Agustín Porres: "Dandelion es un centro nuevo que creamos para la educación del carácter"
El director regional de Fundación Varkey, Agustín Porres, destacó la educación del carácter, la alfabetización y una mayor autonomía escolar.
.Agustín Porres, director regional de Fundación Varkey, pasó por Entrevistas MDZ y analizó uno de los debates más urgentes de la agenda educativa: cómo formar mejores estudiantes en un contexto atravesado por cambios tecnológicos, crisis de aprendizaje y demandas cada vez más complejas para la escuela.
En la entrevista, el especialista se refirió al reconocimiento internacional que recibió por su trabajo en educación del carácter en América Latina, defendió la necesidad de formar en virtudes desde la escuela y planteó tres ejes clave para mejorar el sistema educativo argentino: fortalecer la alfabetización, repensar el sentido de la secundaria y dar mayor autonomía a las escuelas. Agustín es esposo, papá de cuatro, profesor de filosofía, magíster en políticas públicas, director regional de la Fundación Varkey y fundador de la Comunidad Araucaria. Publicó el libro Tareas pendientes y a comienzos de 2026 fue distinguido con el premio Ambassador of Character de la Universidad de Birmingham.
Mirá la entrevista completa a Agustín Porres
-Bienvenido, Agustín a MDZ. Gracias a vos por asistir. Contános un poquito, en principio, acerca de este premio, ¿en función de qué es la distinción?
-Muchas gracias por la invitación. Es un reconocimiento que da la Universidad de Birmingham; lo entregan una vez por año en Oxford en su conferencia anual de Character, de educación del carácter. Y es, en gran medida un reconocimiento al equipo nuestro por el trabajo que venimos haciendo en América Latina de haber puesto la educación del carácter arriba de la mesa, en particular formando docentes y trabajando a nivel escuela como un programa que implementamos con funcionarios de gobiernos en el cual se están terminando de formar funcionarios de cinco países sobre la educación del carácter.
-¿Funcionarios de gobierno tiene que ver con este libro que habías publicado titulado "Tareas pendientes"?
-Podríamos decir que nace ahí; durante la pandemia trabajamos con ex ministros de todo el mundo reflexionando sobre qué quedaba pendiente hacer en las gestiones públicas, qué es lo que los ministros intentaban hacer y no podían. Y a partir de esas reflexiones nos metimos mucho en el trabajo de la política educativa y comenzamos a trabajar con ministros actuales. Creamos Comunidad Araucaria que es una red de ministros de educación de toda América Latina, es una red que los reúne a los ministros de manera informal para que se encuentren como personas más allá de los cargos, que tengan un espacio para compartir ideas, innovaciones, también compartir los miedos, los desafíos y pensar algunas políticas comunes para la región. Se encuentran ministros de todos los partidos políticos, de "todos los colores" de la región en un espacio de encuentro real, genuino.
-¿Cómo moderan esas conversaciones?
-En realidad te diría que los dejamos solos a ellos, porque cuando se encuentran surgen... La posición del ministro es una posición muy solitaria, están muy desafiados, pero al mismo tiempo enfrentan problemas comunes de Michoacán, México y Corrientes en la Argentina o Uruguay, Chile. Los problemas son similares y muchas veces las soluciones no, entonces es parte de compartir los desafíos del rol. Obviamente cada vez que los juntamos buscamos personas inspiradoras que vengan a desafiarnos, lo hacemos en ámbitos en los que mezclamos lo académico, parte del viaje es una formación, porque los ministros no tienen espacios de formación. Primero que nadie se prepara para ser ministro y después cuando están en el cargo no tienen ni un segundo, son posiciones demasiado demandantes. Entonces tratamos de acompañar o de humanizar esos roles que a veces no tienen nada de humano, no tienen reflexión, no tienen espacio de encuentro, están muy forjados por la agenda, por la urgencia, nosotros generamos algo distinto. Y en el trabajo con los ministros es que creamos este programa, para nosotros la educación del carácter es fundamental. La educación del carácter es cómo se educan las virtudes en la escuela y es algo que hoy que discutimos mucho de inteligencia artificial, capaz no lo discutimos lo suficiente. Entonces pusimos este tema en la agenda de los ministros. Empezamos a trabajar con ellos y les ofrecimos este programa para formar a sus equipos, para que no solo el ministro, sino viceministros, secretarios, directores, la gente de planta de los distintos ministerios reciban una formación de calidad sobre la educación del carácter para que puedan reflexionar qué deberíamos hacer a nivel sistema.
