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Nadie reclama el cuerpo de Gil Pereg, el hombre que después de matar no se creía humano

Nicolás Gil Pereg murió en un hospital psiquiátrico. Qué se descubrió en la autopsia y el destino que podría tener el cuerpo.

Una excoriación en región frontal derecha. Una excoriación en región frontal lateral derecha y otra lineal en cara interna de antebrazo izquierdo. Una equimosis violácea (moretón) en cara inferior de codo izquierdo y una equimosis rojiza de 5cm x 3cm en rodilla izquierda. Esas huellas dejó la caída, el derrumbe desde la propia altura del cuerpo de quien hasta ese momento era Nicolás Gilad Gil Pereg. Estaba en el pabellón de personas privadas de la libertad de un hospital psiquiátrico. Ahora su cuerpo está en la morgue, sin que alguien haya venido a buscarlo. Sin embargo, el cuerpo podría ir a Buenos Aires para ser sepultado en el cementerio israelita o tener como destino final Israel. 

Ese cuerpo, que había dejado de ser una persona, no tenía heridas traumáticas en la cabeza. Pero sí otras marcas. Leve cardiomegalia. Ventrículo derecho dilatado. Coronarias ateromatosas. Al momento de la autopsia aún estaba fresca una quemadura "rectangular a nivel de hemitórax derecho" que llamaba la atención: era el signo del último intento que hicieron los médicos para mantenerlo con vida con un desfibrilador. La dermatitis ocre de sus piernas era un signo de los problemas vasculares que tenía y que, sumado a la descompensación general, pudo causarle la muerta el 7 de julio pasado.

En vida, Nicolás Gil Pereg ya había tenido rasgos deshumanizados. Maullaba como gato e intentaba corporizarse como animal. Un animal torpe, con dos metros de altura y mucho poder de daño. Menos humano fue aún el trato que tuvo con su madre Lily Pereg y su tía Pyrhia Saroussy, que habían venido desde Israel para ayudarlo y él las mató, las enterró e intentó ocultar el crimen.

El doble homicida que tomó relevancia mundial murió en el hospital El Sauce. Fue condenado como persona mentalmente sana a prisión perpetua. Estuvo en la cárcel y luego trasladado a un hospital psiquiátrico por recomendación médica. En la cárcel y el en hospital tuvo la misma actitud. Dejadez, sedentarismo, pésimos cuidados personales.

Hubo una usurpación en el terreno donde vivía Gil Pereg; el mismo lugar donde mató a su madre y a su tía. 

Gilad Saroussy Pereg era Israelí y vivió durante los últimos 10 años en Argentina. Estudió, se graduó y formó parte del ejército en Israel. Migró, intentó negocios fallidos y cometió delitos en Mendoza. Vivía en Guaymallén, en un enorme terreno que tenía señales de abandono: canchas de pádel a medio hacer, estructuras edilicias sin terminar y mucha mugre. En ese mismo lugar había enterrado a su madre y a su tía. En ese sitio también montó una parodia alrededor de un paradero inexistente en 2019. Tampoco había quien heredara y reclamara por esas tierras, que fueron tomadas. 

Pereg estuvo en Buenos Aires, se arraigó en San Martín, donde se autobautizó cono “Floda Reltih”  (Adolf Hitler), una provocación espantosa. Desde Israel lo proveían con dinero. Acá hacía malos negocios. Y construía una vida cada vez más distorsionada con la realidad. En enero del 2019 Lily y su tía Pyrhia lo visitaron. Se alojaron en un departamento y la última vez que se las vio fue ingresando al enorme terreno de Guaymallén. El propio Gil Pereg denunció el paradero, simuló una búsqueda en la que se encomendó toda la logística de la policía. Incluso posó para las fotos en un lugar tenebroso: la improvisada tumba que cavó para ocultar los cuerpos de sus familiares. El 26 de enero de ese año hallaron los restos de ambas mujeres.

Pereg fue juzgado en un juicio por jurado y los 12 jueces populares lo hallaron culpable. En el proceso vivió la “transformación” para que lo llamaran hombre gato. La deshumanización que se hizo desde el lenguaje, él intentó crearla desde el espectáculo: maullidos fuertes, declaraciones fuera de guion y actitudes soeces.

La autopsia se realizó en la morgue del cuerpo médico forense. Allí mismo se tomaron las muestras para los exámenes toxicológicos y de anatomía patológica para determinar las causas precisas de la muerte. En Tribunales explican que hubo algunos contactos informales desde Israel y que uno de los destinos podría ser el cementerio israelita de Buenos Aires. Pero por ahora el cuerpo de quien fue Gil Pereg no tiene quién lo reclame.