ver más

Alerta por dengue en Argentina: el Super Niño podría preparar el terreno para un nuevo brote

El dengue y El Niño vuelven a cruzarse en Argentina: qué advierten la OMS, un estudio global y los últimos datos epidemiológicos del país.


Argentina acaba de cerrar una temporada de baja circulación de dengue, pero comienza la siguiente bajo un escenario climático que exige atención. El fenómeno de El Niño ya está activo y los modelos anticipan que podría alcanzar una intensidad fuerte o muy fuerte durante la primavera. La combinación no permite pronosticar una epidemia, aunque sí ofrece una señal temprana para reforzar la prevención.

La diferencia con lo ocurrido dos años atrás es considerable. Durante la temporada 2023-2024, el país atravesó la mayor epidemia de dengue registrada hasta el momento: hubo 583.297 casos confirmados y 419 fallecimientos, según el Ministerio de Salud de la Nación.

En cambio, el ciclo 2025-2026 concluyó con solamente 71 casos confirmados, 39 de ellos autóctonos, sin transmisión sostenida, cuadros graves ni muertes. Sin embargo, el descenso no equivale a la desaparición del riesgo.

Las lluvias, las temperaturas elevadas y la humedad pueden favorecer la reproducción del mosquito cuando encuentra recipientes con agua acumulada. Imagen generada con IA.

La OMS explica cómo El Niño puede favorecer al dengue

El Niño es la fase cálida de un fenómeno natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur o ENOS. Se produce cuando aumenta la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial y ese calentamiento modifica la circulación atmosférica, las lluvias y las temperaturas en distintas regiones del planeta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aclara que El Niño actúa como un “modificador del riesgo”. Sus consecuencias sanitarias dependen del clima de cada territorio, las condiciones ambientales, la inmunidad de la población y la capacidad de respuesta de los sistemas de salud.

En el caso del dengue, las temperaturas elevadas pueden acelerar el desarrollo del Aedes aegypti, aumentar su actividad y favorecer la replicación del virus dentro del mosquito. Las lluvias, por su parte, generan depósitos de agua donde las hembras colocan sus huevos. Incluso las sequías pueden incrementar el peligro cuando las familias almacenan agua en recipientes sin protección.

No todas las precipitaciones producen el mismo efecto ni todas las regiones reaccionan de manera idéntica. Una lluvia moderada puede multiplicar los criaderos, mientras que un episodio muy intenso puede arrastrar huevos y larvas. Por eso, la relación entre El Niño y el dengue es compleja y debe analizarse localmente.

El estudio que vinculó 45 años de clima y dengue

Una investigación publicada en septiembre de 2025 en Nature Communications analizó los casos registrados en 57 países de América y Asia entre 1980 y 2024. El trabajo buscó establecer cómo las alteraciones climáticas generadas por el ENOS se trasladan hacia regiones alejadas del Pacífico y modifican la transmisión del dengue.

Después de contemplar las diferencias entre países, el modelo estimó que las fluctuaciones del ENOS podían explicar hasta el 63% de la variación interanual de los casos. El resultado no significa que El Niño sea responsable de seis de cada diez contagios, sino que existe una asociación estadística relevante entre la intensidad del fenómeno y los cambios anuales de la enfermedad.

El estudio identificó a la temperatura como la principal vía de influencia. Las precipitaciones mostraron efectos más variables: en algunos territorios potenciaron la transmisión y en otros la redujeron. También encontró que las consecuencias pueden extenderse hasta dos años después del episodio climático. Para el evento de 2023-2024, los investigadores calcularon, mediante su modelo, alrededor de 9,6 millones de casos adicionales en el mundo respecto de los patrones estacionales esperados. Se trata de una estimación, no de un recuento directo ni de una atribución individual de contagios.

Los efectos de El Niño sobre el riesgo de dengue. Grafico: Nature Communications

Qué puede concluirse para Argentina

El Servicio Meteorológico Nacional informó que existe una probabilidad del 100% de que El Niño continúe durante el trimestre septiembre-noviembre de 2026, con una intensidad fuerte o muy fuerte. En Argentina, este fenómeno suele estar asociado con mayores precipitaciones y temperaturas superiores a las normales, aunque sus efectos varían entre regiones.

El país llega a este escenario con una circulación viral muy baja. El último Boletín Epidemiológico Nacional registró solamente dos casos importados desde Brasil al comienzo de la temporada 2026-2027. Ese punto de partida es favorable, pero no garantiza que la situación se mantenga cuando aumenten las temperaturas y la movilidad regional.

