"Te voy a contar lo que pasa acá": la emotiva carta de un soldado de Malvinas para su hija
El escalofriante avance de la guerra en las Islas Malvinas, el crudo frío y los fuertes vientos del Atlántico Sur no impidieron que el mayor del Ejército, Jorge Luis Amaro Etienot, le escribiera cartas a cada uno de sus cinco hijos, a su esposa y a sus hermanos, que aguardaban su regreso a su casa en Paraná, Entre Ríos.
El 15 de mayo de 1982, el mismo día que las fuerzas británicas atacaron las posiciones argentinas en la Isla Borbón, Etienot se encontraba en la Isla Soledad, donde, con el afán de estar presente para sus hijos -aunque sea a la distancia- y escapar mentalmente de la guerra por unos minutos, decidió redactar en papel manteca una carta para Josefina, su “regalona”. Durante el conflicto, muchos combatientes elegían escribir en ese material “porque era una misma hoja manteca que se hacía sobre para que fuera liviana y pudiera viajar en avión”, aseguró Josefina.
Jorge Luis Amaro tenía 36 años cuando fue enviado a Malvinas a cargo de la Compañía de Ingenieros de Combate 601 de Paraná. Su esposa, María Josefina, quedó a cargo de sus cinco hijos, que siempre supieron cuál era el deber de su padre. “La idea de que iba a la guerra no era ajena. Teníamos naturalizada la ausencia de mi papá y su exposición al riesgo. Siempre nos preparó para cuando él no estuviera”, contó la ahora abogada, en diálogo con MDZ.
Al momento de recibir la carta, Josefina, la tercera de los cinco hijos, tenía tan solo 8 años. “Estaba en segundo grado. Recuerdo poco de ese día”, reveló, y agregó: “La carta estuvo guardada desde mi infancia hasta el 2015, cuando mi mamá me la devolvió. Y ahí volví a leerla después de mil años”. Al releer las tiernas palabras de su padre, volvió a sentir la misma emoción que sintió cuando la tuvo en sus manos por primera vez, años atrás. “Volví a sentir y pensar eso: ‘El viejo la veía abajo del agua’; ‘Dejó todo planeado’”, manifestó.
Josefina sabía que su papá estaba en la guerra, pero la curiosidad y la preocupación que sentía por lo que estaría viviendo en el medio del conflicto la llevaban a consultarle a sus hermanos todo lo que estaba pasando. “Me enteraba más por mis hermanos y amigos que por mi mamá, que apenas podía con nosotros y la novedad de la partida de papá”, dijo.
Al escribirle la carta, el mayor del Ejército, que conocía bien a su hija, no dudó en contarle con lujo de detalles, con un tono tierno, patriótico y esperanzador, lo que pasaba en las Islas, dejando de lado, por supuesto, la crudeza de la guerra. “Siempre fui de preguntar y recibir respuestas. Por eso pienso que se tomó el trabajo de explicar lo que explica de un modo más ameno a lo terrible de la guerra, para salir del entorno de riesgo y bombas”, declaró Josefina.
Durante el conflicto bélico, la Compañía de Ingenieros de la que estaba a cargo Etienot tuvo la misión de realizar la voladura del puente en Fitz Roy, el 2 de junio de 1982, demorando el avance británico hacia Puerto Argentino. De acuerdo con los archivos de Malvinas, esta misión posibilitó “el desastre de Fitz Roy seis días después, propiciado por los bombardeos con A-4 Skyhawk de la Fuerza Aérea Sur, disuelta después del conflicto”.
“Mi papá volvió mucho después que el resto. La Compañía de Ingenieros de papá hizo la voladura del Puente FItz Roy y puso los campos minados en la Isla Soledad, por lo que quedaron demorados", recordó Josefina y, conmovida, aseguró que el regreso de su padre fue “tan sorpresivo como su partida”. “Un día tocaron el timbre y era él. Solo tenía el uniforme verde de fagina y un pañuelo celeste con las Islas pintadas que le trajo a mi vieja y los ingleses le dejaron conservar, después de salir del campo de prisioneros donde estuvieron los oficiales”, precisó respecto a su vuelta a casa.
Desde que volvió, nada volvió a ser igual. Seguían compartiendo la música. Su papá tocaba la guitarra y cantaba, y no lo dejó de hacer tras el conflicto. Sin embargo, no quería hablar de lo vivido. “Mi papá volvió mal. El día de la rendición, uno de sus soldados, Diego Ugalde, pisó una de las minas y falleció. Fue su único soldado muerto. En casa pensamos que con Ugalde se fue una parte de papá”, expresó Josefina.
Seis años después de su regreso de la guerra, a sus 41 años, Jorge Luis Amaro Etienot falleció. “Tuvo un infarto masivo mientras estábamos destinados en Santiago del Estero”, concluyó la mujer que mantiene vivo el recuerdo de su padre, cada 2 de abril.
Leé la carta completa del combatiente de Malvinas a su hija
Isla Soledad, 15 de mayo de 1982
Mi querida Jose:
¿Cómo anda mi regalona? Espero que te estés portando bien, tanto en casa como en la escuela. Sobre todo, espero que te acuerdes que Papá te recomendó que fueras obediente y respetuosa.
Pero yo sé, porque me contó un pajarito, que lo que a vos más te interesa, es saber lo que está pasando aquí. Entonces te contaré. Aquí sopla mucho más viento y hace bastante frío. Llueve casi todos los días y el sol sale poco. Casi siempre está nublado y las noches son muy largas; duran 14 horas. Hay muchas gaviotas, petreles y patos, que son los únicos animales que se ven por acá. En zonas más alejadas, hay pingüinos, ratones y lobos marinos. No hay árboles por ninguna parte, pero hay suficiente pasto para la inmensa cantidad de ovejas que hay en las Islas.
El viento hace flamear la bandera todo el día, porque de noche no la bajamos del mástil como se hace en las escuelas; la dejamos arriba por dos cosas: una, porque nosotros la cuidamos día y noche para que nadie pueda bajarla y, otra, porque la pobrecita estuvo esperando 150 años para flamear en las Islas. Entonces, ahora, la dejamos que se empache de mirar este pedacito de la Argentina que no conocía, desde lo alto del mástil. Pero, ¿sabés una cosa? El viento me la está deshilachando, así que me vas a tener que mandar otra cuando puedas. Tiene que ser cortita para que no se rompa rápido.
Bueno mi gorda, cuidala a Agustina y pórtate bien; recibí de mi parte un beso grandote y un fuerte abrazo; acordate de rezar de noche y espero que pronto pueda verte.
Cariños de Papá.