Hablar de más…o de modo preciso
En la mitología griega, Casandra tenía el poder de la profecía. Quien amaba a Casandra era el dios Apolo, pero a ella le resultaba indiferente. Como la venganza en el Olimpo, era un hábito común, Apolo escupe en la boca de Casandra y la maldice: ¡Hablarás, pero nadie creerá tus profecías! Fue así que Casandra predijo la caída de Troya y la muerte de su propia familia, pero nadie creyó en sus advertencias. Es la voz ignorada que advierte peligros o problemas futuros sin ser escuchada. La ironía trágica donde puede conocerse el destino de los demás pero no pueden cambiar su suerte.
La palabra “hablar” proviene del latín “fabulari” que significa “conversar” o “charlar”. A lo largo del tiempo, la palabra evolucionó y se transformó en hablar que refleja la importancia de la comunicación verbal en la cultura y en la sociedad. La evolución de la palabra demuestra cómo el lenguaje se adapta y cambia para reflejar las necesidades y experiencias del hablante-ser.
Somos testigos cotidianos que esta capacidad provoca excesos tanto desde el ámbito privado a lo público pero es esta última instancia que permite construir la llamada opinión. Por allí anda dando vuelta además lo que actualmente se entiende por “Posverdad”. Un relato falso se instala, se toma como verdadero alimentado de emociones y creencias por encima de los hechos y trae como resultado desinformación reinante, amplificando una o varias mentiras hasta que esta modalidad se instala. La posverdad se alimenta asimismo a partir del uso de las redes informáticas sociales.
Casandra dice. Habla. Vocifera ¿Y cómo es escuchada?
Uno de los primeros y sencillos modelos de respuesta del público es el modelo hipodérmico, que compara el mensaje de los medios de comunicación con una droga introyectada por vía intravenosa. Se basa en el presupuesto que el público acepta directamente y de forma pasiva el mensaje sin cuestionarlo críticamente en modo alguno. Este modelo asume que todos los miembros de la sociedad recibe e interpreta el mensaje más o menos del mismo modo. Este modelo puede estar pasado de moda.
Otro modelo posible es la teoría de la recepción que postula que la clase social y el contexto cultural de la opinión pública afectan la manera en que encuentra sentido en textos de carácter mediático como libros, revistas, periódicos. A partir de esta teoría se hace presente la audiencia que se relaciona con información en función de una experiencia vivida conduciéndola a un modelo interpretativo donde las respuestas del público construye la aceptación o el rechazo de lo leído o escuchado.
Los efectos apreciables de los medios de comunicación son múltiples
Se les acusa de alienar, de inspirar violencia, de producir apatías entre la población, de reforzar prejuicios o de trivializar sobre asuntos importantes. El grado en que se culpabiliza a los medios de comunicación por estos efectos negativos se encuentra en relación al punto de vista que se adopte sobre la actitud activa o pasiva del público. También refiere a la perspectiva o enfoque desde el cual se observa, se describe o se interpreta algo.
El punto de vista para que tenga un carácter constructivo debe evaluarse en conjunto con otros para arribar a algo que resulta verdadero. Se consideran múltiples perspectivas para obtener una comprensión más completa de lo acontecido.
¿Qué es lo grosero en una conversación? Decir “yo tengo razón”, querer imponer su parecer. Y eso forma parte de un estar por-fuera-del-otro. Va en contra del lazo social y sólo provoca malestar, aún más en la incomodidad generalizada de la época que nos toca vivir.
* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta. Pueden escucharlo en MEGAPSINEPOLIS el programa radial que conduce todos los martes a las 20 hs en Radio Amadeus FM 91.1