También requiere vigilancia la presencia del DENV-3. Durante la temporada pasada se identificó en el país el genotipo III, linaje B3, relacionado con virus detectados en Brasil y el Caribe. Su eventual expansión podría encontrar grupos de población con menor inmunidad frente a ese serotipo.

La conclusión posible es concreta: Argentina comienza la nueva temporada con menos virus en circulación, pero con condiciones climáticas potencialmente más favorables para el mosquito. El Niño no permite afirmar que habrá otra epidemia, aunque justifica anticipar las acciones antes de que aparezcan los primeros focos.

Prepararse durante la calma

Por su lado, en Latam Dengue Forum, realizado en Cartagena y organizado por la farmacéutica Takeda. Los especialistas reunidos señalaron que la disminución de los contagios constituye una oportunidad para mejorar la vigilancia, el diagnóstico diferencial, el control del vector y la preparación de los servicios sanitarios.

El encuentro también advirtió que el envejecimiento de la población latinoamericana puede modificar el impacto clínico de la enfermedad, al aumentar la cantidad de pacientes con patologías preexistentes y riesgos particulares.

“La respuesta frente al dengue requiere anticipación: comienza antes de que se registre un brote, mediante la preparación, la prevención y el trabajo conjunto. Es fundamental articular el conocimiento científico, la evidencia generada en la región y la colaboración entre distintos sectores para implementar estrategias integrales, que incluyan el control del vector, la comunicación y la vacunación cuando esté indicada, con el objetivo de reducir el impacto de la enfermedad y proteger a las comunidades de la Argentina y de toda América Latina”, sostuvo la médica argentina Vanesa Castellano, directora médica del Departamento Científico de la Fundación Vacunar y especialista del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

La fumigación, por sí sola, no alcanza porque actúa principalmente sobre los mosquitos adultos. La medida doméstica más efectiva continúa siendo eliminar, vaciar o cepillar los recipientes capaces de acumular agua. En un año atravesado por El Niño, hacerlo y sostenerlo durante toda la temporada puede resultar más importante que reaccionar cuando los casos ya comenzaron a crecer.

La OMS aclara que El Niño no causa el dengue de forma directa, pero puede generar condiciones climáticas que aumenten el riesgo de transmisión. Imagen generada con IA.

Chikungunya: la otra enfermedad que podría verse favorecida por El Niño

El escenario también exige vigilar la chikungunya, una enfermedad transmitida principalmente por el mismo mosquito que propaga el dengue: Aedes aegypti -y en ocasiones el Aedes albopictus-. La OMS advierte que los cambios de temperatura, lluvias, humedad y almacenamiento doméstico de agua asociados a El Niño pueden modificar la abundancia del vector y aumentar la exposición de las personas.

La advertencia tiene especial relevancia para Argentina porque la temporada 2025-2026 dejó un escenario muy distinto al observado con el dengue. El Boletín Epidemiológico Nacional N.º 823 registró 13.308 casos sospechosos de fiebre chikungunya, de los cuales 3.730 fueron clasificados como confirmados, probables o probables por nexo epidemiológico. El 83% no tenía antecedentes de viaje, lo que confirmó el predominio de la transmisión local.

El brote comenzó después del ingreso de casos desde Bolivia y tuvo su epicentro en el Noroeste argentino. El 97% de las notificaciones se concentró principalmente en Salta, Tucumán y Jujuy, aunque también se detectaron casos en otras jurisdicciones. Entre las personas con información disponible, 239 necesitaron internación; se notificaron nueve cuadros graves y dos fallecimientos.

Al comienzo de la temporada 2026-2027 todavía no se habían confirmado nuevos casos de chikungunya. Sin embargo, la transmisión autóctona registrada meses atrás demuestra que el virus encontró condiciones para circular en el país. Un El Niño fuerte o muy fuerte podría prolongar o ampliar las condiciones ambientales favorables para el mosquito, pero no permite asegurar que el brote vaya a repetirse.

La enfermedad suele provocar fiebre repentina y un dolor articular intenso que, en algunos pacientes, puede persistir durante semanas. Debido a que sus primeros síntomas pueden confundirse con los del dengue, la OMS considera indispensable fortalecer el diagnóstico diferencial y la vigilancia simultánea de ambas infecciones.