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Abel Albino: "La principal riqueza de un país es su capital humano"

El médico repasó su historia, el trabajo de Conin y advirtió sobre la desnutrición infantil y su impacto en el desarrollo humano.


El doctor Abel Albino pasó por Entrevistado MDZ en una extensa conversación donde repasó su vida personal, su vocación médica y el recorrido que lo llevó a especializarse en pediatría e infectología. A lo largo del diálogo, recordó su infancia, la influencia de su padre, sus años de formación y las decisiones que marcaron su camino profesional.

También profundizó en la creación y el trabajo de la fundación Conin, su lucha contra la desnutrición infantil y la importancia del pensamiento del doctor Fernando Monckeberg. Con énfasis en la primera infancia, insistió en que los primeros años de vida son determinantes para el desarrollo del cerebro y el futuro de las sociedades.

Entrevista completa a Abel Albino

Entrevista Abel Albino

-¿Cómo recuerda aquella etapa en la que su padre lo obligaba a estudiar o trabajar?

-Mi papá era muy exigente, medio salvaje diría yo, pero en el sentido formativo. Él me decía: ‘o estudias o trabajas’, y trabajar era levantarse a las cinco de la mañana, no era un juego. Eso te marca. En ese momento uno lo vive con rebeldía, pero con los años entendés que esa disciplina te ordena la vida. Incluso cuando le dije que dejaba medicina, la reacción fue muy fuerte, pero también muy humana: era un padre que quería que uno tuviera un camino claro, que no se dispersara.

-¿Es cierto que llegó a dejar la carrera de medicina en algún momento?

-Si, lo dejé. Sentía que estaba en un momento difícil, la farmacología me parecía extremadamente compleja, como aprenderse una guía telefónica entera. Me desmotivé y pensé en dedicarme a otra cosa. Me fui a vender autos con mis primos, que en ese momento me parecía una vida más simple, más directa. Pero con el tiempo uno empieza a sentir que hay algo que lo llama de nuevo, algo más profundo, y terminé volviendo a la medicina.

-¿Qué lo hizo volver a elegir el camino de la medicina?

-Hubo un momento muy concreto que me marcó. Un profesor mío, el doctor Juan Francisco Villalonga, me tomó un examen, me fue muy bien, y al final me dijo: ‘usted es médico’. No me voy a olvidar nunca de eso. Me abrazó, me felicitó, y me hizo sentir que ese era mi lugar en el mundo. A veces no es solo lo que uno estudia, sino lo que alguien ve en vos y te devuelve. Esa frase me reordenó completamente.

En esos años, Chile era extremadamente pobre

Chile era extremadamente pobre

-¿Por qué terminó eligiendo pediatría?

-Yo en realidad quería ser infectólogo, pero el profesor me explicó algo que me quedó grabado para siempre: que la pediatría es la base natural de la infectología. Me dijo que la mayoría de las enfermedades en la infancia son infecciosas: sarampión, varicela, rubeola, meningitis, hepatitis. Entonces me recomendó empezar por ahí. Tenía razón. La pediatría te da una mirada integral del niño, de su crecimiento, de su vulnerabilidad, y eso después te sirve para todo.

-¿Qué recuerda de su formación en Chile?

-Fue una etapa muy rica intelectualmente. Estaba en el Hospital Luis Calvo Mackenna, en Santiago, y cada quince días venían especialistas de distintas áreas: médicos, antropólogos, sociólogos, filósofos, abogados. Era una especie de formación humanística además de médica. Ahí escuché por primera vez al profesor Fernando Monckeberg hablar de la pobreza extrema en la que trabajaba. Decía que los chicos morían como moscas en ciertos sectores de Santiago. Eso me impactó profundamente.

-¿Qué le transmitió Fernando Monckeberg?

-Monckeberg fue un maestro. Nos enseñó algo muy fuerte: que frente a la pobreza uno puede elegir dos caminos. Uno es buscar culpables, quedarse en la queja, en la denuncia permanente, sin resolver nada. El otro es asumir la cuota de responsabilidad que cada uno tiene como miembro de la sociedad y ponerse a trabajar. Él eligió trabajar. Se fue a Harvard, investigó, volvió y creó un centro de nutrición y tecnología de alimentos. Transformó la realidad con acción concreta.

-¿Cuál es el rol de los primeros mil días en el desarrollo infantil?

-Los mil días son absolutamente fundamentales. Son los 270 días del embarazo más el primer y segundo año de vida. En ese período el cerebro crece de una manera explosiva. El bebé nace con unos 320 gramos de cerebro, y en un año prácticamente lo triplica en tamaño. Al año ya tiene cerca del 80% del cerebro adulto. Si en ese momento no hay buena nutrición, buen estímulo, afecto, interacción, después es muy difícil recuperar lo perdido. Ahí se define gran parte del futuro del niño.

Me pegaron muchas veces por Conin

Me pegaron muchas veces por Conin

-¿Qué representa CONIN en su trayectoria?

-Conin es una misión de vida. Es un trabajo difícil, muy duro, pero profundamente necesario. Hemos recuperado más de 45.500 chicos que estaban en situación de desnutrición. Muchos llegaban en estado crítico, con defensas muy bajas, con infecciones, con retraso en el crecimiento. Pero con tratamiento, alimentación, seguimiento y sobre todo con cariño, se logran mejoras enormes. La desnutrición no es solo falta de comida, es falta de desarrollo humano. Y lo importante es que es la única forma de debilidad mental que se puede prevenir y revertir completamente. Por eso hay que seguir insistiendo todos los días.

Conin puede recibir tu apoyo de diversas maneras:

  • Donación online: podes realizar una donación mensual a través de una suscripción en la cual se debita un monto estipulado de tu tarjeta cada mes. Este dinero es destinado a los centros Conin para seguir con su labor.
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