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El impacto criminológico del odio: entre la deslegitimación y la polarización

La deslegitimación del Estado genera efectos criminológicos preocupantes al debilitar los mecanismos de control social formal.
Presidente Javier Milei. Foto: EFE
Presidente Javier Milei. Foto: EFE

El presidente argentino Javier Milei ha generado un intenso debate público debido a su declarado odio hacia el Estado y su admiración por modelos estatales como los de Israel y Estados Unidos. Esta aparente contradicción plantea interrogantes sobre el impacto de su discurso en la construcción democrática de la sociedad argentina, la legitimidad de las instituciones y los riesgos de fomentar narrativas polarizadoras. 

Desde una perspectiva criminológica y política, este artículo explora cómo estas posturas influyen en el tejido social y político del país.

Contradicciones ideológicas: odio al estado y admiración por modelos estatales fuertes

La postura de Milei revela una contradicción significativa: mientras aboga por una reducción radical del Estado en Argentina, manifiesta admiración por Israel y Estados Unidos, ambos ejemplos de Estados fuertes y altamente institucionalizados. Esta dicotomía puede interpretarse como un sesgo ideológico donde las críticas al Estado se centran en su ineficiencia local, mientras que se idealizan sistemas extranjeros por su estabilidad y eficacia.

Javier Milei ha generado un intenso debate público debido a su declarado odio hacia el Estado. Foto: MDZ.

Desde una perspectiva criminológica, esta postura puede generar tensiones en la percepción pública de las instituciones. La deslegitimación del Estado local y la exaltación de modelos externos podrían fomentar una desconfianza generalizada hacia las instituciones nacionales, lo que aumenta el riesgo de desobediencia civil y otros delitos relacionados con la anomia social.

Impacto en la construcción democrática

El discurso de Javier Milei tiene un impacto significativo en la percepción del Estado y la cohesión social en Argentina. Por un lado, socava la confianza en las instituciones democráticas al presentarlas como intrínsecamente corruptas e ineficientes. Esto no solo erosiona la legitimidad del Estado, sino que también dificulta su capacidad para actuar como mediador en conflictos sociales, debilitando los pilares fundamentales de la democracia.

Por otro lado, la construcción de una sociedad democrática requiere instituciones que sirvan como ejemplo de integridad y eficacia. En contraste, el discurso de odio hacia el Estado puede alimentar divisiones sociales, polarizar a la población y dificultar la colaboración necesaria para abordar problemas estructurales.

La construcción de una sociedad democrática requiere instituciones que sirvan como ejemplo de integridad y eficacia. Foto: MDZ.

Influencia de Israel y Estados Unidos como ejemplos

Milei menciona con frecuencia a Israel y Estados Unidos como modelos estatales ejemplares, destacando la fortaleza de sus instituciones democráticas y su capacidad para mantener el orden social en contextos complejos. Sin embargo, aplicar estos modelos a la realidad Argentina resulta problemático debido a diferencias históricas, culturales y económicas. Israel combina una burocracia eficiente con un sistema de seguridad robusto, mientras que Estados Unidos equilibra una economía de mercado con instituciones judiciales y democráticas consolidadas.

Milei utiliza estas naciones como ejemplos idealizados, pero omite considerar los matices que las hacen exitosas en sus respectivos contextos. Este desajuste puede generar falsas expectativas en la opinión pública, lo que podría desencadenar frustraciones al comparar estas realidades con las limitaciones del Estado argentino. Mientras que los modelos de Israel y Estados Unidos se construyen sobre décadas de desarrollo institucional y contextos económicos sólidos, la Argentina enfrenta desafíos estructurales que requieren soluciones adaptadas a su propia realidad.

El rol del odio en la aceptación social

El discurso de odio hacia el Estado no solo erosiona la confianza institucional, sino que también actúa como un catalizador para normalizar otras formas de odio, incluidas las basadas en diferencias sociales, políticas o culturales.  Esto incrementa el riesgo de delitos de odio, un fenómeno que, desde la criminología, se asocia con la polarización extrema.

Milei utiliza estas naciones como ejemplos idealizados, pero omite considerar los matices que las hacen exitosas en sus respectivos contextos. Foto: MDZ

Ejemplos históricos muestran los peligros de estas dinámicas: en Ruanda, la retórica de odio utilizada por líderes políticos contribuyó al genocidio de 1994; más recientemente, en Estados Unidos, los discursos polarizantes intensificaron las tensiones raciales y fomentaron incidentes de violencia extrema, como el ataque al Capitolio en 2021.

Efectos criminológicos y riesgos del odio al estado

Esto fomenta un clima de impunidad, ya que los ciudadanos pueden percibir las normas como arbitrarias o irrelevantes. Evaluación desde la criminología del odio al estado. El discurso de Javier Milei, que combina un odio visceral hacia el Estado con una admiración por los modelos estatales fuertes, plantea retos significativos para la construcción democrática en Argentina. 

Si bien es válido criticar las deficiencias del Estado, es fundamental hacerlo sin deslegitimarlo completamente. Las instituciones democráticas deben fortalecerse, no destruirse, para garantizar la cohesión social y prevenir la fragmentación. Ignorar los riesgos criminológicos del odio al Estado podría abrir la puerta a dinámicas delictivas y desestabilizadoras con consecuencias de largo alcance para el orden social.

Eduardo Muñoz.

* Lic. Eduardo Muñoz. Criminólogo y criminalista. Especialista en prevención del delito. Consultor de seguridad integral

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