-Agustín, te referís a formar el carácter en función de las virtudes. Hace años que en educación, al menos en Argentina, se hace hincapié en educación en valores. ¿Cuál es la diferencia entre educar en valores y educar en virtudes?
-Tiene muchos puntos de encuentro, lo podríamos llamar de distintas maneras. Nosotros elegimos como alguna corriente que habla de educación del carácter, que es en el fondo formar la personalidad en virtudes, porque nos parece lo más estable. Se pueden confundir valores y virtudes. Los valores, que nos parecen fundamentales, en algún punto, podrían cambiar. El valor de cuánto valen las cosas podría variar. Tiene que ver más también con la cultura. Algo que vale para uno, no vale para el otro. Ahora, la virtud radica en la esencia de la persona. La virtud es el hábito, es el hábito operativo bueno. El vicio sería el hábito operativo malo. Pero la virtud es algo que es intrínseco de la persona, que se desarrolla y que es estable. Entonces, es un trabajo más profundo. Hoy en día también hay muchas corrientes que trabajan la educación socioemocional, que es súper importante. Pero la emoción es una manifestación exterior. La virtud tiene que ver más con el desarrollo estable de la persona. Por eso nos parece que en educación hay que trabajar las virtudes. Y, de vuelta, hay muchos modelos, hay muchas metodologías para trabajarlo. Lo importante es que se trabaje de manera deliberada, que no quede en que queremos chicos virtuosos, sí, ¿cómo? ¿Y cómo hacemos que eso pase?
Formar el carácter en función de las virtudes
-¿Esto es un poco el programa Dandelion?
-Dandelion es un centro nuevo que creamos para la educación del carácter. Nosotros trabajamos desde Fundación Varkey hace más de 10 años en formación docente, en formación de directores de escuela y en formación de ministros. Ahora queríamos crear este centro para darle una relevancia distinta a la formación del carácter. Y no sólo a la formación, sino también a la investigación. Es decir, tenemos que investigar qué está funcionando y qué no, qué da resultado y cómo, para que eso pueda ser replicable. Porque cuando uno busca bibliografía al respecto, hay muy poco en español y hay muy poco que tenga que ver con América Latina. Hay mucha investigación en Europa, en Estados Unidos, Singapur, el Ministerio de Educación de Singapur creó su propio centro, pero en Argentina y en América Latina nos falta. Por eso nosotros, para responder, creamos este centro.
-Bien. Y hablando de responder, ¿cuál ha sido la respuesta de los docentes frente a esta propuesta?
-Es muy buena. Primero, hay mucho que ya está sucediendo en las escuelas y que hay que visibilizar. Cuando uno va a las escuelas ve, en las paredes, en los pasillos, en las aulas, virtudes que se están trabajando, mensajes, orientaciones hacia este tipo de formación. Pero muchas veces no lo terminamos de visibilizar. Nadie estaría en contra de decir: queremos chicos virtuosos, generosos, buenos, íntegros, que digan la verdad. El tema es cómo. La recepción de los programas fue muy buena. Por ejemplo, el año pasado les ofrecimos a los ministros este programa para sus equipos. Se lo presentamos a un grupo de ministros y 17 ministros de América Latina nos pidieron implementarlo en sus equipos de gobierno. El piloto lo hicimos con cinco, pero había muchísimo interés. Hay mucha atracción por poner este tema sobre la mesa, ponerlo en agenda y visibilizarlo.
-En ese sentido, ¿cómo accionan los premios? Sos director regional de la Fundación Varkey, que comenzó con una distinción al docente, al maestro. ¿Y ahora también distinguen a estudiantes y escuelas?
-La fundación nace con el premio Global Teacher Prize, que busca celebrar a los docentes. Celebrar significa visibilizar lo que grandes docentes están haciendo en el mundo para revalorizar la profesión docente. Para nosotros está claro que cuanto más valoremos el rol de los docentes, mejor nos va a ir en educación. Ese reconocimiento no es solo dentro de la escuela, sino en toda la sociedad: en los medios, en el sector privado, en el sector público. Dónde ponemos al maestro habla mucho de nosotros como sociedad y también de nuestros resultados educativos. El primer objetivo del premio es celebrar. Y el primer mensaje no es para la comunidad docente, sino para afuera: para que la sociedad valore lo que está pasando en la escuela. El premio ha ayudado a poner en valor y a multiplicar muchas acciones muy valiosas que docentes de todo el mundo están realizando, para que se conozcan y se puedan replicar.
