Cristian Méndez, fundador de Ojos en Alerta: "Que tengan miedo los delincuentes y no los vecinos de salir"
Cristian Méndez, creador de Ojos en Alerta, explica cómo funciona el sistema de participación ciudadana que ya opera en más de 100 municipios.
Cristian Méndez fundó Ojos en Alerta como una solución para la prevención del delito mediante la participación ciudadana.
Santiago Aulicino/MDZLa inseguridad aparece desde hace años entre las principales preocupaciones de los argentinos. Frente a ese escenario, distintos municipios comenzaron a implementar herramientas que buscan reforzar la prevención del delito a partir de la tecnología y la participación vecinal. Una de las experiencias más extendidas es Ojos en Alerta, el sistema creado por Cristian Méndez en San Miguel y que hoy ya funciona en más de 100 municipios del país y también en Uruguay.
La propuesta se basa en algo simple: que los vecinos puedan alertar situaciones sospechosas a través de WhatsApp para que los centros de monitoreo municipales activen una respuesta rápida. Pero detrás de esa dinámica hay una idea más amplia sobre seguridad ciudadana, prevención y construcción de confianza.
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En diálogo con MDZ, Méndez habló sobre el crecimiento del programa, la relación con las fuerzas policiales, el rol de la ciudadanía y las críticas vinculadas a posibles estigmatizaciones.
Mirá la entrevista completa con Cristian Méndez
—¿Cuál es la oferta en materia de seguridad que da Ojos en Alerta en diferencia de lo que tienen otros municipios?
—Hoy nosotros hablamos de prevención del delito más que de seguridad en sí misma. Y cuando hablamos de prevención del delito hablamos del funcionamiento de una ciudad completa. Lo que tratamos de lograr con Ojos en Alerta no es perseguir el delito ni atrapar a un delincuente, sino que no suceda, intentar llegar antes. Si esto es un delito, a la derecha tenemos la persecución del delito: el 911. Más a la derecha, la investigación del delito: el Ministerio Público Fiscal. Más a la derecha, el enjuiciamiento y el sistema carcelario. Pero antes de que el delito ocurra, ¿quién se encarga? Muchos pueden decir que la policía se encarga de la prevención. Sí, pero hoy el vecino común no identifica a la policía como un agente de prevención. La gente piensa: “¿Para qué voy a llamar a un policía que tiene un revólver, un chaleco o una camioneta por una actitud sospechosa?”. Ahí es donde entran los municipios, con sus guardias urbanas y sus sistemas de seguridad ciudadana. Nosotros entendemos que el intendente tiene que encargarse de prevenir el delito, de llegar antes. Pero para llegar antes necesitamos información. ¿Cómo la recolectamos? Con cámaras de seguridad, centros de monitoreo, patrullas en la calle, pero sobre todo con la gente. Tenemos que conseguir esa información de las personas que miran, observan y detectan las actitudes de los delincuentes.
—¿Y por qué creés que la gente no entiende que la policía puede cumplir ese rol?
—Hoy la gente tiene un problema con la policía, que es la falta de confianza. Y no hablo mal de la policía. Hablo del imaginario popular. La gente hoy no confía y esto pasa casi a nivel mundial. El ejemplo más claro es Los Simpson: el policía es el jefe Gorgory, un personaje torpe y corrupto. No digo que todo el mundo piense eso literalmente, pero el imaginario colectivo funciona un poco así. Nosotros, con Ojos en Alerta, logramos generar confianza para prevenir el delito. Lo hacemos a través de WhatsApp, aunque podría ser por llamado telefónico o por una aplicación. Elegimos WhatsApp por la facilidad, la rapidez y la simpleza. Pero lo importante es convencer al vecino de que puede hacerse cargo de la prevención llegando antes.
—El alcance de Ojos en Alerta es de más de 100 municipios en Argentina y uno en Uruguay. ¿Qué proyección tiene a futuro?
—La proyección es enorme porque nos llaman de todos lados. Nosotros tenemos una herramienta colaborativa y así también la pensamos. Cuantos más municipios haya, más experiencias va a haber y más va a crecer. Este programa se llama Programa de Participación Ciudadana, pero en definitiva es un modelo de seguridad ciudadana donde se le da mucha importancia a la prevención y a que cada actor tenga su rol: el municipio previene y la provincia, con su policía, persigue el delito. Nosotros hacemos esto mediante convenios con otros estados, desde el municipio de San Miguel y desde nuestra fundación Involucrar Comunidad, para que siga creciendo a nivel nacional y mundial. Entendemos que encontramos una solución para llegar antes y bajar el delito. Ojalá siga creciendo por todos lados.
—¿Cómo puede aplicarse en barrios de distinta concentración poblacional? ¿Cómo esa participación ciudadana puede tener un efecto real en la prevención si hasta el vecino tiene miedo de denunciar que pasa algo raro?
—El vecino hoy no tiene miedo de denunciar. Lo que tiene es una desconfianza total de que llegue rápido una patrulla, de que lo asistan y de que atrapen al delincuente. Cuando hay un delito, a la gente le cuesta llamar. Si le roban el celular, directamente compra otro y sigue. Ni siquiera hace la denuncia porque siente que pierde el tiempo. Lo que tiene que generar el sistema es algo rápido, fácil y sencillo, cuidando también los datos personales. Te llega un mensaje de WhatsApp y no aparece tu nombre, apellido ni DNI. Nosotros necesitamos información de prevención del delito. Las cámaras pueden detectar un robo o un choque, pero una actitud sospechosa previa al delito la detecta solamente una persona. No la inteligencia artificial, sino alguien del barrio que conoce el movimiento de la zona y detecta patrones extraños. Hay que generar confianza. Y también romper con el “no te metas”. Cuando alguien se siente parte de algo más grande, como Ojos en Alerta, pasan cosas extraordinarias.
