Carlos Belloso y la cartelera de calle Corrientes: "Ahora estoy más preocupado por la cantidad de público"
En una entrevista con MDZ, Carlos Belloso habló de Casual y Por Amar a Mara, las obras con las que está trabajando. Asimismo, defendió el rol del teatro como espacio de encuentro con el público, pese a la competencia que rige entre las propuestas de calle Corrientes.
Con años de trayectoria en la industria del entretenimiento, este año, Carlos Belloso brilla en las tablas porteñas.
Agustín Tubio/MDZCon más de cuatro décadas de trayectoria en teatro, cine y televisión, Carlos Belloso atraviesa un presente intenso sobre las tablas. Es que, el célebre actor es uno de los protagonistas de Casual, la obra de Pablo Fábregas en calle Corrientes, y celebra el reciente estreno de Por amar a Mara, la “comedia dramática de un acto desesperado” que él mismo dirige en La Carpintería Teatro.
En una entrevista para MDZ, el intérprete recordado por sus papeles en Tumberos, Campeones de la vida, Sos mi vida y Los Únicos, recordó sus inicios en el under teatral porteño, reflexionó sobre el presente de la actuación, la transformación de la industria audiovisual y la competencia vigente en las tablas de la mítica calle Corrientes.
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- Sos actor, director, dibujante y tenés otros talentos que vas explotando. ¡Hacés un poco de todo!
- Sí, y soy varias cosas más, pero todo converge en la búsqueda de la actuación. A veces, aprendo algún oficio por el personaje y, otras veces, de curioso y, cuando me toca interpretar algún personaje, empleo el oficio también.
En un momento pensaba que yo era pintor, que pintaba solamente, y dejé la actuación por un tiempo, en mis inicios. Pero después dije: "No, la actuación es la que aglutina todo, ¿no?".
- ¿En qué momento de tu vida te decidiste a actuar?
- Siempre tuve la pulsión de actuar. Uno se da cuenta cuando pasa enfrente del espejo. Hay una sensación de querer ver un personaje, de querer ver otras cosas, pero de divertirse también con uno mismo, de jugar -como lo dice la traducción de actor o de acción en inglés, play-.
Creo que se consolidó el actor profesional cuando necesité un ingreso de dinero y me lo proporcionó la actuación, ya sea dando clases, dirigiendo, actuando, detrás de bambalinas, en la escenografía. Todo eso confluyó en querer ser un actor profesional, digamos. Pero uno siempre tiene ese juego interno de actuar; hasta socialmente uno actúa ciertos roles enfrente de la gente, en la calle, ¿no?.
- ¡Claro! Pero algunos tienen el talento para actuar arriba de un escenario o enfrente de una cámara.
- Sí, sí. También pienso que subir arriba de un escenario tiene que ver con otras cosas. Hay convenciones. La gente cree lo que decís; cree que estás vestido del siglo XVIII y sos uno más de ellos. Hay una ilusión que uno quiere seguir. Pero la ilusión también es artificial. Por ejemplo, el escenario está iluminado, está arriba; el público está en penumbras, abajo; y vos tenés que tener al decir alguna verdad dentro de ese juego. Yo lo tomo un poco así.
- ¿Cuál fue el primer papel importante que hiciste que te haya marcado?
- El primero se desdibuja porque mis primeros fueron buscando cosas. Yo creo que cuando empecé a trabajar en el circuito under, que en los '80 eran lugares como Parakultural, Cemento, Medio Mundo Varieté, Porco, Palladium. Son lugares y circuitos donde íbamos a hacer lo nuestro. Ahí no solamente hacía personajes individuales, sino que se formó un dúo que generó mucho aprendizaje: Los Melli, con Damián Dreizik.
Con Damián nos conocíamos de la Escuela Municipal. Yo estudié en esa institución que quedaba a muy pocos metros del Parakultural, donde, a su vez, probaba las cosas que estudiaba en la Escuela Municipal. Fue el dúo Los Melli el que me dio una entidad teatral fuerte.
Después, cuando disolvimos el grupo, empecé a hacer mis unipersonales, trabajos teatrales muy incipientes, ingresando en el teatro con mucha humildad, sabiendo que había una tradición fuerte.
