Raúl Soldi, a treinta años de su partida
Ya en ocasiones anteriores nos hemos ocupado de sus principales pinturas públicas: la capilla Santa Ana de Glew y la cúpula del Teatro Colón. Hay otras cómo el mural de la Casa Argentina en Tierra Santa, o la pintura en espiral de la Galería Santa Fe en la ciudad de Buenos Aires menos conocidas que iremos recorriendo. También su obra de caballete que presentaremos en una magnífica exposición.
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Hoy comenzamos con otro gran trabajo que, aunque puede visitarse, la mayoría de nosotros no lo ha visto nunca. Ni siquiera por
fotografías porque se encuentra poco reproducido. Es “Las Mujeres Sabias” un óleo sobre lienzo de 4 metros por 12 que Raúl Soldi pintó en 1964 como mural escenográfico para la obra teatral homónima de Molière, que se puso en escena en el Teatro San Martín.
Jean-Baptiste Poquelin, Molière, la escribe en 1672. Se presenta en seguida en el Grand Palais de París sin demasiado éxito, pero con el tiempo se convierte en un clásico del teatro universal. En 1964 el San Martín la pone en cartel durante dos meses, en la sala
Casacuberta, con un elenco que incluye a Luis Brandoni, Irma Córdoba, Lidia Lamaison, Perla Santalla y otros grandes.
Raúl Soldi no solo hace la escenografía sino también los figurines para todo el vestuario. Para ello trabaja en un taller ubicado a dos cuadras de su casa en la calle 3 de febrero 4505. Caprichos del destino, dos años después, el Maestro pasará dos meses en el piso 11 del Teatro San Martín pintando las figuras de la Cúpula del Teatro Colón.
Pero, volviendo a la obra teatral, la puesta del San Martín, dirigida por Carlos Muñoz es en español según la traducción de Manuel
(Manucho) Mujica Lainez. A éste, finalizada la obra Soldi le obsequia uno de los dibujos para el vestuario. Distinta suerte corre para el telón. Enrollado y sin ubicación fácil, pasa de taller en taller sin destino.
Para la Navidad de 1970 Harrods hace una reproducción que regala “a los niños que visiten a Santa Claus”. De aquella tirada pocos
ejemplares subsisten hoy. En 1972, según recuerda Daniel, el hijo del Maestro, el rollo era un estorbo debajo de la cama de sus padres en su dormitorio de la calle Pico, en el barrio de Nuñez.
Fue entonces que el escribano Adolfo Scarano, secretario de Automóvil Club Argentino anoticiado del tema le sugiere a Soldi que
lo done al Colegio de Escribanos para su sede de la Av. Callao y Las Heras. La gestión avanza y tiempo después, se inaugura en un gran salón (hoy llamado Salón Soldi) con gran boato.
Dos circunstancias poco conocidas de aquella inauguración: por insistencia del Colegio, el Maestro recibió como contrapartida de la
obra un cheque de una cifra no menor, que en el mismo acto se la entregó a Luis F Leloir que se encontraba presente para el
sostenimiento de su fundación.
La segunda: la pared del salón dónde la obra fue instalada era un poco más larga que la tela. Soldi, entonces pintó un panel adicional, sobre la izquierda (la que da sobre Callao) que quedó integrada a la obra.
Abajo, a la derecha la firmó.
*Carlos María Pinasco es consultor de arte
carlosmpinasco@gmail.com