—¿Y por qué la opción de WhatsApp y no una aplicación?
—Porque WhatsApp es el vehículo que va por la autopista. Si damos una aplicación, la gente tiene que descargarla, aprender a usarla y gastar datos. Hoy todo el mundo vive en WhatsApp: grupos de amigos, familia, colegios, clubes. Está integrado a la vida cotidiana. Pedirle a alguien que baje una aplicación ya es una barrera. Muchos teléfonos no tienen espacio o no tienen datos ilimitados. WhatsApp es rápido, simple y accesible. Y nosotros necesitamos información para prevenir el delito y llegar antes.
—La frase “participación ciudadana” suena muy bien, pero ¿cuánto cuesta que exista esa participación ciudadana?
—Cuesta muchísimo porque convencer a la gente cuesta muchísimo. Pero la gente no se convence con una foto, un video o un cartel. Se convence hablando. Esto es volver un poco a las raíces: conversar, explicar una idea y lograr que la gente entienda que forma parte de algo importante, que es resolver un problema tan grave como la inseguridad. Nosotros necesitamos que la herramienta se use. Una política pública se mide por el uso que hace la gente de ella. Podés tener un sistema de turnos online espectacular, pero si la gente sigue haciendo fila a las cuatro de la mañana, no sirve. Con Ojos en Alerta logramos que haya más de un millón de personas utilizándolo en Argentina. En San Miguel, por ejemplo, tenemos 320 mil habitantes y 160 mil personas tienen agendado el contacto del sistema en su teléfono.
—La prevención es positiva, pero también puede tener un costado de estigmatización: “veo a alguien sospechoso porque es pobre” o por determinadas características.
—Nosotros somos muy claros en hablar de actitudes sospechosas y no de otra cosa. Ojos en Alerta empezó en 2016 y hoy trabajamos con más de 100 municipios. Esa situación se planteó muchas veces como pregunta, pero en la práctica no tuvimos problemas de ese tipo. Además, una identificación policial dura dos o cuatro minutos. A mí me identificaron muchas veces y, si me piden documentos y está todo bien, siento tranquilidad. Por la experiencia y las estadísticas que tenemos, no fue un problema real dentro del sistema.
—¿Qué impacto tuvo en la baja del delito?
—Ojos en Alerta es parte de un esquema más amplio. No puedo decir que gracias a Ojos en Alerta bajó determinado porcentaje del delito porque también hubo cámaras, inteligencia artificial, lectoras de patentes, patrullas blindadas y muchas otras medidas. Pero en San Miguel, en los últimos diez años, bajamos entre un 51% y un 75% delitos como robo automotor, hurto automotor, robo de motos y homicidios. Seguramente es multicausal. Pero esto trabaja en la cabeza del delincuente. El delincuente entiende que cualquier vecino puede denunciarlo por WhatsApp y eso cambia el comportamiento. El vecino también siente que puede avisar algo y que le van a responder al minuto y mandar una patrulla en menos de cinco minutos. Y además no es un grupo de WhatsApp: el mensaje llega directamente al Centro de Monitoreo Municipal, desde donde se coordina con patrullas, tránsito, ambulancias, bomberos o Defensa Civil.
—¿Cómo se lleva esto con las policías provinciales y municipales? ¿Tuvieron resistencia o colaboración?
—Nosotros logramos separar claramente la prevención de la persecución del delito. Nos encargamos de todo lo que pasa antes del delito. La realidad es que hoy se trabaja en conjunto. Las fuerzas empiezan a ver que tienen mucha más información que antes. En San Miguel, el 70% de los mensajes que recibimos son de prevención del delito. Esa información antes no llegaba de ningún modo. Hoy la analizamos y, con inteligencia artificial, generamos planes operativos de prevención para detectar cómo se mueve el delito. Porque el delito tiene patrones repetitivos. Cuanta más información tengas, más posibilidades tenés de analizarla y resolver el problema.
—¿Y a futuro dónde ves a Ojos en Alerta?
—Lo veo en todos lados porque estoy convencido de que esta herramienta puede resolver un problema como lo estamos haciendo en muchas ciudades. Nosotros tenemos un propósito: hacer ciudades seguras. Y eso no se logra solo con el Estado, sino entre todos. “La seguridad la hacemos entre todos” no es solo un eslogan. También decimos: “Tu mirada puede cambiar todo”. Queremos que tengan miedo los delincuentes de salir a robar y no los vecinos de salir a comprar. Ojos en Alerta también es solidaridad. El 80% de los mensajes que recibimos son de una persona intentando resolver el problema de otra que ni siquiera conoce. Lo que necesita el sistema de seguridad es información. Y el delincuente, antes de cometer un delito, muchas veces lo anticipa con actitudes, movimientos o nerviosismo. Nosotros logramos que la gente esté más atenta, detecte esas señales y avise rápidamente para poder verificar la situación. No se trata de detener a alguien porque un vecino mandó un mensaje. Después las fuerzas tienen que analizar cada caso y actuar si corresponde. De eso se trata.