Pocho Sosa, la voz que hizo que Argentina se enamorara del otoño en Mendoza
Pocho Sosa fue una de las grandes voces del folclore cuyano. Con "Tonada de Otoño", ayudó a que Mendoza se enamorara de su estación más emblemática.
Pocho Sosa fue homenajeado por la Ciudad de Mendoza en abril de este año y declarado "Vecino Destacado". Foto: Municipalidad de Mendoza.
Hay artistas que interpretan canciones. Y hay artistas que terminan convirtiéndose en la canción. Para muchos mendocinos, Pocho Sosa fue eso. No hizo falta haber ido a un festival folclórico, conocer la historia de la tonada cuyana ni siquiera ser un amante de la música popular. Alcanzaba con haber vivido alguna vez un otoño en Mendoza para encontrarse, inevitablemente, con su voz.
Porque durante décadas, cuando las hojas comenzaron a teñir de amarillo las acequias, cuando los plátanos cubrieron las veredas de la Ciudad de Mendoza o cuando el aire fresco empezó a anunciar el final del verano, siempre apareció la misma melodía. Y detrás de ella, la misma voz. La de Pocho.
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Y Pocho pasó a la inmortalidad justo en estos días, cuando Mendoza transita los últimos suspiros del otoño. Cuesta no encontrar cierta poesía en esa despedida. Como si el hombre que ayudó a que varias generaciones se enamoraran de esta estación hubiera esperado que el paisaje terminara de vestirse con sus colores antes de partir.
El patrimonio emocional de Mendoza en la voz de Pocho Sosa
Pocho no escribió "Tonada de Otoño". La poesía fue de Jorge Sosa y la música de Damián Sánchez. Pero hay canciones que terminan perteneciendo a quien les presta el alma. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Aquella tonada nacida a mediados de los años 70 encontró en Pocho una voz capaz de transformarla en patrimonio emocional de Mendoza.
Él mismo contó muchas veces que quedó impactado cuando leyó por primera vez la letra escrita por Jorge Sosa. Sintió que no era una tonada más. Había algo distinto en esos versos. Algo que hablaba de nosotros. Y tuvo razón.
Porque "Tonada de Otoño" logró algo que muy pocas canciones consiguen: dejó de ser una obra artística para transformarse en un sentimiento compartido. Los mendocinos no escuchamos esa canción. La habitamos.
La cantamos en la escuela. La escuchamos en la radio. La encontramos en actos oficiales, en reuniones familiares, en festivales y vendimias. Incluso quienes hoy tienen menos de 30 años seguramente conocen alguna de sus estrofas aunque jamás hayan escuchado el nombre de sus autores. Pocas obras logran semejante nivel de trascendencia.
Pocho solía contar que la canción comenzó a expandirse de manera sorprendente incluso antes de ser grabada. La gente la pedía en los escenarios y la cantaba de memoria. Con el tiempo, la tonada terminó convirtiéndose en una especie de himno sentimental de Mendoza. Y Pocho en su guardián.
El Pocho, vecino destacado
Tuve la fortuna de entrevistarlo desde mis primeros años en el periodismo, hace ya más de dos décadas. Lo vi sobre escenarios multitudinarios y también en conversaciones íntimas. Conocí a su familia y a su compañera de vida, la querida artista Pochi Zimmermann. Y si algo caracterizaba a Pocho era que jamás actuaba como una figura inalcanzable.
Por eso resultó tan conmovedor el reconocimiento que recibió en abril, cuando la Ciudad de Mendoza lo declaró “Vecino Destacado”. Mientras el Coro de la Ciudad interpretaba "Otoño en Mendoza", muchos entendieron que no se trataba solamente de homenajear a un cantor. Se estaba agradeciendo una vida entera dedicada a preservar una parte fundamental de nuestra identidad cultural.
Pocho y la banda sonora de Mendoza
Hoy, cuando la noticia de su muerte recorre la provincia y el país, resulta inevitable pensar que algo de Pocho seguirá sonando cada vez que llegue esta época del año. Porque hay artistas que dejan discos. Hay artistas que dejan canciones y después están aquellos que dejan una forma de mirar el mundo.
Pocho Sosa con Jorge Sosa y Damián Sánchez nos enseñaron a mirar el otoño mendocino con otros ojos: las hojas que caen también pueden ser belleza. La nostalgia puede ser luminosa. Y una tonada puede contar quiénes somos.
Hoy su partida duele tanto porque no se fue solamente una voz. Se fue una parte de la banda sonora de Mendoza. Aunque, pensándolo bien, tal vez no sea del todo cierto. Porque mientras exista un mendocino capaz de emocionarse escuchando aquella tonada, Pocho seguirá aquí.

