¿What's next? ¿Qué sigue?
Los síntomas de cambio ya son demasiado evidentes como para negar que el sistema que conocimos está llegando a su final. La sociedad del rendimiento, con todos sus males y excesos, está mostrando que ya no da para más. El vacío, la inequidad, la soledad, la deshumanización, la destrucción del planeta, el conflicto de la migración, la violencia, una sociedad tóxica y enferma, y la incertidumbre general, por nombrar algunas alertas, nos muestran que el mundo que conocimos está muriendo. En ese contexto de aguas revueltas, hay unos pocos queriendo moldear a su propio beneficio el mundo que vendrá. Del caos e inestabilidad política, económica, social, tecnológica y climática, están ávidos de poder para dominar a las masas, adueñarse de los recursos y tener el control que les garantice su posición y seguridad.
Si el futuro dependiera sólo de esas manos narcisistas, megalómanas y enfermas, probablemente la inmensa mayoría de la humanidad padecería aún más pobreza, esclavitud en todas sus formas, desigualdad, coerción, represión, violencia, destrucción de la creación y la extinción de la belleza, la bondad y la verdad. Sin embargo, lo que venga después del sistema actual no sólo depende de esa pequeña "élite", sino también de cada uno de nosotros y de toda la humanidad consciente y dispuesta. Lejos de la impotencia y frustración que muchas veces podemos sentir al no avanzar en un modo más humano y fecundo de proceder, todos debemos perseverar en la construcción de un nuevo mundo inédito en la historia y profundamente espiritual.
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Muchas veces la lógica nos muestra que somos pequeños e indefensos frente a la locura gigante de unos pocos, sin embargo, como en la historia bíblica, si tenemos fe en la vida, en nosotros mismos, en la comunidad y nos unimos en cardúmenes de paz, solidaridad, diálogo, inclusividad, respeto y creatividad, podemos cambiar el rumbo y gestar un nuevo sistema social más humano y sustentable para todos y para todo.
Una re-evolución amorista
Habrá que tener el coraje de asumir cambios en nuestra manera de proceder y relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con la creación, a partir de una mirada crítica del paradigma actual. No podemos seguir haciendo lo mismo si queremos resultados diferentes, como decía Einstein. Por lo tanto, el nuevo sistema lo tenemos que sembrar desde ahora en nuestros corazones y en la sociedad, para que florezca en el futuro.
Algunas de las semillas más relevantes son:
- Conciencia de la interdependencia: somos un todo interrelacionado, un tejido complejo y precioso de vínculos. Para sobrevivir y alcanzar la felicidad, debemos dejar atrás el individualismo y el ego, y tomar decisiones en pro del bien común que incluye a todos y al planeta.
- Promoción del amor como fundamento: el amor es la base de la salud integral de las personas, la humanidad y el planeta. Debemos investigarlo y fundamentarlo desde diversas disciplinas, para que sea el criterio central en la economía, la educación, la política, la ciencia, la cultura y las relaciones internacionales.
- Formación en valores fundamentales: la educación debe promover valores como la solidaridad, el respeto y la cooperación, tanto a través del ejemplo como del testimonio. Estos valores deben ser la base de un nuevo sistema social.
- Educación en ecología integral: los futuros líderes deben ser formados en ecología integral, velando por el cuidado de las personas, especialmente los más vulnerables, y por el medio ambiente, con creatividad y energía.
- La inteligencia emocional y espiritual: debemos promover la dimensión espiritual y emocional de las personas y las organizaciones, construyendo desde su riqueza esencial y su dignidad. Este enfoque permitirá que nuestras acciones estén orientadas por principios de cooperación y respeto mutuo.
- Responsabilidad con la tecnología: acordar cómo debemos convivir con la inteligencia artificial y los avances tecnológicos, de modo que siempre estén al servicio de las personas, la vida y la verdad, estableciendo límites claros para evitar su abuso.
- Inclusión del genio femenino: priorizar el liderazgo de las mujeres en los procesos políticos, económicos y sociales, ya que su enfoque de cuidado, ternura, resiliencia y proactividad aporta una dimensión profundamente humana a la toma de decisiones.
- Redefinir el valor de la cultura: rescatar lo que la sociedad considera “inútil”, potenciando las artes, los deportes, el contacto con la naturaleza y el silencio. Estas actividades nos conectan con nuestra interioridad y nos permiten descubrir nuestra misión esencial.
- Aprovechar la sabiduría de las personas mayores: incorporar la experiencia y los conocimientos de las generaciones mayores, para que lideren los cambios con firmeza y flexibilidad, enriqueciendo el proceso de transformación social.
El futuro es ahora
Para concretar esta transición, debemos implementar cambios en nuestra vida cotidiana. Como dice la filosofía japonesa Kaizen, hagamos el cambio paso a paso, contagiando entusiasmo y esperanza a los demás. Algunas prácticas simples pero contundentes pueden servir de punto de partida:
- Sonreír y saludar a los demás en vez de invisibilizarlos.
- Optar por la honestidad y evitar la corrupción en los pequeños gestos diarios.
- Ayudar a los más necesitados con compañía, escucha y solidaridad efectiva.
- Reducir el consumo y reciclar.
- Agendar espacios de formación espiritual y de valores, y testimoniar con alegría y responsabilidad.
- Hacer silencio unos minutos al día y desconectarnos de las pantallas para reconectarnos con nosotros mismos y los demás.
- Verificar la información que recibimos y resistir la manipulación con astucia y mansedumbre.
- Denunciar el mal con caridad, siguiendo la corrección fraterna.
- Recuperar nuestros sueños y dar pasos concretos para plasmarlos.
Todo esto puede sonar a utopía y, tal vez, los que me leen y yo misma jamás lo podremos contemplar en su totalidad, pero en cada decisión que tomemos hoy, estaremos cultivando o no esas semillas de un sistema más humano y sustentable. Los pocos codiciosos y egoístas seguirán existiendo, pero que sean solo la maleza y el abono que nos permitan cultivar con más fuerza y esperanza una nueva sociedad.
* Trini Ried Goycoolea. Periodista y escritora, especialista en vínculos.