AMIA: entre la tragedia y el misterio
El diccionario nos dice qué significado de la palabra entender es “tener una idea clara de las cosas”. No es posible en este caso. No al menos con esta pobre pluma en la pequeña alma de este cronista. Recuerdo como si fuese hoy aquel 18 de julio de 1994 en ese momento estaba en Mendoza con mi novia y su familia, quién meses mas tarde se convirtió en mi esposa.
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El atentado a la AMIA es uno de esos eventos en los cuales todos nos acordamos lo que estábamos haciendo. Imágenes de locura, un torbellino de inexactitudes periodísticas dichas por los medios, Un abismo hacia la inseguridad, el pavor de no estar a salvo en ningún lado. El alivio de que un hermano mío estaba en un taxi y a último momento por el tráfico le pidió al chofer tomar una calle paralela donde una lluvia de vidrios, alarido y confusión aún lo conmueven y dice que no olvidará jamás.-
Hoy escuchaba en una conferencia explicar la diferencia entre un problema y el misterio. El problema es ajeno al corazón y al interior del hombre. Una inmensa mayoría de ellos con los recursos adecuados se soluciona. El misterio conlleva un exceso de interrogantes, una gran neblina en su semblante y la imposibilidad de respuesta probablemente para siempre.
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No es posible con parámetros humanos comprender tamaña tragedia, ponerse en los zapatos de los artífices es tan brutal acto. No hay manera de internalizar las causas que puedan mover a una persona a desestimar de tal forma el valor de la vida, lo único absolutamente irreemplazable. Nuestra generación vuelve cada año con escozor e incredulidad siempre renovada a esa tremenda mañana el 18 de julio. Cuando el misterio irrumpe de esa manera es donde debe hacerse presente la fe.
No vale la pena hurgar en los baúles interiores causas o razones ni eventuales fines por las cuales se pueda cometer tal aberración. No hay argumento alguno que pueda sostener tamaña brutalidad sin caer en un ciego extremismo. Fue la Madre Teresa quién dijo que jamás encontrará razones suficientes para que un hermano mate a otro hermano. Como espectadores debemos adentrarnos en el misterio, de la mano de la fe, pues es lo único que puede dar esperanza por las pérdidas, pero sobre todo a los corazones traspasados de los familiares de quienes han quedado aquí, hasta el reencuentro definitivo.-
Algún día comprenderemos, -como ha dicho Paul Claudel – que hay un padre que no se arrepiente de habernos dado la libertad, y que en esa mañana abrazó muchas víctimas, que estuvo cerca del llanto de los familiares, y además sin duda sufrió también El.
* Felipe Yofre, abogado y escribano.