-¿Tenés algún ejemplo concreto?
-Hace poco premiamos a una maestra de Brasil, Débora Garofalo, como Influencer del Año. Débora enseñaba en una escuela de una favela de San Pablo, al lado de un basural. Con sus alumnos juntaban basura y, con esos materiales, les enseñó a construir robots. Hacía robótica con basura. Con cosas simples —por ejemplo, un desodorante— armaban robots. Débora fue finalista del premio en 2019. Gracias a esa visibilidad, en la conferencia donde se entrega el premio conoció al ministro de Educación de San Pablo,su estado. Dos meses después pasó de ser maestra en una favela a ser directora de tecnología del estado de San Pablo, que tiene 40 millones de habitantes. Su programa pasó de una escuela a todo el estado. Eso fue posible gracias a la visibilidad del premio.
-¿Y cómo llegan a postularse para el premio?
-Hay dos caminos. Los docentes pueden postularse directamente, o cualquier persona puede nominar a un docente, a un estudiante o a una escuela.
-Cuando uno recorre la Argentina, sobre todo en el interior, muchas madres dicen: “La maestra de mi hijo se merece un monumento”.
-Bueno, a esas maestras hay que nominarlas al premio. Participé hace un mes de la décima edición del premio. Cada año hay 50 finalistas y conocemos una comunidad de cerca de 500 docentes del mundo que son increíbles. Hace poco llegó al top 10 Gloria Cisneros, una maestra del Chaco. Después de conocer cientos de finalistas de todo el mundo, cuando conocimos su historia nos emocionó y nos dejó sin palabras. Lo que hace en una zona rural del Chaco es extraordinario. Hay muchas historias así que todavía no conocemos y que hay que visibilizar: para agradecer, reconocer e inspirar.
-Y en cuanto a los estudiantes y las escuelas que ahora también se premian…
-Reconocer a los estudiantes es poner en valor que la educación es ese encuentro entre el docente y el alumno. El docente busca que los alumnos florezcan. En Dandelion hablamos de florecimiento humano. En el Premio Estudiantes encontramos historias increíbles de innovación y creatividad. Por ejemplo, un chico de Ghana creó un sistema para recuperar energía cinética del movimiento en las calles y generar electricidad para su comunidad. En Argentina, Maxi Fernández, de Salta, creó una app para traducir del wichí al español y facilitar trámites a miembros de su comunidad.
-¿Se puede acceder a esas historias?
-Sí, a todas. Están en las páginas de la fundación: Fundación Varkey y Teacher Prize
-Allí están las historias y los protagonistas.
-Estos docentes y estudiantes están muy accesibles para conocerlos y, sobre todo, para hablar bien de educación. Pasamos mucho tiempo criticando nuestros resultados educativos —y con razón, porque queremos mejorar—, pero también hay muchas cosas buenas que deberían motivarnos a decir: se puede.
-Si tuvieras que elegir dos o tres tópicos fundamentales para mejorar concretamente la educación en Argentina, ¿cuáles serían?
-Creo que hay una ganancia importante: haber puesto la alfabetización en agenda y que todas las provincias estén trabajando en esa dirección. También debemos preguntarnos cuál es el sentido de la escuela secundaria. ¿Qué queremos que pase ahí? ¿Cómo hacemos que eso suceda?¿Cómo hacemos que atraiga e inspire a los estudiantes? Y, finalmente, la autonomía de las escuelas. Tenemos regulaciones muy antiguas que les dan poco margen de acción. Creo que debemos confiar más en los directores y darles más libertad para decidir.
-La palabra confiar la repetís a menudo. ¿Lo relacionás con el proyecto de ley de libertad educativa?
-Sí, también. Que se pueda discutir es algo positivo. Está ese proyecto y también reformas provinciales que avanzan en mayor autonomía. No encuentro razones para no darle más margen de acción a las escuelas. No será fácil, pero quienes están al frente de cada escuela conocen mejor que nadie su comunidad.
Confiar en los directores de las escuelas
-Perfecto. Agustín, te agradecemos muchísimo la visita. Seguiremos conversando en otro momento.
-Muchas gracias por la invitación y por poner la educación en agenda.