- ¿Y cómo fue el paso a la televisión? Porque en ese momento había una pica entre el teatro y la televisión, estaba mal visto. ¿Cómo lo viviste vos?
- Sí. Yo justamente viví una transición en donde la televisión también estaba cambiando. Los productos de Polka absorbían gente de teatro para que se mezclara con gente de televisión. Eso fue lo que propició, digamos, en una época, trabajar sabiendo ese proceso. También empecé en una televisión muy dura, con directores que marcaban mucho. Más que nada, la pica entre televisión y teatro tenía que ver con que el teatro tenía miedo de que uno se contaminara de la televisión con actuaciones superficiales. Eso es lo que decían los que defendían el teatro en contra de la televisión.
En cambio, el actor de teatro tenía algunas ínfulas, digamos, querían ser bien tratados y algunos directores de televisión, en esa época, eran bastante maltratadores. Maltratadores con respecto a que había un ninguneo, había un "derecho de piso" -que realmente era una excusa para tratarte mal-.
Pero a mí me parece que eso se fue desdibujando y borrando esos límites cuando productos como Polka mezclaban esas dos cosas. Vos podías hacer una actuación dirigida por alguien que quizás en un momento hacía cine o televisión. Eso nos gustaba mucho porque el cine quizás era la mezcla de esos actores que venían del teatro y podían desarrollar su arte con un poquito más de técnica. Se empezó a fusionar todo totalmente.
También aparecieron diferentes nuevos lenguajes. Yo hice Tumberos, por ejemplo, con Israel Adrián Caetano. En ese momento estaban Tumberos, Okupas, con Bruno Stagnaro, que venían de hacer Pizza, birra, faso. También trabajé con Lucrecia Martel, que tenía una visión distinta de ver el cine. Entonces también tuve la suerte de estar en ese remolino creativo muy fructífero para el cine, porque cambió realmente la forma de ver la televisión.
La mirada de Carlos Belloso sobre el presente de la televisión argentina
- Ahora pasa un poco a la inversa. Los actores de televisión, o que están trabajando en streaming, buscan también trabajar en el teatro. ¿Qué opinás vos?
- Lo que pasa es que la televisión ya no tiene ficción. Es muy difícil encontrar ficciones. Hay muy limitadas producciones que quieren lograr un producto. Entonces piensan en la televisión abierta para el soporte, pero en realidad no es un soporte la televisión abierta para establecer ahí una fuente de trabajo. El teatro ahora es fuente de trabajo también. Más allá de que no exista la ficción en televisión, el teatro es el único lugar que tiene la gente para ver a sus actores, a sus referentes nacionales.
- O el streaming.
- Sí, pero el streaming es limitado. El streaming, los youtubers o ese mundo tienen que ver con otra cosa, pero es limitado para un actor. Quizás más las plataformas, como Netflix, dan más fuentes de trabajo y uno puede desarrollar una actividad más cinematográfica o de serie. Además, las plataformas dan una forma de trabajo diferente a la televisión abierta.
En la televisión abierta lo que se genera es, a nivel popular, un remolino. Últimamente se dieron en televisión abierta los capítulos de La hija del fuego, una serie que yo hice en San Martín de los Andes con la China Suárez y otros actores muy talentosos. Y, cuando apareció en televisión abierta, volví a tener esa sensación de que era conocido porque los vecinos me felicitaban: "Uy, volviste a la televisión".
Entonces, entre noticieros, programas políticos o programas de chimentos, aparece una ficción, algo distinto, porque no hay. Entonces uno se sienta a ver eso y es como volver a ver la novela en el horario de la cena. Era así: las novelas costumbristas de Polka aparecían en la cena y comías con la familia. Mi sensación el otro día era: "Uy, mientras estaba cenando te vi en tal lado". Y era como si estuvieras cenando con ellos, ¿viste? Entonces volvió de nuevo esa sensación.
Yo pienso, si bien no es barata, hay que encontrar una forma para que la ficción en televisión siga siendo fuente de trabajo para los actores y para los creativos, y que se establezca de nuevo. Así los vasos comunicantes entre la televisión y el teatro sean un poquito más fluidos.
Carlos Belloso habló de la competitividad en calle Corrientes
- Ahora es medio competitiva la calle Corrientes o el teatro comercial.
