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¿Cuánto nos preocupa a los argentinos la educación?

Aunque los argentinos reprueban la gestión educativa, sólo un 5% la ve como prioridad; lo urgente desplaza lo importante en la agenda pública.


La educación suele ser el centro de encendidos debates políticos, discursos de campaña y conversaciones familiares en nuestro país. Sin embargo, cuando se confronta con la cruda realidad socioeconómica, cabe hacerse una pregunta incómoda: ¿qué lugar ocupa realmente en las preocupaciones de los ciudadanos?

Un reciente informe titulado Percepción social sobre la educación y la política educativa, elaborado por Argentinos por la Educación. A partir de los datos históricos de esta encuesta regional y de estudios de opinión de la Universidad de San Andrés, el documento expone una realidad compleja: la educación es un foco de preocupación constante, pero se ve sistemáticamente postergada por las urgencias de la economía y la seguridad.

La educación es un foco de preocupación constante

Al preguntar directamente a los ciudadanos cuál es el problema más importante de su país dentro de una lista de 46 opciones, la educación no logra colonizar el podio. En la medición de 2024, los problemas educativos ocuparon el séptimo lugar en el ranking de preocupaciones nacionales en Argentina. Para la sociedad argentina, las prioridades actuales responden principalmente al bolsillo y al miedo, ya que la economía se posiciona como el principal problema del país, seguida en los primeros puestos por la política, el desempleo y la delincuencia o seguridad pública. De hecho, solo un 5% de los encuestados en el país señaló a la educación como su preocupación número uno, una cifra que demuestra cómo la crisis diaria eclipsa los debates de largo plazo.

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¿Qué lugar ocupa realmente en las preocupaciones de los ciudadanos?

La educación figura en el séptimo lugar

A nivel regional, este panorama ubica a la Argentina en una posición intermedia pero relativamente alta dentro del desinterés generalizado que sufre el sector. Aunque el 5% parezca una cifra baja, el promedio de América Latina para la educación es de apenas el 3,4%, lo que sitúa a los problemas educativos en el noveno lugar a nivel regional. En este contexto, nuestro país se encuentra solo por debajo de Brasil, donde la educación alcanza un 10% de las menciones y ocupa el tercer lugar del ranking, y de Uruguay, donde se sitúa en el cuarto lugar con un 8%. En la otra vereda, países como Bolivia y México muestran los niveles de alerta más bajos de la región, ubicando a la educación en el noveno puesto de sus respectivas preocupaciones nacionales.

El informe demuestra que la sensibilidad argentina respecto a lo que pasa adentro de las aulas no ha sido lineal en las últimas dos décadas, sino que ha reaccionado notablemente al calor de los conflictos sociales y gremiales. En 2004, un 6,7% de los ciudadanos consideraba la educación como el principal problema del país, ubicándose en el sexto puesto del ranking nacional. La preocupación social tocó techo con picos históricos cercanos al 9% en los años 2006 y 2011. Tras un año 2016 fuertemente marcado por paros docentes que paralizaron los ciclos lectivos, la alarma social volvió a saltar en 2017 con un registro del 8,3%. Luego de ese período, la atención comenzó a descender de manera sostenida hasta tocar su mínimo histórico del 3,4% en el año 2020, coincidiendo con la irrupción de la pandemia. No obstante, desde entonces ha mostrado un persistente camino al alza, escalando al 3,8% en 2023 y consolidando el 5% actual en 2024.

El perfil demográfico de quienes manifiestan mayor inquietud por el estado del sistema educativo revela datos sumamente llamativos al analizar el promedio de las respuestas registradas entre 2004 y 2024. En términos de género y edad, las mujeres tienden a preocuparse ligeramente más que los varones (7% frente a 6%), mientras que los jóvenes de entre 26 y 40 años registran los niveles de alerta más altos (7%). Este último fenómeno resulta esperable dado que coincide con la etapa vital de crianza y escolarización de los hijos. En los grupos de mayor edad, en cambio, la preocupación disminuye progresivamente: cae al 5% entre quienes tienen de 41 a 60 años y se reduce al 4% entre los mayores de 61 años.

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El perfil demográfico de quienes manifiestan mayor inquietud por el estado del sistema educativo revela datos sumamente llamativos.

La preocupación social tocó techo con picos históricos

Sin embargo, el dato más contundente del análisis estadístico es que la preocupación por la educación aumenta a medida que mejora la situación socioeconómica del encuestado. Esta brecha muestra que mientras en el nivel socioeconómico alto un 8% lo ve como el principal problema del país, en los sectores vulnerables de nivel bajo esa proporción desciende al 6%. El análisis metodológico del informe —basado en una regresión estadística— confirma que el nivel socioeconómico es la única variable verdaderamente significativa para explicar estas diferencias, mientras que el género y la edad no resultan estadísticamente determinantes al aislar los factores. Esto no significa que a las clases bajas no les interese el futuro educativo de sus hijos, sino que refleja cómo las carencias materiales más urgentes, como la pobreza o la inestabilidad en el empleo, desplazan la centralidad de la discusión educativa en el día a día. Lo urgente del pan de cada día, desplaza a los importante.

Si la preocupación ciudadana parece moderada en el ranking debido a la existencia de otros flagelos, la evaluación del desempeño del Estado en la materia es tajante: la insatisfacción es la norma absoluta. De acuerdo con los datos recopilados hasta marzo de 2026 por la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, la aprobación de la política educativa del gobierno nacional se ha mantenido en niveles bajos y fluctuantes, oscilando históricamente entre el 20% y el 35%. Tras un pico de optimismo entre 2019 y principios de 2020 que rozó el 45% de satisfacción, la valoración se desplomó de manera sostenida hasta tocar un piso de entre el 16% y 20% hacia el año 2022.

A pesar de una leve recuperación con altibajos en los últimos años, los números actuales de 2026 son lapidarios para la gestión pública: un abrumador 68% de los argentinos está disconforme con la política educativa actual, desglosado en un 45% que afirma no estar "nada satisfecho" y un 23% "poco satisfecho". En la otra vereda, solo un magro 25% manifiesta algún grado de conformidad (20% "algo satisfecho" y apenas un 5% "muy satisfecho"). En el tablero general de las áreas de gobierno, la educación se ubica en el octavo lugar del ranking de satisfacción ciudadana. Los argentinos solo expresan un mayor nivel de enojo y desatención estatal en dos áreas clave: las políticas de salud y las de obras públicas e infraestructura.

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El dato más contundente del análisis estadístico es que la preocupación por la educación aumenta a medida que mejora la situación socioeconómica del encuestado.

El diagnóstico que ofrece el documento funciona como un espejo incómodo para la sociedad argentina. La educación en el país se mantiene en un estado de emergencia silenciosa: aunque los ciudadanos reprueban de forma contundente las políticas oficiales, la crisis económica permanente y los problemas de seguridad actúan como un anestésico que impide que las aulas se conviertan en la prioridad absoluta de la agenda pública. Mientras las urgencias del presente sigan ahogando la planificación del largo plazo, las escuelas e instituciones continuarán esperando rezagadas su turno en la lista de las grandes prioridades nacionales.

* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.