Desbordes Cloacales en Los Corralitos: así es la realidad de los vecinos tras años de reclamos
Los vecinos de Los Corralitos llevan años reclamando por los desbordes cloacales en calles Severo del Castillo y 2 de Mayo.
Los desbordes cloacales en Los Corralitos llevan más de dos años.
Julieta Caballero - MDZ
Los desbordes cloacales en Los Corralitos pasaron de ser un problema puntual a una habitualidad con la que los vecinos de la zona se han tenido que adaptar a convivir. Tras años de reclamos infructuosos y medidas ineficaces, los desbordes siguen ahí, a la vista de todos.
Hay veces que para dimensionar la magnitud de la realidad no alcanza con ver un video o una foto. Hay que estar presente y corroborarla en primera persona. El caso de los desbordes cloacales en calles Severo del Castillo y 2 de Mayo en Los Corralitos es uno de ellos: lo que que se puede ver en una pantalla de celular o computadora no es suficiente para abarcar la complejidad de la cotidianeidad de los vecinos.
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La realidad de los vecinos tras años de desbordes cloacales
La paleta de colores que ofrece el otoño mendocino contrasta con la gris realidad que deben soportar en Los Corralitos hace años. Pero si de colores hablamos, hay algo que es constante e innegable: el tono terracota de los efluentes cloacales que incesantemente brotan de las bocas de registro en la zona. Sin embargo, la monotonía del opaco marrón a veces se rompe para brindar un espectáculo digno de las aguas danzantes de las Fuentes del Bellagio: "El otro día el agua llegó a salir de un color fosforescente", relatan los vecinos. El paraje es dantesco, no hay otra forma de describirlo. No por falta de voluntad para describirlo, sino porque difícilmente el diccionario tenga suficientes adjetivos para poner en palabras lo que una persona experimenta en dicha esquina.
Al recorrer a pie el lugar, cada pisada siente cómo vibra el terreno ante el trabajo permanente de las bombas abocadas a intentar contener los desechos de aproximadamente 600.000 personas. O al menos las bombas que funcionan... porque no hay que dejar de señalar que muchas de ellas están de decorado. Y este es un punto en el que hay que detenerse: a lo largo de calle 2 de Mayo hay, cada unos 60 metros, una suerte de "pileta" en las que, además de servir de jacuzzi de fangoterapia para máquinas inertes, son el hogar de microorganismos que están a la espera de poder dar el salto y mudarse a una locación mejor, como el cuerpo de alguien que casualmente circule por la zona y entre en contacto con la sustancia... o quizás alguna plantación en uno de los campos que se ven obligados a usar agua contaminada por los vuelcos en canales de riego.
Hay algo que no se puede dejar pasar: hay niños que a diario juegan en medio de todo este "paisaje". También hay animales, que no son capaces de entender si pueden tomar o meterse en esos líquidos... y mucho menos de saber que eso puede provocarle enfermedades a las personas.
"A muchas familias se les enferman los niños", asegura un vecino de la zona. Es complejo determinar si los cuadros de gastroenteritis, por citar un ejemplo denunciado, es causado por los danzantes efluentes cloacales, pero el factor de riesgo está, es innegable. Tan innegable que hasta el mismo ministerio de Salud le ordenó a Aysam aumentar la dosis de cloro para intentar mitigar la presencia de microorganismos. Tan innegable como la contaminación que sufrieron los pozos de agua de algunas viviendas.
La podredumbre que circula en la aguas que riegan la región desde hace años también impactan en un ecosistema que día a día perece un poco: algunos árboles están moribundos y el césped ya comienza a acusar recibo de la contaminación. "Filmen todo", "es inadmisible", "ya no sabemos qué hacer", son algunos de los pedidos y lamentos que habitantes del lugar le expresan a MDZ, cansados de que Aysam, el municipio o algún ente gubernamental al menos los escuche. De recibir soluciones, ni hablar...
Lo que no se ve en las cámaras
Hay dos cosas que son imposibles de captar en imágenes. La primera es la humedad, que no para de corroer las casas. Las propiedades de los vecinos no paran de desvalorizarse y la preocupación crece al ritmo de las burbujas que emergen de las espesas aguas que corren por las acequias. "Se me va a partir la casa en dos", se lamenta una señora que volvía de hacer las compras.
El otro aspecto que las cámaras no captan es el olor. La pestilencia que hay se empieza a percibir incluso algunas cuadras antes de llegar a la esquina de Severo del Castillo y 2 de Mayo. El hedor es tan persistente que pareciera que penetra en cada poro de quien camina por ahí. Incluso, con el tiempo el aire nauseabundo golpea como el uppercut de Mike Tyson... el nocaut es casi inevitable. Lo que viene luego es un dolor de cabeza que se convierte en un compañero inseparable por varias horas.
La garganta también sufre por las bondades del aire. Respirar constantemente en donde están ubicados los desbordes llega a generar una picazón y sequedad que persiste por un tiempo y que ni bebiendo un litro de agua se calma.
Algunos párrafos atrás se describió el paraje como dantesco, y es pertinente retomar esa analogía. Dante Alighieri, en su célebre Divina Comedia, describe al tercer círculo del infierno como un lugar en el que los quienes están allí condenados yacen "en el fango, como cerdos, revolcándose en aquella lluvia inmunda". Las palabras que el escritor italiano plasmó en su obra en el siglo XIV son elocuentes si se extrapolan a la situación en Los Corralitos.
Aunque hay que hacer una salvedad: en La Divina Comedia, el destino de las almas es determinada por Minos -juez del infierno- una vez que la persona ha fallecido y confesado sus pecados. En esta ocasión, los habitantes de Los Corralitos hace años que están condenados a padecer el castigo en vida por decisión de autoridades que se vistieron de Minos a la hora de determinar dónde, cómo y durante cuánto tiempo montar su propio tercer círculo del infierno.
De momento Aysam ha prometido que en las próximas semanas la situación estará, al menos, controlada. En el mientras tanto, las denuncias y quejas de los vecinos se acumulan a la par que éstos tachan los días para volver a transitar una realidad que les permita llenarse los pulmones con aire fresco y beber agua sin preocuparse.



