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Daniel Carunchio, el embalsamador de presidentes y una vocación poco conocida: así es el trabajo de un tanatopráctico

Docente y tanatopractor, Daniel Carunchio es uno de los especialistas mejor formados en servicios fúnebres de todo el país. Aquí encontras data sobre su trabajo particular.


Hablar de la muerte ya no es el tema tabú que solía ser. Sin embargo, la trastienda de los servicios funerarios continúa rodeada de desinformación, mitos y prejuicios. En ese terreno trabaja Daniel Carunchio, uno de los tanatoprácticos más reconocidos de la Argentina y Latinoamérica.

Con más de 40 años de trayectoria, su trabajo combina rigor científico, bioseguridad y una profunda vocación humana. Desde atender casos cotidianos y realizar repatriaciones internacionales, hasta participar en eventos de relevancia histórica como el traslado de los restos de Juan Domingo Perón, Carunchio defiende el derecho a una despedida digna.

Según Carunchio, la sustitución de fluidos y el tratamiento químico permiten desinfectar el cuerpo y demorar los procesos naturales de descomposición.

Su historia dentro de la industria comenzó a los 15 años como cadete en la empresa familiar fundada en 1964. Tras recorrer todas las áreas operativas de un grupo que administraba decenas de salas velatorias, crematorios y cementerios, advirtió una carencia fundamental: la atención sobre el fallecido.

“Viajábamos por el mundo trayendo innovaciones, pero todo se basaba en los coches fúnebres, las salas o las coronas. El actor principal de esta obra es el fallecido y sobre él no se hacía nada”, reflexiona. Formado inicialmente en Colombia junto al especialista Luis Fernando Arango Madrid, Carunchio adoptó la tanatopraxia como una misión de vida.

Daniel Carunchio habla sobre la importancia del oficio

Para el público general, la preparación de un cuerpo suele asociarse únicamente con un tratamiento cosmético. Sin embargo, Carunchio enfatiza que el objetivo primario de la tanatopraxia es estrictamente sanitario. Mediante la sustitución de fluidos y la neutralización química, se frena temporalmente la descomposición del cadáver, previniendo la proliferación de gérmenes y la emanación de olores o fluidos contaminantes.

“El tanatopráctico utiliza una técnica para demorar la descomposición de un cuerpo por el período que sea necesario, pero sobre todo trabajamos en la desinfección para que pueda ser exhibido por una cuestión sanitaria. Después pasamos a la parte estética”, detalla.

A través de diplomaturas universitarias, el especialista impulsa la formación rigurosa para erradicar las falsas capacitaciones virtuales.

Tras prolongadas internaciones o muertes traumáticas, la apariencia del ser querido suele conmover a sus allegados. “Hacemos la estética final para eliminar u ocultar lo que esté deteriorado. ¿Con qué fin? Que la familia tenga una buena elaboración del duelo, que su última despedida sea digna y se queden con un lindo recuerdo”, agrega.

Esta personalización de la técnica alcanza soluciones insólitas a pedido de los familiares. Carunchio recuerda el caso de una joven que pidió que su padre fuera velado con apariencia bronceada porque amaba tomar sol en la costa: “Dentro de la bomba inyectora pusimos un colorante especial para darle un tono rojizo al tejido. No fue solo maquillaje, el cuerpo entero quedó bronceado de forma homogénea. El agradecimiento de esa familia no te lo olvidás más”.

Un trabajo que traspasa fronteras y etapas de la historia nacional

El trabajo del tanatopráctico trasciende las fronteras. Carunchio mantiene un vínculo cercano con la comunidad colombiana, realizando habituales repatriaciones desde puntos extremos del país como Ushuaia hacia el Caribe. “A veces un trámite puede demorar 20 días o un mes. Recuerdo a la madre de un chico que vivía en una isla en Colombia; me llamaba todos los días preocupada. Cuando el cuerpo finalmente llegó en lancha a su isla y lo pudo ver como si estuviera dormido, me llamó para agradecerte con lágrimas. Esas cosas hacen que valga la pena quedarte sin dormir”, relata.

Esa misma precisión técnica lo llevó a integrar equipos en servicios de expresidentes de la Nación, destacándose su rol clave en el traslado de los restos del general Juan Domingo Perón desde el cementerio de la Chacarita hacia el mausoleo de San Vicente.

Carunchio formó parte de la logística técnica y la conservación del cuerpo de Juan Domingo Perón durante su histórico traslado a San Vicente.

El operativo demandó superar complejas encrucijadas técnicas y legales, el análisis de la estructura de la bóveda para evitar que el féretro se dañara y la logística de traslado. Incluso, Carunchio y su equipo crearon las manos simbólicas utilizando un molde de Alejandro Rodríguez Perón, sobrino del mandatario, rellenas de tierra de las distintas provincias para asimilar la idea de que el ex presidente tiene el país en sus manos.

“Participar en esos momentos te hace ser parte de la historia, te guste o no. Pero detrás de las figuras históricas también hay familias y un trabajo con mucho respeto”, sintetiza.

El proyecto de una tecnicatura y la desinformación sobre el oficio

A la par de su labor dentro del servicio funerario, Carunchio se desempeña en el área docente, habiendo formado parte de la morgue de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y colaborando con instituciones como la Universidad Maimónides, la Universidad Austral y la Universidad del Centro en la preparación de material anatómico para la enseñanza médica y posgrados de cirugía.

Actualmente impulsa la profesionalización oficial del sector mediante la Diplomatura en Tanatopraxia —donde destaca un alto porcentaje de presencia femenina por su atención al detalle— y avanza en el proyecto de una Tecnicatura Universitaria de 2.400 horas cátedra que espera poder lograr en un futuro próximo y cercano.

El especialista trabaja en la formación de una tecnicatura en Argentina sobre Tanatopraxia.

Desde este lugar en la docencia, Daniel advierte sobre los peligros del intrusismo profesional impulsado por ofertas académicas informales y la desinformación en redes sociales. “Me pongo loco (...) Hay gente dando cursos virtuales sin prácticas reales o diciendo que inyectan por vena, algo anatómicamente imposible porque las válvulas venosas van en un solo sentido. Para ser tanatopráctico necesitás práctica, química y años de experiencia”, denuncia con contundencia.

Su estilo abierto y con una gran cantidad de sinceridad lo ha llevado a entablar una relación cercana con sus alumnos y con figuras públicas como la actriz y cantante Oriana Sabatini, quien asistió a sus clases fascinada por la disciplina. “A los chicos les pido que pregunten todo. Me gusta que me recuerden como un compañero más, alguien que compartió lo que sabía. Estar rodeado de la muerte no significa estar todo el día llorando; la vida continúa y lo importante es ayudar a los demás a superar su peor momento”, concluye Carunchio.