarse las papas a Europa para crear la tortilla española, o mejor dicho, tortilla de papas. Habiendo aclarado los tantos, y después de poner los puntos sobre las íes en este texto escrito en español, idioma que no casualmente también vino hasta América en aquel mismo proceso abusivo (cómo me esta costando entrar en tema), ahora sí, aboquémonos a la cuestión que nos compete.
Para mí, la tortilla de papas es un alimento que corresponde encontrar en el costadito del plato, en el espacio destinado a las guarniciones, como ocurre con las papas fritas (a las que se parecen bastante) o con las ensaladas de vegetales que, casualmente, comparten con las papas el mismo “reino”: son todos elementos de la flora, a diferencia de la fauna que debe ocupar, siempre en mi humilde opinión, el centro del plato. En este punto, libero de seguir leyendo a veganos y vegetarianos porque estas personas sí, tiene lógica en función de su dieta, que coloquen a la tortilla en el centro del plato.
La tortilla de papas es de origen español
Para el rest o de los mortales, creí yo entender en mi infancia y adolescencia, que era necesario un bife o costeleta de vaca faenada en la parte central del plato para, ahí sí, poder contar con la guarnición correspondiente de tortilla de papas en el borde. Pero hete aquí que, erradicados mi cuerpo y alma del seno materno y de mi sanrafaelina ciudad de origen (al sur de la hermosa provincia de Mendoza) vengo y me entero, ya de adulto, que hay personas que a pesar de tener en su dieta carne vacuna, colocan a la tortilla en el centro del plato, eliminando al bife y acompañando a la misma con guarniciones de otros vegetales; es como si la tortilla de papas fuera parte de la vaca, y adquiriera así el derecho supremo de ser acompañada por guarniciones de ensaladas. Que no es que sea del todo incoherente ubicar a las papas como un producto para-vacuno, porque la verdad, es un vegetal maravilloso, diferente al resto, y que comparte con el camote (o batata), la capacidad de ser consumido sin cargo de conciencia por carnívoros de reputación intachable: de esos que se ofenden si les ponés una berenjena en la parrilla, pero nada dicen si las papas están al rescoldo, porque ellas sí, como que ya se ganaron su lugar en la dieta carnecéntrica.
Colocan a la tortilla en el centro del plato
No es que considere mal o erróneo comer tortilla de papas con lechuga y sin bife; pero tampoco es como para que se normalice la cosa, y se desplace del foco de la disputa al trozo cárneo, más allá de que el mismo se encuentre jugoso, a punto o bien cocido, que esa es ya otra discusión. Lo importante entonces, es que quede claro que desde estas líneas se respeta al que come diferente, que para qué nos vamos a andar peleando por la ubicación geográfica de las papas en el plato. Pero tampoco se aceptan imposiciones: allá en mi casa, en el hermoso sur de la provincia de Mendoza, cuando el siglo XXI era solo un futuro imperfecto en el cual los autos iban a volar y las veredas serían móviles, la tortilla de papas era una guarnición, rica como pocas, que acompañaba tiernamente al bife en su gesta alimenticia. Nada auguraba que en otros momentos por venir se desplazara la misma al centro hegemónico del plato, olvidando su pasado marginal, como si todo diera lo mismo, vengándose quizá de aquella conquista que supo trasladar a su alma de papa a otro continente para empezar así su historia, ya rotos los huevos, hermanando estómagos de ambos lados del atlántico en una hispanidad que crece, globalizándose, hasta que quizá un día conquiste al planeta: no ya por la fuerza de las armas como en el pasado, sino por el placer de la degustación de ese plato riquísimo y adictivo, que la mismísima madre naturaleza ha puesto en nuestro camino para que disfrutemos, ojalá que por los siglos de los siglos o, al menos, hasta que los triglicéridos nos separen…
* Pablo R. Gómez, escritor autopercibido.
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