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Owen Crippa: el regreso del guerrero

Alejandro Signorelli, investigador de la Guerra del Atlántico Sur, nos trae una nueva historia de Malvinas del año 1982.

Como suele suceder con las grandes historias, detrás de la principal transcurren otras. A veces en simultáneo, a veces tiempo después. 

El 14 de diciembre pasado, aquí mismo en MDZ se publicó mi nota titulada El ataque en solitario de Owen Crippa en donde relaté la misión de reconocimiento ofensivo que realizó el entonces Teniente de Navío Owen Crippa el 21 de mayo de 1982. La misión consistía en hacer un reconocimiento en Bahía San Carlos, para verificar si se estaba produciendo un desembarco real de tropas británicas. 

El Aermacchi MB-339 matrícula 4-A-115 al mando de Owen Crippa atacando a la fragata británica HMS Argonaut en la pintura de Carlos A. Garcia. Foto: arqueologiaaeronautica.blogspot.com

Lo que hizo que esta misión sea histórica fue que Crippa despegó solo debido a fallas mecánicas en su numeral, atacó a una fragata enemiga (HMS Argonaut), escapó zigzagueando entre el resto de la flota para que no pudieran dispararle, y luego se acercó nuevamente para hacer un croquis con las posiciones de los buques británicos antes de regresar sano y salvo a Puerto Argentino.

Su confirmación y su croquis, fueron el punto de partida que permitió que la Fuerza Aérea Argentina y la Aviación Naval descargaran toda su furia sobre los invasores, hundiendo ese mismo día 21 de mayo a la fragata HMS Ardent, el 23 a la HMS Antelope, y el 25 de mayo al destructor HMS Coventry, gemelo del HMS Sheffield, hundido días antes por misiles Exocet. Las hazañas de nuestros pilotos de combate son numerosas y legendarias, tanto es así que los británicos apodaron a la bahía de San Carlos como el callejón de las bombas (Bomb Alley), y todo comenzó con el vuelo de reconocimiento ofensivo de Owen Crippa

Croquis hecho en pleno vuelo en su anotador de rodilla por Owen Crippa para poder mostrar la cantidad y ubicación de los buques enemigos en la Bahía de San Carlos. Foto: gacetamarinera.com.ar

Esa es la historia principal, pero algún tiempo después comenzó otra, que todavía está en desarrollo casi 43 años después. 

Ese día 21 de mayo de 1982, Crippa piloteó el Aermacchi MB 339 matrícula 4-A-115. 

El Aermacchi MB 339 es un avión de entrenamiento avanzado y ataque ligero. Esto quiere decir que su principal razón de ser y para lo que fue concebido es para entrenar pilotos que ya tienen un considerable grado de conocimiento y entrenamiento. Suelen ser pilotos con cierta cantidad de horas de vuelo en monomotores, como el Mentor T-34 por ejemplo, en el caso de los pilotos de la Aviación Naval Argentina. El “Macchi” era en esos tiempos la transición para pilotear aviones a reacción y con mayor capacidad de armamento. 

Perfil del Aermacchi MB-339 matrícula 4-A-115 en el que Crippa hizo su ataque. Foto: amilarg.com.ar

Por aquellos años los pilotos navales aprendían a volar en el Mentor, pasaban a volar reactores en el Aermacchi, y luego de determinado tiempo ya pasaban a volar el A4-Q Skyhawk, un reactor de ataque subsónico con el que además adquirían la habilidad de operar desde el portaaviones ARA 25 de Mayo. El último escalón de su carrera en aquella época sería volar los Super Etendard, avión que se hizo famoso al ser el portador de los misiles Exocet. 

Si, para aquellos años la Aviación Naval contaba con varios tipos de aeronaves de ala fija y helicópteros, y un portaaviones. Hoy no tienen ni un solo avión de combate operativo ni portaaviones, una situación de indefensión que se profundizó con el cambio del milenio y que nuestros políticos desatendieron. 

