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Abrazar el futuro: hacia una verdadera cultura de la vida y el cuidado familiar

La mirada apunta a la vulnerabilidad de la mujer en su embarazo, al niño por nacer y a la necesidad de más acompañamiento real desde el inicio de la vida.


En nuestra sociedad actual, a menudo nos encontramos frente a encrucijadas que ponen a prueba nuestra humanidad. No es casual que, frente a la atrofia del corazón, que impide dirimir con justicia sobre el sentido de la vida , se yerga la posibilidad de acabar con todo lo que molesta. Y que esta eliminación se exprese como un derecho del más fuerte sobre el más débil.

Construir una auténtica cultura de la vida

Para poder actuar firmemente a favor del bien y de la verdad, requiere superar las banderas de los eufemismos —como llamar al aborto una "interrupción legal, médica, voluntaria o quirúrgica del embarazo"— que solo buscan ocultar la eliminación directa de una vida humana indefensa e inocente.

embarazada

Construir una auténtica cultura de la vida, para poder actuar firmemente a favor del bien y de la verdad

En el centro de este tejido social se encuentra la mujer

Quienes enfrentan embarazos inesperados suelen padecer situaciones de extrema vulnerabilidad, pobreza, violencia o incomprensión. Presentar el aborto como una decisión puramente libre es ignorar que, en realidad, expone el fracaso del Estado en sus políticas de salud y educación, así como el de la familia como red de contención. La madre se convierte frecuentemente en una víctima más de un sistema que impone un individualismo feroz, aislándola en la soledad sin ofrecerle opciones reales ni un conocimiento objetivo de las consecuencias.

No podemos apartar la mirada del niño por nacer

La ciencia demuestra con contundencia que desde la concepción existe un código genético diferente; no es una parte del cuerpo materno, sino un individuo absolutamente único. Su dignidad no radica en el deseo de un tercero por darle existencia, sino en el hecho ineludible de que ya es, existe y vive. Legislar sobre la posibilidad de terminar con la vida de un inocente, que además se encuentra al cuidado de la única persona que puede protegerlo hasta su nacimiento, resulta definitivamente un absurdo.

Es urgente eliminar el mal de raíz, esto es derogar la ley de aborto que habilita, como pena de muerte, a acabar con las vidas humanas más inocentes. Es paradójico hablar de libertad, pero impedirla a quien tiene todo el derecho de ejercerla, por no permitirle vivir. Una sociedad comprometida debe devolver la verdadera libertad de elección a las madres brindando prevención y educación integral, creando espacios de acompañamiento familiar y social, asegurando cuidados puerperales efectivos, ¡ya tenemos la Ley de los 1000 días! y reactivando decididamente la ley de adopción para quienes, conociendo todas las opciones, sientan que no pueden asumir la maternidad.

nacimiento

Quienes enfrentan embarazos inesperados suelen padecer situaciones de extrema vulnerabilidad.

En este camino, es indispensable recordar el rol de los varones, quienes también están llamados a preservar la vida y compartir las responsabilidades, haciendo el trayecto mucho más liviano. Toda vida vale por igual, tanto la de los nacidos como la de los por nacer. Fomentar una cultura integral de cuidado familiar es el sendero más seguro y compasivo. No desgastemos energías en batallas ideológicas; vale todo nuestro esfuerzo poner manos a la obra para proteger a los más débiles y defender la vida en cualquier circunstancia, porque nuestros hijos lo merecen.

* Alejandra Planker de Aguerre. Instituto para el Matrimonio y la Familia - UCA