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Crece la preocupación entre científicos de Estados Unidos por un hongo que afecta a las mascotas y ya está en Argentina

El hongo Sporothrix brasiliensis puede pasar de gatos a personas y su expansión por distintos países mantiene en alerta a los especialistas.


La expansión de un hongo capaz de provocar graves infecciones en animales y seres humanos encendió la preocupación entre especialistas. Se trata de Sporothrix brasiliensis, responsable de una forma de esporotricosis que comenzó a detectarse con fuerza en Brasil en la década de 1990 y desde entonces enfermó y mató a miles de gatos, además de infectar a más de 11.000 personas y al menos 200 perros en Sudamérica.

El problema es que el hongo ya no está limitado a Brasil. Los casos se extendieron a Paraguay, Chile, Argentina y, más recientemente, Uruguay. Lo que alerta a científicos de Norteamérica y Europa. Shawn Lockhart, micólogo médico y asesor principal de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), advirtió durante una reunión de la Sociedad Estadounidense de Microbiología que actualmente existe un enorme brote en curso y que su capacidad para atravesar fronteras preocupa cada vez más.

Argentina ya aparece dentro de ese mapa de expansión. Un estudio publicado por la revista Emerging Infectious Diseases, de los CDC, describió un brote de S. brasiliensis en Puerto Iguazú, Misiones, donde se confirmaron nueve casos en gatos en apenas siete meses entre 2023 y 2024. Los investigadores señalaron que la propagación observada cerca de la frontera con Brasil reproduce una dinámica similar a la registrada durante la epidemia brasileña.

La expansión del hongo preocupa a los científicos por su capacidad para atravesar fronteras y establecerse en nuevos territorios.

¿Cómo afecta este hongo a los gatos?

La infección puede provocar nódulos, ganglios inflamados y úlceras en la piel que supuran y, si no recibe tratamiento, puede alcanzar los pulmones y extenderse por todo el organismo. Lockhart fue contundente al hablar de los animales afectados: “Sin tratamiento, es 100% mortal”, aunque incluso con medicamentos antifúngicos algunos cuadros pueden resultar difíciles de controlar.

En las personas, la infección suele manifestarse mediante lesiones o úlceras dolorosas en la piel. Los cuadros más peligrosos pueden aparecer cuando la enfermedad no se trata, especialmente en pacientes con el sistema inmunológico debilitado. El contagio puede producirse después de una mordedura o un arañazo de un gato infectado, pero también por contacto con material proveniente de sus lesiones. Detectar la cadena de transmisión no siempre resulta sencillo: en 2022, autoridades sanitarias informaron que dos integrantes de una familia que se había mudado de Brasil al Reino Unido desarrollaron la enfermedad tres años después de abandonar el país sudamericano. Uno de sus dos gatos estaba infectado con Sporothrix brasiliensis y también enfermó un veterinario que había atendido al animal.

Una de las características que hace especialmente particular a este hongo es su capacidad para cambiar de forma. En el ambiente crece como un moho formado por filamentos, pero dentro del organismo se transforma en una levadura. A diferencia de otros hongos dimórficos, esa forma de levadura también puede transmitirse, una propiedad poco habitual que podría facilitar su llegada y establecimiento en nuevos territorios.

Las propias conductas de los felinos ayudan a explicar su propagación. Los gatos se lamen entre sí, se pelean, muerden y arañan, todas situaciones que pueden favorecer el contagio. Pero hay otro mecanismo que sorprendió a los investigadores: los gatos infectados también pueden expulsar levaduras al estornudar. Experimentos citados por Science News mostraron además que el microorganismo puede permanecer viable durante hasta diez semanas sobre superficies de acero inoxidable, aunque puede eliminarse con lavandina o etanol.

A esto se suma una dificultad para los controles sanitarios. Actualmente no existe una prueba comercial específica para detectar Sporothrix brasiliensis. En Estados Unidos, por ejemplo, los gatos que ingresan al país solo necesitan un certificado veterinario que indique que aparentemente se encuentran sanos. Esto abre la posibilidad de que un animal infectado, pero sin signos evidentes en ese momento, atraviese los controles sin que la enfermedad sea detectada.

Para los especialistas, el desafío ahora es identificar rápidamente cualquier nuevo foco antes de que el hongo siga ganando territorio. Los veterinarios pueden convertirse así en una primera línea de vigilancia frente a una enfermedad capaz de desplazarse junto con los animales infectados. Lockhart considera que basta el traslado de un gato portador para introducirla en una región nueva y resumió la preocupación con una frase: “Es solo cuestión de tiempo” para que aparezca en nuevos países.