Volviendo al Aermacchi, y al 4-A-115 en particular, el 5 de junio, poco antes del fin de la guerra, ese avión y otros que integraban la 1ra Escuadrilla de Caza y Ataque, lograron retornar a su base continental y evitaron ser capturados por los británicos. Continuaron volando hasta que los últimos que quedaron operativos fueron retirados de servicio en 1985. 

La Campaña Antártica 

Corría el año 1999, la campaña antártica estaba por delante y el presupuesto de la Armada había sido reducido progresivamente, hasta llegar a límites insostenibles. Sueldos exiguos, hicieron que gran cantidad de personal altamente especializado, no solo de la Armada sino de otras fuerzas, migrara a las fuerzas policiales donde recibían una mejor remuneración. No había recursos para comprar los repuestos necesarios para poner en condiciones a los helicópteros Sea King, una herramienta fundamental para atender las cuestiones logísticas de nuestras bases en ese continente. 

Desde 1901, cuando el Alferez Sobral, oficial de la Armada Argentina, acompañando a la expedición Sueca de Nordenskjöld y Larsen permanecieron aislados hasta 1903, y fueron rescatados por otro oficial de la Armada Argentina, el Teniente de Navío Julián Irizar en la corbeta ARA Uruguay (hoy surta en Puerto Madero), la república Argentina tiene presencia en ese continente. 

Esa presencia continuada, hace que hoy nuestro país tenga 13 bases allí, de las cuales 7 son permanentes y 6 transitorias. Bases donde viven y quedan aislados durante el período invernal, militares y civiles, hombres, mujeres y niños. Cabe aclarar que Argentina es uno de los pocos países que tiene 8 niños nacidos allí. El primero fue Emilio Palma, nacido el 7 de enero de 1978. 

Una imagen reciente de un helicóptero Sea King llevando provisiones desde el rompehielos ARA Almirante Irizar, hacia la Base Belgrano II en la Antártida. Foto: www.eldiariodelfindelmundo.com

Debido a la falta de repuestos antes mencionada peligraba esa continuidad, y con buen criterio la Armada Argentina decidió canjear los aviones Aermacchi que estaban inoperativos por el bloqueo Ingles a sus necesarios repuestos, por los insumos para los helicópteros. Gracias a esto, pudieron desempeñar su rol en la campaña antártica, que es clave al posibilitar el transporte de cargas entre los buques y las bases, ya que estos (el rompehielos Almirante Irizar es el más conocido) no cuentan en esas latitudes con un puerto con muelle en donde atracar, sino que fondean cerca de cada base, y mediante los helicópteros y embarcaciones menores, realizan el abastecimiento. 

Fueron tiempos de tomar decisiones difíciles, y prevaleció la importancia de la campaña antártica, por lo que el 4-A-115 fue una de esas tres aeronaves que abandonaron el país. Las otras dos fueron el 4-A-111 y el 4-A-118. 

Recuperando al 4-A-115 

¿Habrá sido necesario que una de esas 3 unidades fuera el 4-A-115? ¿Eran los únicos 3 Aermacchi que quedaban, no podrían haber mandado a otro y no a uno histórico? 

Preguntas que no tienen respuesta, ¡O que es preferible no saberla! 

El hecho concreto es que años después los que lo habían comprado se comunicaron con Owen para ofrecerlo en venta. Este primer acercamiento no fue positivo porque pretendían una suma de dinero disparatada. Pasó más tiempo y un segundo contacto llegó por medio de otras personas en Estados Unidos. 

El 115 almacenado junto a las otras dos unidades en un depósito en Estados Unidos. Foto: www.aereo.jor.br

Owen no estaba convencido, pero esta vez fueron algunos amigos y allegados los que lo motivaron a emprender la negociación. Claudio Meunier y Juan José Membrana son algunos de ellos; el primero fue quien se puso a mover los primeros contactos. La ayuda de los amigos sería muy concreta y valiosa. El avión se encontraba en Houston, Texas, desarmado, parte en un hangar, y parte en otro. 

