Qué podemos hacer los padres para criar hijos con estabilidad emocional
La crianza respetuosa es un sistema de conexión vincular entre padres e hijos que tiene como premisa mantener intervenciones respetuosas, eliminando la violencia, los gritos, los castigos y los golpes como método de educación o de obediencia. En los últimos años, mucho se está escuchando hablar de este paradigma de crianza que reivindica los buenos tratos entre los seres humanos en la relación más significativa que tendremos a lo largo de nuestra vida.
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Resulta una obviedad pensar que una persona que nos ama, como nuestra mamá o papá no debería gritarnos, maltratarnos, humillarnos y menos pegarnos. Si revisamos la historia de la crianza, vemos que los modelos basados en el autoritarismo y en el abuso de poder, predominan hasta el día de hoy en muchos países, colegios y familias. Venimos de muchas generaciones que han castigado a los niños y niñas sistemáticamente con métodos atroces, y hoy repudiables. Sin embargo hay muchas prácticas que siguen siendo usadas y hasta justificadas.
"Mejor un chirlo a tiempo" "Mi madre me corría con el cinturón y no se me ocurría contestarle" son algunas de las frases que se escuchan de los adultos que fueron criados bajo este sistema de crianza autoritaria. Algunos lo avalan, y otros, para suerte de una sociedad entera, deciden indagar en modelos más amables que acompañen las emociones de los niños y les permitan relacionarse y armar un sistema familiar armonioso, sin necesidad de recurrir a la violencia para conseguir obediencia.
Lo cierto es que a la luz de las investigaciones más recientes en materia de desarrollo infantil, se ha podido comprobar que haber padecido experiencias adversas en la infancia, tales como violencia, maltrato, abusos, convivencia con personas con problemas de adicción o salud mental, aumenta de manera considerable que los niños, niñas y adolescentes sufran durante su desarrollo problemas relacionados con la ansiedad, la depresión y hasta incluso enfermedades cardíacas y/o autoinmunes.
Lo que sucede, es que al estar expuestos a situaciones amenazantes durante nuestra niñez, nuestro sistema nervioso central, desarrolla un estado de alerta constante, segregando de esa manera, la hormona del estrés. El cortisol nos permite estar preparados para correr y luchar, en caso de estar en peligro. Para un niño, convivir con una persona que le grita, le pega, lo amenaza y utiliza el chantaje emocional para conseguir obediencia, puede ser un factor sumamente estresante. Lo que para un adulto no representa más que "un buen reto, para que aprenda" para un niño puede vivirse como una cuestión de vida o muerte, y en muchos casos lo es: un niño pequeño sin cuidados, es un niño totalmente vulnerable, en todo aspectos relacionado con su supervivencia y su bienestar físico y emocional.
El hecho de vivir en alerta, es perjudicial para grandes y para chicos: un sistema nervioso que vive en estrés, es un sistema nervioso que se debilita y su sistema inmune se ve afectado. Pero lo es aún más en las etapas clave del desarrollo, en las cuáles nuestra arquitectura cerebral está en plena obra.
Como mamás y papás podemos empezar a interiorizarnos sobre la crianza respetuosa y el papel fundamental que toma nuestra propia historia de vida. Aprendemos a ser padres, habiendo sido hijos. Amamos como nos amaron.
La crianza respetuosa se basa en
- Considerar a los niños como sujetos de derecho. Recomiendo a las familias hacerse esta pregunta ante una intervención con sus hijos: Esto, ¿Se lo haría a un adulto? Si la respuesta es NO, probablemente esa intervención no sea respetuosa.
- Responder siempre a sus llantos y pedidos emocionales. Los niños se consideran valiosos y aprenden a respetar a sus adultos cuando son atendidos con rapidez, amor y respeto en su etapa primal de formación.
- Priorizar el contacto físico, hacer, upa, arrullar durante la primera infancia es la batería emocional que dura para toda la vida.
- Dar tiempo para jugar, interactuar con otras familias y estar disponibles para el contacto con los otros.
- Utilizar medidas anticipatorias desde bebés para generar confianza en el vínculo y fomentar un apego seguro. Por ejemplo: "Ahora me voy a ir y te vas a quedar con tu abuela, vuelvo en un ratito."
- Darles voz para fomentar su autonomía y dejarlos auto regularse en cuestiones básicas como la alimentación y el sueño, ofreciéndoles los espacios adecuados.
- Acompañarlos en sus procesos con presencia y empatía. Eliminar los gritos, castigos, golpes y amenazas.
Un niño que crece con estos tutores emocionales, desarrolla un estilo de apego seguro. Estas personalidades se caracterizan por tener muchas herramientas para afrontar las adversidades de la vida, y a la vez para saber reponerse de situaciones potencialmente hostiles. Al contrario de lo que antiguamente se pensaba, hoy sabemos que cuanto más dura sea la crianza, más débil será la fortaleza emocional de esa persona durante su adultez.
Todas estas bases que implica una crianza respetuosa pueden ser un gran desafío si venimos de historias de vida en las cuáles nunca hemos recibido algo parecido. Pero podemos aprender.
Hace 10 años que acompaño familias a construir un vínculo diferente con sus hijos a través de la integración de la propia realidad infantil percibida. Este 2 de Noviembre comienza una nueva edición del programa Criar y Sanar. Durante seis semanas nos encontramos en clases virtuales, que podes ver en vivo o grabadas. Allí hacemos un recorrido por nuestra propia historia, identificando nuestros puntos de dolor y a la vez conocemos todo sobre el desarrollo del ser humano y sus necesidades para poder brindarle a nuestros hijos una infancia de la que no se tengan que recuperar.
* Brenda Tróccoli. Especialista en familias y crianza. Dip en parentalidad y apego. Puericultora.
IG: @soybrendacriando