ver más

Cuando el vacío se convierte en proyecto: la última lección de Lionel Messi

La despedida de Lionel Messi trasciende el fútbol y deja una lección sobre liderazgo, renovación y cómo transformar un final en un nuevo comienzo.


Toda gran época deja una pregunta incómoda cuando termina: ¿qué hacemos cuando desaparece aquello que organizaba nuestro horizonte? La posible despedida de Lionel Messi de la Selección argentina no es sólo el retiro del mejor futbolista de nuestra historia. Es, también, el fin de un marco de referencia que durante casi dos décadas estructuró expectativas, liderazgos y certezas.

Friedrich Nietzsche escribió que "Dios ha muerto". No era una provocación religiosa, sino la descripción de un fenómeno mucho más profundo: la caída de las verdades absolutas que daban sentido a una sociedad. Cuando esos pilares desaparecen, aparece el nihilismo, ese instante en el que las respuestas de siempre dejan de servir. Pero Nietzsche no concebía ese vacío como una tragedia, sino como una oportunidad para crear nuevos valores. Algo de ese proceso vivimos hoy con lo que parece ser la salida de Messi de la selección o al menos de los Mundiales. Durante años, la Selección tuvo un punto de gravedad evidente. Su presencia ordenaba el juego, la conversación pública y hasta las expectativas de un país entero. La idea de su retiro nos enfrenta a una pregunta inevitable: ¿cómo construir cuando ya no está quien parecía sostenerlo todo?

Lionel Messi, capitán se la Selección.

La respuesta excede al fútbol

Es una pregunta que también atraviesa a las organizaciones, a las empresas y a cualquier equipo que alguna vez dependió de un líder extraordinario.

  • La primera enseñanza es que las organizaciones maduras no sobreviven aferrándose a la nostalgia. Los grandes ciclos terminan, los mercados cambian, las tecnologías transforman industrias y las personas siguen nuevos caminos. El liderazgo consiste, precisamente, en reconstruir sentido cuando desaparecen las certezas. Quienes sólo administran el pasado terminan atrapados en él; quienes crean nuevos propósitos convierten el cambio en una ventaja.
  • La segunda lección tiene que ver con la disciplina. Durante años se construyó alrededor de Messi una narrativa casi mítica. Sin embargo, detrás de cada genialidad hubo miles de horas de entrenamiento, preparación y obsesión por el detalle. Esa es probablemente la mayor diferencia entre el talento excepcional y el liderazgo sostenible: la excelencia no es un acto heroico, sino una práctica cotidiana. En las empresas ocurre exactamente lo mismo. Las culturas de alto rendimiento no se sostienen por inspiración permanente, sino por hábitos consistentes.
  • La tercera enseñanza es quizá la más relevante para cualquier organización. Durante mucho tiempo se creyó que la Selección dependía exclusivamente de su estrella. Los títulos llegaron cuando el equipo dejó de girar únicamente alrededor de un nombre y construyó una cultura capaz de potenciar a todos. La estructura dejó de estar al servicio del individuo y pasó a funcionar como un sistema. Esa diferencia explica por qué algunos equipos brillan sólo mientras permanece un líder y otros continúan creciendo aun cuando ese líder ya no está.

Finalmente aparece la cuestión del legado.

Solemos confundir legado con permanencia. Creemos que un gran líder deja una huella cuando nadie puede reemplazarlo. Probablemente ocurra exactamente lo contrario. El verdadero liderazgo se mide por la capacidad de construir organizaciones que evolucionen sin depender de quien las fundó. Un legado auténtico no inmoviliza; habilita. No genera imitadores, sino nuevos protagonistas. Por eso, aceptar el final de una etapa no implica resignarse a la pérdida. Implica asumir la responsabilidad de crear lo que viene. En términos organizacionales significa fomentar autonomía, aceptar el error como parte del aprendizaje, estimular el pensamiento crítico y construir culturas donde el propósito sea más fuerte que cualquier individualidad.

Durante años se construyó alrededor de Messi una narrativa casi mítica

Messi deja la Selección con una colección irrepetible de títulos, récords e imágenes que ya pertenecen a la memoria colectiva. Pero quizás su mayor enseñanza no esté en las copas levantadas, sino en el desafío que deja abierto. Nos obliga a comprobar si aprendimos a construir instituciones capaces de trascender a las personas. Según trascendió en una oportunidad, un tal Diego Armando Maradona trabajó con Messi para que la Pulga pudiera mejorar sus tiros libres. Aquel Diego que el colectivo imaginario pensaba insuperable, tendió un puente al futuro, cuando nadie imaginaba un Messi superlativo como el que vimos en la última década. Hoy Diego no está. Messi está saliendo… Nietzsche sostenía que del vacío nacen las posibilidades de una nueva creación. Tal vez esa sea la última lección que tenga a Lionel Messi de protagonista.

Los grandes líderes no cierran historias; crean las condiciones para que otros escriban las siguientes. Y ese, en definitiva, es el verdadero triunfo de cualquier legado.

* Ezequiel Kieczkier, CEO de Olivia.