- ¡Es cierto! Hay muchísimas obras, una al lado de la otra. La gente no sabe cuál elegir.
- Nosotros estamos dentro de esa competencia en el Multiteatro (Av. Corrientes 1283) con Casual, de miércoles a domingo. Trabajamos mucho, pero vemos que hay un campeonato de los más rankeados y hay que hacer determinado promedio de gente por semana.
- ¿Sienten una especie de presión con ese ranking teatral?
- Sí. Pero siempre hubo presión, porque el teatro comercial, como también la televisión, tiene que hacer puntos de rating o meter determinada cantidad de gente. Si no metés gente, va tecleando todo. Entonces van otras cosas que sí generan rating y promedio de público. Ahora ya me veo con esta comedia, quizás, más preocupado por eso que en otro momento.
Antes, uno tenía un contrato, lo cumplía, tenías un sueldo. Pero ahora es inquietante porque hay muchísimas obras. Y no cuento la competencia que hay en el teatro independiente. Porque también en el teatro independiente hay una pléyade de producciones infinitas. Acá hay teatro para hacer dulce de leche. Tenés teatro comercial, teatro oficial, teatro independiente. Y dentro del teatro independiente se abren muchas ramas: microteatro, performance, varietés en distintos lugares. Hay un mercado extensísimo. Lo que pasa es que también es una marca país el teatro acá en Argentina.
Apesar de estas políticas que no ayudan al teatro, siempre los festivales eran encuentros increíbles: los festivales de Mendoza, de Córdoba, de Rosario, de Santa Fe. En el sur también hay un polo teatral. Hay teatro por toda la Argentina.
Carlos Belloso en Casual, la comedia de Pablo Fábregas en calle Corrientes
- Venís trabajando en Casual, en calle Corrientes.
- Casual es una comedia de Federico Viescas, que ganó el concurso Contar, que lo hace AADET. Es una comedia donde hay una mirada sobre cuánto conocemos a la otra persona que tenemos al lado. Creemos que sabemos, pero no sabemos nada. Y también aborda las aplicaciones de sexo casual.
Yo hago de un abogado que es jefe de una persona que está internada. Y nos enteramos, metiéndonos en su teléfono, que usaba aplicaciones de citas casuales, que ocultaba una vida y que estaba embarazada. Todo eso junto genera un disparate porque nos metemos a fisgonear y a curiosear en la vida privada de otra persona, cosa que no se debe hacer. El acceso a información no permitida está multado. Pero en una obra todo es posible.
Entonces, empezamos a buscar al padre del hijo de esta chica que está internada. Hay mucho gag y gags físicos también.
Por Amar a Mara, la comedia que dirige Carlos Belloso
- Es de Diego Carreño, que también actúa como protagonista junto a Cecilia Roche. También están Miguel Viña y Sol Canesa. Se trata de una pareja en crisis que, en un momento, prueba una terapia extraña. Una terapia de un tal Bernard Herman, biomolecular neuropsíquica. Entonces, por un lado, está esta pareja en crisis que tiene distintos recuerdos acerca de su pasado y esta terapia vuelve a traer esos recuerdos, vuelve a instalar cierta dinámica de la pareja para ver si se puede salvar o no.
Hay un plot twist en el medio que cambia la dirección de todo. Hay partes emotivas, hay humor constante. Yo veo que el humor es más reflexivo que otras cosas. Por amar a Mara es una reflexión sobre nosotros, sobre las parejas y, al mismo tiempo, sobre nosotros como experimentos institucionales.
La obra se estrenó el 13 de junio en La Carpintería Teatro (Jean Jaures 858, CABA). Se puede ver los sábados a las 22 horas.
El Ruso, la serie de Netflix protagonizada por el Chino Darín
- Respecto a lo audiovisual, acabo de terminar una serie con el Chino Darín que se llama El ruso. Se va a estrenar en Netflix a fin de año o a principios del 2027. Es una historia de época, ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Un cantante argentino de tango quiere triunfar en Europa y se ve envuelto en una red de espionaje en plena guerra, con la aparición de Hitler. Es, por un lado, una historia de acción y de espías, pero también muy graciosa.