Constelaciones familiares: una práctica no validada pero que los psicólogos utilizan cada vez más
Las constelaciones familiares son una práctica que ha sido cuestionada desde el rigor científico. La Federación de Psicólogas y Psicólogos se ha expedido hace algunos años planteando que las mismas no constituyen ningún tipo de psicoterapia, y apuntan a terapeutas que las emplean por manejarse por fuera de la “ética profesional”. Sin embargo, cada vez tiene más adeptos y en el país (así como ocurre internacionalmente) cada vez hay más psicólogos y psicólogas que las recomiendan, las facilitan o derivan a un “constelador” a sus pacientes, aun a riesgo de perder la matrícula.
Hace un año, una miniserie de Netfix causo furor en el público y genero la búsqueda de información sobre esta pseudoterapia. La serie turca “Mi otro yo”, refleja la historia de un grupo de amigas que van descubriendo cómo sus antecesores marcaron sus vidas. Esto disparó la curiosidad en torno a esta terapia alternativa, que no está regulada ni reglamentada por el Ministerio de Salud, pero que ya varios psicólogos incorporaron como una “práctica complementaria”, una herramienta que le permite a su paciente ahondar en sus vínculos familiares y trabajar su rol más allá de la individualidad.
Hace pocos meses, el consteador Luciano Ruete afirmó en MDZ Radio: "No somos conscientes de lo trascendente que es la familia. Nos pensamos desde la individualidad y en realidad no es así. Las decisiones que tomamos no son tan libres. Están determinadas por la historia de nuestros papás, abuelos, ancestros. Todas las vivencias fuertes de los ancestros quedan grabadas y pasan de generación en generación", afirmó.
Aunque muchos la descubrieron hace pocos años o simplemente luego de ver la miniserie “Mi otra yo” o de leer el libro “Ese dolor no es mío”, esta herramienta con efectos terapéuticos tiene casi 50 años. Fue descubierta por el psicoterapeuta alemán Bert Hellinger desde la década de 1970. “Las personas son capaces de percibir de forma inconsciente patrones y estructuras en las relaciones familiares y que estos quedan memorizados, sirviendo como esquemas afectivos y cognitivos que afectan a su conducta”.
Una práctica no validada
Nora Galán es presidenta del Colegio de Psicólogos de la provincia de Córdoba, que en su portal web explicita claramente en un comunicado que la práctica de constelaciones familiares no está aprobada ni tiene el aval de esa entidad profesional.
“Las llamadas constelaciones familiares son una práctica muy extendida en los últimos tiempos que promete soluciones inmediatas a padecimientos subjetivos. Es importante aclarar a la población que estas prácticas no corresponden al ámbito de la psicología. La FEPRA, Federación de Psicólogas y Psicólogos de la República Argentina, se ha expedido sobre el tema planteando que se trata de una práctica no validada”, enfatizó consultada por este medio.
“Las constelaciones familiares no constituyen un tipo de psicoterapia. Las psicólogas y los psicólogos que la realizan actúan por fuera de los principios éticos que regulan la profesión, incurriendo en un ejercicio irregular. La psicoterapia implica un proceso, respaldado por un bagaje teórico, validado por unidades académicas. Las constelaciones familiares no responden a estos requisitos. Esperemos que esta aclaración sirva para echar un poco de luz sobre este tipo de prácticas que prometen soluciones muchas veces mágicas”, enfatizó.
Una herramienta más para el psicoanálisis
Aun ante la postura de la FEPRA, varios psicólogos ya la están aplicando o sugieren a sus pacientes hacerla, si les parece una herramienta que puede ayudarlos a trabajar sus conflictos.
“Los colegios profesionales son un poco ortodoxos en este tema, pero también ocurre que hay quienes terminan haciendo un curso de constelaciones sin que conozcan de psicología. Y ahí también reside otro problema, se termina tergiversando la herramienta. Ocurre lo mismo con la biodecodificación, pero muchos de nosotros la seguimos haciendo porque ya en otros países sí está permitido y te brinda herramientas con las que capaz el paciente puede profundizar”, explicó Romina, una psicóloga que trabaja en un mismo espacio con otros terapeutas, entre ellos una consteladora.
“Es así, los psicólogos muchas veces derivamos o sugerimos que hagan esta terapia, en especial si existe una inquietud del paciente, porque de allí surge un montón de información que después trabajamos en la terapia”, admitió.
