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Tiempo y dinero: recursos no compatibles

Se define al tiempo como una manera de representar los hechos del pasado como fueron sucediendo y también su orden.
Tiempo y dinero son recursos valiosos, pero no resultan intercambiables entre sí. Foto: Archivo MDZ
Tiempo y dinero son recursos valiosos, pero no resultan intercambiables entre sí. Foto: Archivo MDZ

El tiempo no es dinero. Existen combinaciones donde los ritmos naturales en la experiencia de vida, se correlacionan con nuestros trayectos personales. Tiempo y dinero son recursos valiosos, pero no resultan intercambiables entre sí, puesto que el dinero se puede ganar, ahorrar, invertir, perder, pero el tiempo es limitado, irreparable para cada uno de los vivientes, y una vez pasado, no puede recuperarse.

Gonzalo Iparraguirre es antropólogo y recientemente ha publicado su libro “El tiempo no es dinero” (2024, editorial Paidós) donde el subtítulo invita a descubrir los valores de lo que él llama ritmos en la vida. En una época donde los temas de lo económico y financiero se encuentran presentes en todo el mundo, el autor propone estrategias para incorporar donde se enfatiza que el tiempo no significa dinero. A través de un conjunto de discursos imaginarios y prácticas que caracterizan al tejido social, la publicación propone 25 estrategias vinculadas a la aplicación de lo temporal en la cultura.

“El tiempo no es dinero” (2024, editorial Paidós)

Aplicar e incorporar estas estrategias tienen como resultado dejar de sentir que se pierde tiempo. Lo afirma con ejemplos frente a situaciones de arritmias: una congestión de tránsito, la espera de un turno en el médico o las colas en el supermercado, donde una afirmación puede ser una propuesta “El tiempo me da vida, no puedo perder mi vida por esperar, no estoy perdiendo tiempo” lo que permite no abrumarse y sentir conscientemente ritmos personales.

Los ritmos naturales son los biológicos, físicos, químicos, ambientales. Las rítmicas culturales son las productivas, laborales, educativas, familiares entre otras. Son las dinámicas sociales en la cultura. Concebir que es posible lograr un balance diario entre lo natural y lo cultural es vital para descubrir que nuestra salud personal, social y ambiental depende de sincronizar nuestros ritmos.

Los ritmos naturales son los biológicos, físicos, químicos, ambientales.

También Iparraguirre hace mención de las arritmias cotidianas, aquellas que nos exceden y parece no poder ser detenidas. Una vida acelerada sólo resulta abrumada por las ansiedades. Ese fantasma permanente de no poder cumplir con lo proyectado que se transforma en un momento de ruptura, de quiebre y obviamente se dirige a la emergencia de la angustia  donde  el entorno de la persona se contamina con sus propios pensamientos.

La tendencia de lo cognitivo conductual permite identificar a lo largo del libro, frases que realmente repetimos. Desde necesito tener mas tiempo, valorarlo, desperdiciar el tiempo, llegar antes, hacer tiempo, todo tiempo pasado fue mejor entre otras de uso común, reflejan una fenomenología del uso del tiempo donde no hay lugar para la reflexión que propone el autor.

Iparraguirre sufrió de joven un accidente automovilístico que provocó en su propia temporalidad, un antes y después. Algo que se refiere a sí mismo con el valor de acontecimiento. Esa lectura me provocó un recuerdo, una frase que Borges pronuncia en su célebre relato de Emma Zunz. La protagonista recibe una carta donde se le comunica la muerte del padre y Borges nos dice que a partir de ese momento, nada sería lo mismo para Emma.

El dinero se puede ganar, ahorrar, invertir, perder, pero el tiempo es limitado.

El antes y el después de algo provoca un cambio de carácter subjetivo. El acontecimiento se enmarca en la vida y es posible que al principio no encontremos estrategia alguna para llevar adelante nuestro propio devenir. Hay algo más que la reflexión que permita el encuentro con lo distinto de una acción. Y formularse una pregunta con otro, puede llegar a ser una solución posible.

Descubrir el valor de los ritmos como nos invita el autor, es comenzar a transcurrir por un espacio analítico donde nuestro lenguaje pueda habitarlo. Cualquier terapia será buena antes que ninguna. Después, el paso del tiempo también significa un valor personal que de algún modo, y de acuerdo con los resultados, continuaremos ampliando caminos donde la serenidad obtenida permitirá valorar el tiempo de cada día.

Carlos Gustavo Motta

* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.