Otro de los convocados fue un ingeniero, compañero de Crippa en la Escuela Naval. Se llama Ricardo Pradella, dueño de la empresa Serco S.L. en España, y Socio de Mike Stille, en la empresa Clayton International, de quien este último es director. Ambos fueron fundamentales en la negociación y la provisión de la logística y atención de procedimientos administrativos para lograr la compra, el traslado de Houston hasta Peachtree en Georgia, su embalaje y traslado a puerto para su embarque. Sin su aporte no hubiese sido posible tener al 115 en Argentina. Vale como ejemplo que Pradella viajó de Madrid a Estados Unidos cuatro veces para intervenir en las negociaciones y manejar la logística. 

En febrero de 2022, en Sunchales, Osiris Trossero, (Sancor Seguros) y dos empresarios locales Leonardo Collino (Collino Machines) y Darío Bolatti  (Tacural Alimentos) y la comisión directiva del Aeroclub Sunchales, pidieron reunirse con Owen y le manifestaron su firme propósito de traer el avión al país y montarlo en Sunchales. 

El resultado de todo esto fue que una de estas empresas adelantó los dólares necesarios para avanzar en las negociaciones, y una vez que se concretó la compra, Pradella coordinó la logística para centralizar en un depósito propio todas las partes del avión. Una vez allí, compraron un contenedor y procedieron al embalaje de todas las piezas. Por su parte, el Aeroclub de Sunchales puso a disposición su cuenta para poder materializar los pagos al exterior. 

Fueron negociaciones eternas, y luego de la compra, la correspondiente logística, pieza clave muchas veces ignorada, tanto en la guerra, como en la paz. Owen cuenta que pasó noches sin dormir, ya que el otro gran enemigo invisible se hizo presente: la burocracia. Una colección de trabas administrativas, legales y aduaneras hicieron del proceso una tortura para todos los involucrados, pero finalmente y luego de un gran trabajo en equipo, el pasado viernes 24 de enero, días previos al cumpleaños de Owen Crippa, el avión arribó a Sunchales en su contenedor. 

Sería un día plagado de emociones para todos, y arrancaría bien arriba con el propio Owen Crippa junto a Juan Montenegro y Alberto Paniagua, dos de sus mecánicos durante la guerra, abriendo juntos la puerta del contenedor para dejar ver al 4-A-115 adentro. 

Ya en Sunchales, Santa Fe, luego de abrir el contenedor y exhibir al 115, Owen sostiene la bandera argentina junto a dos de sus mecánicos durante la guerra (justo a la derecha, ambos de gorra con visera) y algunos de los amigos que fueron clave en todo el proceso de recuperación. Foto: Owen Crippa.

Las emociones para ellos siguieron fuerte al pasear el avión por Sunchales y encontrar a cientos de personas que salían a su paso a verlo y aplaudir a su vecino ilustre. Seguramente muchos de ellos no conocen la historia, sobre todo los más jóvenes, pero ahora que lo han visto, seguramente sentirán curiosidad por conocerla. 

Si bien es verdad que el avión ha llegado a destino, la historia está lejos de terminar. Ahora toca armarlo cuidadosamente, conseguir algunas piezas faltantes, y construir las instalaciones que lo albergarán. El proyecto es montar un museo interactivo en donde además del 4-A-115 haya simuladores de vuelo y otras atracciones que permitan a los visitantes conocer su historia e interesarse por la gesta de Malvinas

Todo este proyecto se hizo con aportes de dinero privado, y al menos hasta ahora, parece que seguirá siendo así. El Aeroclub de Sunchales continúa apoyando esta iniciativa, y la recaudación de dinero para esta nueva etapa también se hará a través de su cuenta bancaria que copio aquí abajo. 

El 4-A-115 y Owen Crippa recorren Sunchales acompañados y abrazados por su gente. Foto: IG misionowen

Como siempre, el espíritu de esto es lograr una gran cantidad de pequeños aportes. El monto no importa, lo fundamental es que cada uno pueda sumar algo para que podamos mantener viva la memoria de quienes lo dieron todo, y que inspiren en las nuevas generaciones el orgullo por su valentía y sus valores. 

Dos viejos guerreros fotografiados en Puerto Argentino en 1982, se reencontraron casi 43 años después, y ahora todos podemos ayudar a que no vuelvan a separarse. Foto: meridianodigital.com.ar

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* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.