El llamativo puesto en el quedó Argentina en el ranking global de bienestar
Un puesto llamativo para el contexto económico que atraviesa el país. Así podría definirse al lugar que alcanzó Argentina tras una ambiciosa investigación desarrollada por académicos de las universidades de Harvard y Baylor. Se trata del Global Flourishing Study (GFS), un informe internacional publicado por Nature Mental Health. El estudio analizó datos de más de 200.000 personas en 22 países, incluyendo a 6.724 argentinos, con el objetivo de medir el "florecimiento humano" desde una perspectiva integral, más allá del Producto Bruto Interno.
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La puntuación promedio de Argentina fue de 7,14 puntos sobre 10, lo que la ubica en el décimo lugar del ranking general. El índice considera seis dimensiones del bienestar: salud física y mental, felicidad, sentido de la vida, carácter, relaciones sociales y seguridad financiera.
Los argentinos se destacaron especialmente en variables emocionales y relacionales, como el apoyo social, el dominio personal (capacidad de superar desafíos), la esperanza y el compromiso ético. En particular, el ítem "promover el bien", vinculado a conductas prosociales y éticas, se ubicó entre los más altos del estudio.
Sin embargo, esas fortalezas conviven con un claro talón de Aquiles: la inseguridad económica. En ese contexto el país se posicionó entre las naciones con mayores niveles de “preocupación financiera” y “preocupación material”, según el informe. La ansiedad vinculada al dinero, al acceso a alimentos o vivienda, y la percepción de bienestar financiero subjetivo arrastran hacia abajo el promedio general del país.
“El caso argentino muestra cómo una sociedad puede mantener altos niveles de bienestar subjetivo aún en contextos económicos desafiantes”, señalaron los autores del estudio.
Matrimonio, espiritualidad y pasado infantil: otros datos que marcan diferencias
Una curiosidad revelada por el estudio es que en Argentina el estado civil tiene escaso impacto en el bienestar. La diferencia de puntuación entre personas casadas y separadas es de solo 0,10 puntos, una de las más bajas entre todos los países analizados. En otras naciones, como Israel, esa brecha supera los 0,90 puntos.
También se evaluó el impacto de la espiritualidad. Las personas que asisten a servicios religiosos muestran en general mayores niveles de florecimiento, aunque el efecto en el país es más moderado que en países como Polonia o Hong Kong.
El informe profundiza además en cómo las experiencias de la infancia inciden en el bienestar adulto. En Argentina, quienes vivieron en hogares con carencias económicas o atravesaron situaciones de violencia o exclusión reportan niveles más bajos de bienestar general. Sin embargo, en algunas dimensiones —como el sentido de propósito vital— muchas personas que vivieron infancias adversas alcanzan niveles altos de florecimiento, lo que sugiere un componente de resiliencia cultural en la sociedad local.
Un llamado a mirar más allá de los números macro
Los investigadores advierten que estos hallazgos pueden ofrecer insumos clave para el diseño de políticas públicas que vayan más allá del crecimiento económico y atiendan al bienestar integral de la población. “El florecimiento humano no puede entenderse solo por el ingreso per cápita o la inflación: implica relaciones, salud mental, propósito, esperanza. Y ahí, Argentina tiene fortalezas que deben cuidarse”, concluyeron.

