Asentamiento Urundel: el municipio anunció una limpieza que los vecinos dicen no ver
El terreno donde estaba el asentamiento Urundel continúa generando conflictos ambientales y de seguridad tras la demolición.
El municipio informó que retira cinco camiones diarios de residuos, pero vecinos del barrio Urundel aseguran que solo levantaron basura liviana y dejaron escombros.
Rodrigo D'Angelo / MDZLa Municipalidad de Godoy Cruz informó este viernes que avanza la limpieza integral del predio donde funcionaba el asentamiento Urundel. Según el comunicado oficial, tras la relocalización de 80 familias se desplegó un operativo de saneamiento profundo con maquinaria pesada y cuadrillas especializadas. Sin embargo, vecinos de la zona aseguran que la realidad es muy distinta a la que se comunica.
Desde el municipio detallaron que se están retirando, en promedio, cinco camiones de residuos por día. También señalaron que trabajan siete operarios con apoyo de retroexcavadora y camiones volcadores para acondicionar los terrenos baldíos que quedaron tras la demolición. La comuna sostiene que el objetivo es evitar nuevas ocupaciones y avanzar en la recuperación ambiental del lugar.
A fines de 2025, las familias fueron trasladadas al barrio Joaquín Salvador Lavado, accediendo a viviendas formales. La erradicación fue celebrada como una solución habitacional para quienes vivían en condiciones precarias. Pero el terreno liberado abrió un nuevo frente de conflicto urbano que hoy mantiene en alerta a los vecinos linderos.
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Reclamos por limpieza parcial
En diálogo con este medio, vecinos contaron que el miércoles presentaron nuevas notas en el municipio para exigir una intervención más profunda. Según relatan, la respuesta inicial fue que las cuadrillas no podían ingresar por situaciones de agresión vinculadas a personas en situación de calle que ocupan los descampados del barrio.
El jueves, finalmente, se realizó un operativo con presencia policial y bomberos. Pero, según los testimonios, solo se retiró basura liviana y parte fue quemada en el mismo predio. “Quedaron de volver a buscar lo que quedó en la cancha, pero nunca regresaron”, señalaron.
El principal reclamo apunta a que no se intervino la zona más crítica, entre la cancha de fútbol del barrio y el Corredor del Oeste. Allí, aseguran que sobre los escombros, algunas personas forman guaridas. Además, los vecinos de la zona advierten que por la noche se concentran decenas de personas a consumir sustancias ilegales. También denuncian que los móviles policiales tienen dificultades para circular y que en algunos casos han sido apedreados.
Inundaciones y cloacas colapsadas
La situación se agravó con las últimas tormentas en el Gran Mendoza. Vecinos relataron que el agua ingresó a las casas y que debieron drenarla con baldes. Sostienen que las cloacas colapsaron y que el mantenimiento es casi inexistente.
Según explicaron, una vez finalizados los trabajos más urgentes apareció personal de la empresa de agua, pero no hubo continuidad en las tareas. “Estamos olvidados”, resumió una vecina, que asegura que el problema se repite cada vez que llueve fuerte.
La sensación de abandono no se limita a lo ambiental. Los testimonios hablan de una convivencia cada vez más tensa, donde el malestar crece y las respuestas oficiales no alcanzan para calmar los ánimos.
Inseguridad y tensión social
El otro eje del conflicto es la inseguridad. Los vecinos describen robos diarios en distintas calles del sector, desde rotura de vidrios de vehículos hasta el ingreso a viviendas durante la madrugada. Afirman que muchas de las personas señaladas como responsables serían jóvenes que ocuparon el baldío tras la relocalización.
Según los relatos, la situación ha generado episodios de violencia y enfrentamientos entre vecinos y presuntos delincuentes. El temor es que la escalada termine con heridos o algo peor.
Mientras tanto, desde el municipio sostienen que el predio quedará bajo custodia para futuros proyectos urbanos y sociales. Pero en el barrio la espera se hace larga. Entre comunicados oficiales y reclamos reiterados, Urundel sigue siendo un símbolo de una solución habitacional que dejó un problema abierto.
Esta dicotomía entre la planificación estatal y la vivencia barrial expone la complejidad de una transición que no termina de conformar a los vecinos. Mientras la Municipalidad de Godoy Cruz busca consolidar la recuperación de un espacio estratégico, se enfrenta al desafío de gestionar un terreno con más de un conflicto. Que además, pertenece a un privado.
Para el municipio, la limpieza del lugar es un paso necesario, pero complejo a la vez; para los vecinos, es una intervención insuficiente que los deja expuestos ante un foco de inseguridad y colapso sanitario. En este escenario, la desconfianza crece, dejando en claro que la erradicación del asentamiento fue apenas el inicio de un conflicto territorial que demanda una presencia institucional mucho más constante y efectiva.