Valeria Nieto, terapeuta gestáltica y consteladora, relató a Mdz cómo se desarrolla una consulta de esta práctica. “Yo trabajo haciendo constelaciones de forma individual (también existen constelaciones grupales). El abordaje que yo incorporo consiste, primero, en una entrevista donde el consultante viene y desarrolla el tema que quiere trabajar. Mucha gente llega con un concepto muy general de lo que quiere. Por eso hay que afinar la búsqueda para ver hacia dónde vamos a llegar con esa constelación. Y lo que se refleja es una imagen de lo que hay en nuestro inconsciente, y justamente es lo que no permite sacar una foto de algo que no teníamos en el plano racional”, explicó.
“Luego de la entrevista, colocamos plantillas en el piso, que la persona va acomodando a ciegas sin saber qué rol ocupa cada plantilla dentro de su familia, aunque sí lo sabe el constelador. Esto nos permite tener una interpretación de los roles que ocupan el padre, la madre… Y poder pararse en las plantillas, se logra percibir y sentir que cada una trae una información de cómo nosotros tenemos el consultante conformado ese sistema familiaren el inconsciente”, precisó Nieto.
Según señaló la consteladora, a su consultorio llegan pacientes que suelen sostener en terapia sus relatos desde su parte más racional y que muchas veces está tan arraigado, que lo suelen repetir. Por eso, en las constelaciones, intentamos trabajar y resolver los conflictos desde otro lugar, sorteando esos obstáculos que hacen que en la terapia siempre se llegue al mismo punto. La constelación trae quizás un poco de luz sobre esto, de por qué vamos repitiendo patrones, podemos ver por qué, y es ahí cuando eso se destraba”, detalló Nieto.
“Ese conocimiento le permite al consultante poder decidir cómo quiere seguir, cómo quiere manejarse, qué cosas quiere modificar y qué cosas no. El paciente logra una conciencia de por qué se producen esas acciones repetitivas o por qué siempre llega al mismo punto. La diferencia con una terapia psicoanalítica es que trabajo desde un plano racional. Pero cuando hago una constelación, se me presenta un mapa, ver qué ocurre con ese conflicto en el plano familiar, cuál es el rol que ocupo yo en ese sistema, correrme de lugares que le corresponden a otro miembro de la familia, y resolver ellos el conflicto que no es el mío”, graficó.
Según evaluó, “abrir una constelación”, es un primer paso para después seguir trabajando en terapia. “Para mí es fundamental seguir con la terapia psicológica, de hecho muchas personas que vienen y que están en terapia, después llevan como toda esta información a sus terapeutas para seguir trabajando, pero ya desde otro punto de vista. Porque ya no son víctimas, sino que ahora se dan cuenta de cosas que no eran su problema, sino quizás el de su madre o su padre, por ejemplo”, explicó.
Como herramienta de efectos terapéuticos, Nieto marcó una distinción con otras terapias alternativas como la apertura de Registros Akáshicos o terapias regresivas. “En una constelación, la información la trae la persona, el terapeuta solamente facilita el espacio y las plantillas. El consultante es quien sintiendo, percibiendo y leyendo su propio mapa”, subrayó.
Una experiencia reveladora
Para Macarena González, haber hecho constelaciones familiares fue una “experiencia reveladora”, según describió. “A diferencia por ahí de lo que suele ocurrir con la mayoría de la gente, yo arranqué con una constelación y después empecé terapia con un psicólogo para trabajar lo que había aparecido en esa constelación”, contó a MDZ.
“Hacía un tiempo que a mí me resonaba el tema de la constelación y tenía entendido que tenía que ser sobre algo puntual, según me habían dicho algunas amigas. Cuando me decidí, saqué un turno y constelé. Para mí fue una experiencia fue absolutamente reveladora, muy fuerte, pero nutritiva. Cuando entré a la sesión perdí la noción del tiempo. A mi consteladora le conté toda mi historia con pelos y señales y me dijo dio unas plantillas sin decirme nada. Es muy fuerte lo que me pasaba por el cuerpo, todo lo que hay en el inconsciente. Para cerrar me preguntó si quería saber o no el significado de cada una de las plantillas, porque me dijo que respetaba la decisión de cada uno”, precisó Macarena.
Y concluyó: “A mí me sirvió un montón, me aportó mucha claridad y me ayudó a trabajar la emocionalidad frente a un montón de situaciones que por ahí me sobrepasaban y que ahora puedo manejar mucho mejor. Que ya que no me afectan física y psíquicamente tanto como lo hacían antes.
Más que por curiosidad, sentí la necesidad de acomodar las cosas. Yo ya sabía lo que eran las constelaciones familiares y sentí que era la herramienta que necesitaba en ese momento”.